La música popular argentina volvió a vestirse de fiesta y esta vez el corazón de la celebración latió bien al norte.
Oscar "El Chaqueño" Palavecino vivió una de las noches más conmovidas y significativas de su rica historia artística al ser distinguido con el codiciado Martín Fierro a la Trayectoria en la edición 2026 de los Premios a la Música. Para Salta, la provincia que lo vio forjar su identidad y llevar las zambas y chacareras a cada rincón del mapa, el premio resonó con la fuerza de un triunfo propio.
Con la humildad que lo caracteriza y el sombrero bien plantado, el artista salteño tomó el micrófono para regalar un mensaje que caló profundo en el alma del público presente y de los millones de espectadores que seguían la transmisión a lo largo y ancho del país. Sus palabras no solo repasaron décadas de éxito, sino que volvieron a poner en valor las raíces de donde nació su pasión.
Al iniciar su dedicatoria, el músico no pudo ocultar la emoción al reflexionar sobre el rol transformador que tuvo la guitarra y la poesía en su destino. Con la voz quebrada por el recuerdo pero firme por la gratitud, remarcó lo privilegiado que se sentía de estar parado en semejante escenario y lanzó una frase que sintetizó su filosofía de vida al preguntarse qué sería de todos nosotros sin la magia del canto popular.
El momento más conmovedor de la velada llegó cuando el Chaqueño hizo un viaje imaginario hacia sus primeros años en el Chaco Salteño, en aquellas parajes donde las oportunidades escaseaban pero la dignidad sobraba. Recordó con crudeza y orgullo que proviene de un rincón muchas veces postergado y olvidado, donde las necesidades apretaban a diario, pero dejó en claro que aun en las épocas más duras, cuando podía faltar el alimento o el abrigo, jamás faltó una tonada para alimentar el espíritu.
A lo largo de más de cuatro décadas ininterrumpidas sobre las tablas, el referente indiscutido de nuestras tradiciones supo construir un puente indestructible con la gente de trabajo, el criollo de a pie y las nuevas generaciones que aprendieron a amar el folclore gracias a su voz. Por eso, no quiso dejar pasar la oportunidad para abrazar simbólicamente a cada músico, técnico, productor y compañero de ruta que lo acompañó en este periplo de 42 años de pura entrega festivalera.
Este reconocimiento institucional no hace más que ratificar lo que el pueblo argentino ya le otorgó hace tiempo en cada plaza, peña y festival del país: el título de verdadero guardián de nuestra identidad cultural. Desde sus épocas como chofer de colectivo hasta llenar estadios enteros, Palavecino nunca negoció su esencia salteña ni su compromiso con las costumbres de su lugar en el mundo.
La ceremonia culminó con una ovación de pie que hizo temblar el recinto, sellando una página dorada para la música de nuestra provincia. Con un sincero agradecimiento a Dios y a la gente que lo sostuvo durante más de cuatro decenios, el Chaqueño Palavecino volvió a demostrar por qué es mucho más que un cantante famoso: es el reflejo vivo del sentimiento salteño y un tesoro nacional que sigue haciendo historia.