Bien podría decirse que hubo dos partidos en uno. Es que en el primer tiempo Egipto sorprendió a Bélgica y fue más, principalmente más profundo, y se fue ganando merecidamente al descanso. Sin embargo, en el complemento los cambios revivieron a los europeos que terminaron empatando y mostrando algo más similar a lo que se espera de ellos.
En esos primeros 45 minutos, los africanos tuvieron algunas virtudes que fueron determinantes: Hany controló bien a Doku, Attia se comió el mediocampo y los de arriba (principalmente Marmoush) cada vez que tenían la chance ponían en aprietos a Courtois, quien terminó siendo gran responsable de que Egipto se haya tenido que conformar con un solo gol en el debut.
Es cierto que la primera jugada de peligro del partido fue de Bélgica, por medio de un disparo de media distancia de De Bruyne, pero fue la única que tuvo el equipo de Rudi García. Luego, en la segunda mitad, eso cambió...
De entrada le costó, porque tomó cierto protagonismo, pero los Faraones los seguían complicando de contra y apenas pudo asustar con un tiro libre que pegó en el palo y un remate de volea de Tielemans que se fue cerca. Hasta que entró Lukaku...
En la primera que tuvo se metió casi abajo de arco obligando a los rivales y Hany, en su intento por llegar, la metió en su arco. A partir de ahí Bélgica tuvo varias, incluso en el final el arquero Shobeir metió una volada bárbara para desviar un cabezazo con destino de gol de Mechele y sentenció el empate.
Emam Ashour abrió el partido (EFE).
Lukaku generó el empate (REUTERS).