El periodismo deportivo argentino atraviesa horas de profunda tristeza tras confirmarse la muerte de Marcelo Araujo, uno de los relatores más influyentes de la televisión nacional. El histórico conductor de Fútbol de Primera falleció a los 78 años luego de permanecer internado en el Hospital Italiano, dejando un legado que transformó la manera de narrar y vivir el fútbol en la pantalla chica.
La noticia fue confirmada durante la madrugada y rápidamente generó repercusiones en todo el ambiente futbolero. Durante décadas, la voz de Araujo fue sinónimo de domingo, de goles y de las imágenes más esperadas por millones de hinchas en todo el país, incluidos los fanáticos del fútbol en Salta, donde el programa también marcó una época en las noches familiares frente al televisor.
Su estilo apasionado, directo y muchas veces provocador rompió con la forma tradicional de relatar partidos. Araujo introdujo un ritmo televisivo distinto, con frases memorables y una manera más emocional de contar cada jugada, algo que lo convirtió en una figura central del periodismo deportivo argentino desde mediados de los años 80.
El gran salto de su carrera llegó con Fútbol de Primera, el ciclo que debutó el 4 de agosto de 1985 y que durante 25 años se convirtió en el programa más emblemático del fútbol argentino en televisión. Allí formó una dupla histórica con el reconocido periodista Enrique Macaya Márquez, con quien protagonizó algunos de los momentos más recordados del periodismo deportivo televisivo.
El programa comenzó su recorrido en ATC, actual TV Pública, y luego pasó por Canal 9 y El Trece. Durante más de dos décadas, cada domingo por la noche se transformó en una cita obligada para los hinchas que esperaban ver los goles del campeonato argentino.
Detrás de ese éxito estuvo también la productora Torneos y Competencias, impulsada por Carlos Ávila junto a Luis Nofal. El ciclo marcó una época dorada para el fútbol televisado en la Argentina y convirtió a Araujo en una de las voces más reconocibles del país.
Con el paso de los años, su estilo dejó frases que trascendieron la pantalla y que todavía hoy forman parte del folclore del fútbol. Expresiones como “¿Estás crazy, Macaya?” o “¡Si lo hacés me voy!” quedaron grabadas en la memoria colectiva de los hinchas y reflejaban ese tono descontracturado que distinguía su manera de relatar.
Araujo había dado sus primeros pasos en el periodismo deportivo junto a Fernando Niembro, a quien conoció mientras estudiaban en el Círculo de Periodistas Deportivos. Aquella relación profesional derivó más tarde en la creación de una escuela de formación para jóvenes periodistas, donde transmitieron su experiencia a nuevas generaciones.
También integró el recordado programa radial y televisivo Sport 80, uno de los espacios deportivos más influyentes de la época, donde compartió micrófono con varios referentes del periodismo argentino. Con el tiempo, su carrera lo llevó a trabajar en diferentes radios y señales televisivas, consolidando su figura dentro del ambiente.
Pero fue su trabajo como relator televisivo el que lo convirtió en una referencia absoluta. Araujo supo encontrar el equilibrio entre información, emoción y espectáculo, algo que ayudó a popularizar aún más el fútbol argentino en televisión.
Su voz estuvo presente en algunos de los momentos más importantes del deporte nacional. Uno de los relatos más recordados fue el último gol de Diego Armando Maradona con la camiseta de la selección argentina, en el recordado partido ante Grecia durante el Mundial de Estados Unidos 1994.
Aquella jugada, que terminó con el histórico festejo de Maradona frente a la cámara, quedó inmortalizada con el relato de Araujo, que acompañó a la Selección en varias Copas del Mundo: Italia 1990, Estados Unidos 1994, Francia 1998 y Corea-Japón 2002.
Otro de los gritos de gol que quedaron grabados en la memoria del fútbol argentino fue el de Martín Palermo en un Superclásico entre Boca Juniors y River Plate disputado en 1999. Su relato de aquella jugada se convirtió con el tiempo en una pieza icónica para los hinchas.
Además de relatar partidos, Araujo también aportó creatividad al lenguaje futbolero. Durante sus transmisiones popularizó apodos para varios jugadores que luego quedaron instalados en el ambiente. Entre ellos se destacan “El Burrito” para Ariel Ortega o “El Torero” para Juan Román Riquelme, expresiones que surgieron de sus narraciones televisivas.
Tras su salida de la productora Torneos y Competencias, el periodista volvió a ocupar un lugar central en las transmisiones del fútbol argentino con el lanzamiento de Fútbol para Todos, el programa que llevó nuevamente los partidos de Primera División a la televisión abierta.
En ese ciclo, emitido por la TV Pública, Araujo volvió a relatar encuentros del torneo local para una nueva generación de espectadores. Su presencia representaba un puente entre el fútbol televisado de los años 80 y 90 y el de la era más moderna.
A lo largo de su carrera, compartió transmisiones con algunos de los periodistas más reconocidos del país, entre ellos Alejandro Fabbri, Walter Nelson, Fernando Niembro y Elio Rossi, entre muchos otros.
La noticia de su fallecimiento generó una ola de mensajes y recuerdos dentro del ambiente del periodismo deportivo. Muchos colegas destacaron su personalidad fuerte, su pasión por el fútbol y la influencia que tuvo sobre numerosos relatores que hoy ocupan lugares centrales en las transmisiones del fútbol argentino.
Su estilo dejó una huella profunda en el relato deportivo televisivo. Para muchos periodistas jóvenes, Araujo fue un referente que abrió el camino hacia una manera más dinámica y emocional de contar el fútbol.
En provincias como Salta, donde el fútbol se vive con una intensidad particular, su voz acompañó durante décadas las noches de campeonato argentino. Hinchas de Central Norte, Juventud Antoniana o Gimnasia y Tiro crecieron viendo los goles del torneo nacional con su relato de fondo.
Marcelo Araujo nació en el barrio porteño de Villa Crespo y era reconocido hincha de Atlanta. Desde muy joven se vinculó al periodismo deportivo y con el tiempo construyó una carrera que lo posicionó entre las figuras más influyentes del rubro.
Su muerte marca el cierre de una etapa para el periodismo deportivo argentino. Con su estilo inconfundible, su energía frente al micrófono y su capacidad para transmitir emoción en cada relato, Araujo se convirtió en una voz que definió una era del fútbol en televisión.
Hoy, el mundo del fútbol despide a uno de los narradores que ayudó a transformar la manera en que millones de argentinos vivieron cada gol, cada clásico y cada campeonato. Su legado seguirá presente en la memoria de los hinchas y en la historia del periodismo deportivo nacional.