La economía argentina creció 2% interanual en el segundo trimestre de 2026, aunque la evolución de sus componentes mostró una recuperación desigual. Mientras las exportaciones de bienes y servicios avanzaron 13,7%, la inversión cayó 11,1% y el consumo privado aumentó apenas 0,4%. Además, el Producto Bruto Interno (PBI) retrocedió 0,6% respecto del primer trimestre, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
Los indicadores de los meses siguientes reflejaron dificultades para consolidar la mejora de la actividad. En agosto, las ventas en supermercados disminuyeron 3,7% interanual y las de los autoservicios mayoristas retrocedieron 3,6%. En septiembre, la Unión Industrial Argentina (UIA) estimó una caída mensual desestacionalizada del 0,2% en la producción manufacturera y una contracción interanual del 3,4%.
El crecimiento del PBI convive con una demanda interna debilitada, una inversión en retroceso y dificultades para recuperar el nivel de actividad de años anteriores. Al mismo tiempo, el desempeño exportador contrasta con las señales de fragilidad que muestran distintos sectores del mercado interno.
La industria volvió a caer en septiembre
La actividad manufacturera perdió impulso después de la mejora registrada en agosto. Según las estimaciones de la UIA, la producción industrial cayó 0,2% mensual desestacionalizado y 3,4% interanual en septiembre. En los primeros nueve meses de 2026, acumuló una contracción del 2,8% frente al mismo período de 2025.
La medición también ubicó la producción 11% por debajo de los niveles de 2022 y 2023, una referencia que permite dimensionar las dificultades para recuperar el volumen de actividad previo. Los cálculos de la entidad se basaron en indicadores de consumo eléctrico, demanda industrial y consultas sectoriales.
El resultado general esconde diferencias entre las ramas productivas. La industria automotriz aumentó su producción 1% frente a agosto, pero registró el nivel más bajo para un septiembre en seis años. Entre enero y septiembre, acumuló una caída interanual del 17% y se ubicó 20% por debajo de los registros de 2022.
La metalmecánica mejoró 2,5% mensual, aunque mantuvo una contracción acumulada del 5,3% frente a 2025 y del 18% respecto de 2022. En los metales básicos, la producción de acero cayó 4% mensual, mientras que la de aluminio primario creció 4,4%.
Otros sectores presentaron resultados diferentes. La refinación de petróleo retrocedió 4,9% frente a agosto, pero conservó un balance favorable en la comparación anual, con aumentos del 6% respecto de 2025 y del 16% frente a 2022.
En la construcción también hubo señales mixtas. En agosto, el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) registró una caída interanual del 4,4%, aunque avanzó 0,4% en la medición mensual desestacionalizada. El acumulado de los primeros ocho meses del año mostró una suba del 0,8%.
Las mejoras mensuales aisladas todavía no alcanzan para consolidar una recuperación generalizada en actividades que tienen un peso importante en el empleo y en la demanda de insumos.
La inversión cayó 11,1% y el consumo crece poco
La formación bruta de capital fijo retrocedió 11,1% interanual durante el segundo trimestre. El resultado contrastó con el avance de las exportaciones y ubicó a la inversión entre los componentes más débiles de la demanda agregada.
El consumo privado, por su parte, creció apenas 0,4% frente al mismo período de 2025. La diferencia entre ambos indicadores muestra que el crecimiento de la economía no se trasladó de manera uniforme a los componentes que dependen de las decisiones de gasto de los hogares y las empresas.
Los datos comerciales de agosto reforzaron esa señal. Las ventas de los supermercados a precios constantes disminuyeron 3,7% interanual y acumularon una baja del 2,8% entre enero y agosto. En los autoservicios mayoristas, el retroceso fue del 3,6% frente al mismo mes de 2025.
La evolución de las ventas no es equivalente a la del consumo privado medido en las cuentas nacionales, ya que se trata de indicadores con períodos y coberturas diferentes. Sin embargo, las cifras muestran que el gasto en los canales comerciales relevados todavía no consigue recuperar el nivel de un año atrás.
Salarios por debajo de la inflación prevista
Las perspectivas de ingresos también plantean un desafío para la recuperación del consumo. Un relevamiento de PwC Argentina entre 164 organizaciones de distintas industrias, tamaños y regiones indicó que las empresas proyectan aumentos salariales promedio del 27,1% para el personal fuera de convenio durante 2026, frente a una inflación anual estimada del 30%.
Si se cumplen ambas proyecciones, los incrementos nominales quedarán por debajo de la suba de precios y los trabajadores de ese segmento perderán poder adquisitivo durante el año. La diferencia entre ambas tasas sería de 2,9 puntos porcentuales, equivalente a una caída real aproximada del 2,2%.
El informe también identificó una tendencia a concentrar los ajustes salariales en períodos más largos: el 35% de las empresas relevadas aplica actualizaciones cuatrimestrales y el 30% trimestrales. Además, el 88% afirmó otorgar bonos, aunque su alcance y monto dependen de la jerarquía de cada puesto.
La previsión de aumentos por debajo de la inflación no representa un resultado salarial ya cerrado, sino una expectativa de las compañías. De todos modos, anticipa una posible limitación para la recuperación del consumo si los ingresos no logran acompañar la evolución de los precios.
La inflación volvió a acelerarse en septiembre
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una variación mensual del 2% en septiembre de 2026, frente al 1,6% de agosto. De esta manera, la inflación se aceleró 0,4 puntos porcentuales entre ambos meses.
El dato interrumpió la desaceleración que esperaba el Gobierno y mantuvo la evolución de los precios entre los factores centrales para seguir el poder de compra de los hogares. Para octubre, distintas consultoras proyectaron una inflación cercana al 1,8%, aunque se trata de estimaciones privadas y no de un resultado oficial.
Los relevamientos semanales de alimentos mostraron aumentos durante octubre. LCG informó una suba del 0,5% en alimentos y bebidas durante la tercera semana del mes, mientras que Eco Go estimó un incremento semanal del 0,59%. Invecq registró una variación del 0,9% para ese período, según sus mediciones.
Las diferencias entre consultoras responden a sus metodologías, canastas y períodos de relevamiento. Por eso, esos datos permiten observar tendencias parciales, pero no reemplazan al IPC nacional que publica el Indec.
Las subas de las verduras presionan sobre el gasto cotidiano
Los precios de algunos alimentos frescos registraron aumentos muy superiores a la inflación general. En septiembre, los valores mayoristas de la cebolla, la papa y el zapallo acumularon subas interanuales del 295,8%, 212,6% y 204,8%, respectivamente, frente a una inflación general del 33,4%.
El encarecimiento no fue uniforme en toda la producción hortícola. En la medición mensual del Mercado Central de Buenos Aires, el promedio ponderado de seis hortalizas aumentó 23,8% frente a agosto, impulsado por la cebolla, que subió 45,1%, y el zapallo, con un avance del 20,3%. La papa, en cambio, registró una baja mayorista del 3%.
La dinámica responde a distintos factores de producción y abastecimiento. Entre ellos aparecen los problemas de calidad y cosecha asociados a las lluvias y las heladas en algunas zonas productoras, la demanda de exportación de cebolla y el recambio estacional de las áreas de producción de zapallo.
El aumento de los alimentos frescos suma presión sobre los presupuestos familiares, aunque las variaciones dependen de cada producto, de la época del año y del canal de comercialización. La diferencia entre los valores mayoristas y los precios finales también incorpora costos de transporte, almacenamiento, pérdidas, impuestos y venta.
El superávit fiscal sigue como objetivo del Gobierno
En paralelo con las dificultades de la actividad, el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI) mantuvieron la meta de alcanzar un superávit fiscal primario equivalente al 1,4% del PBI en 2026. El organismo consideró que el ancla fiscal continuará siendo un elemento central del programa económico y vinculó su continuidad con el esfuerzo previsto también para 2027.
El objetivo convive con dificultades de recaudación que llevaron al Gobierno a profundizar los recortes del gasto. El FMI sostuvo que la disciplina fiscal y las reformas tributarias y presupuestarias deben contribuir a la consolidación de las cuentas públicas, al tiempo que planteó la necesidad de proteger el gasto prioritario en materia social y de infraestructura.
Sin embargo, existe una diferencia entre la meta del organismo y la proyección incluida por el Gobierno en el proyecto de Presupuesto 2027. Mientras el FMI mantuvo el objetivo del 1,4% del PBI, el proyecto oficial estimó un superávit del 1,3% para 2026.
En términos nominales, la meta del 1,4% equivale a unos $16,2 billones, frente a los $15,5 billones proyectados en el Presupuesto. La comparación depende, entre otros factores, de la estimación del tamaño del producto nominal al cierre del año.
La evolución de la actividad es relevante para ese cálculo porque incide sobre la recaudación y el resultado fiscal. Una economía que crece menos de lo previsto puede complicar el cumplimiento de las metas de ingresos y aumentar la presión para ajustar el gasto, aunque el resultado final también depende de las decisiones tributarias, la ejecución presupuestaria y el comportamiento de los ingresos públicos.
Las exportaciones sostienen el frente externo
El comercio exterior de bienes mostró un saldo favorable durante los primeros ocho meses de 2026. Las exportaciones sumaron USD 67.248 millones entre enero y agosto, con un aumento interanual del 21,4%. Las importaciones alcanzaron USD 48.999 millones y disminuyeron 2,6% frente al mismo período de 2025. El superávit comercial acumulado fue de USD 18.249 millones.
Ese resultado se complementa con el aporte de las exportaciones de bienes y servicios al crecimiento del PBI durante el segundo trimestre. Sin embargo, el saldo comercial favorable no implica por sí mismo una mejora equivalente de la producción, la inversión o el consumo internos.
La carne vacuna diversifica sus destinos
Las exportaciones de carne vacuna también mostraron un nivel elevado durante septiembre. De acuerdo con los datos citados por el sector, Argentina embarcó 71.881 toneladas de carne enfriada y congelada, en peso producto, el segundo volumen mensual más alto de 2026, detrás de agosto.
El acumulado de enero a septiembre alcanzó las 549.600 toneladas, un 5% más que en el mismo período de 2025. No obstante, la evolución de los destinos mostró diferencias: los embarques hacia China sumaron aproximadamente 336.150 toneladas en los primeros nueve meses del año, una caída del 8% interanual, mientras que las ventas al conjunto de los demás mercados crecieron 36%.
El sistema de cuotas de importación establecido por China introduce una variable adicional para la planificación comercial. Según el análisis de Rosgan, el ritmo de las compras chinas fue inferior a las expectativas iniciales y podría dificultar que Argentina complete el volumen asignado para 2026.
La evolución de la demanda, los tiempos de navegación y la renovación de los cupos a comienzos de 2027 serán factores relevantes para definir el ritmo de los embarques. La diversificación de mercados puede abrir oportunidades, aunque no elimina la importancia de China como destino de la carne argentina.
Brasil, un socio comercial clave pese a las diferencias políticas
Según los datos del Indec, las exportaciones argentinas hacia el mercado brasileño sumaron USD 10.386 millones en 2019, USD 11.874 millones en 2023 y USD 12.771 millones en 2025.
Las importaciones desde Brasil también aumentaron durante esos períodos: pasaron de USD 10.159 millones en 2019 a USD 17.349 millones en 2023 y USD 18.424 millones en 2025. Como resultado, la balanza comercial bilateral registró déficits para Argentina de USD 5.475 millones en 2023 y USD 5.653 millones en 2025.
Para Gustavo Perego, director de Abeceb, la evolución del intercambio depende principalmente de los acuerdos sectoriales y del comportamiento de ambas economías. El economista destacó la importancia del Mercosur y del acuerdo automotor, que representa una parte sustancial del comercio entre los dos países.
Pese a las diferencias ideológicas entre los gobiernos de Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva, las compras y las ventas bilaterales aumentaron. El vínculo con Brasil continúa siendo relevante para la industria argentina, en particular por el peso de las manufacturas de origen industrial en las exportaciones y de los bienes intermedios y las piezas para bienes de capital en las importaciones.
Pobreza y desempleo completan el panorama
Los indicadores sociales permiten dimensionar el contexto en el que evoluciona la actividad. La pobreza alcanzó al 32,3% de las personas durante el primer semestre de 2026 en los 31 aglomerados urbanos relevados por el Indec, mientras que la indigencia llegó al 7,5%.
En el mercado laboral, la tasa de desocupación se ubicó en el 7,9% durante el segundo trimestre. El indicador comprende a las personas que no tienen ocupación, están disponibles para trabajar y buscan empleo activamente, como proporción de la población económicamente activa.
Estos resultados corresponden a períodos distintos y no permiten atribuir automáticamente sus variaciones a un único factor. Sin embargo, junto con la caída de la inversión, el retroceso de las ventas comerciales y las previsiones salariales por debajo de la inflación, aportan contexto sobre las dificultades que enfrenta la demanda interna.
La economía crece frente a un año atrás, pero la mejora todavía no se consolida en todos sus componentes. Las exportaciones y el superávit comercial sostienen el frente externo, mientras que la inversión retrocede, la industria muestra nuevas caídas y el consumo permanece débil. La evolución de los salarios, los precios y la actividad será clave para determinar si el crecimiento agregado logra trasladarse a una recuperación más amplia.