El consumo en Argentina atraviesa un escenario de recuperación irregular y todavía frágil. Si bien algunos sectores muestran señales de mejora, la demanda general continúa condicionada por la pérdida del poder adquisitivo y por el peso creciente de los gastos fijos en los hogares, especialmente los vinculados a servicios públicos.
En el arranque de 2026, los indicadores de consumo reflejan un comportamiento dispar entre rubros, con caídas en varios canales de venta y repuntes puntuales en segmentos específicos. La evolución del mercado sigue marcada por la inflación y por los ingresos reales que, en muchos casos, todavía no logran recomponerse.
Especialistas en economía coinciden en que la recuperación del consumo dependerá en gran medida de que los salarios logren ganarle a la inflación en los próximos meses. Sin una mejora sostenida en los ingresos reales, la capacidad de compra de las familias seguirá limitada, lo que impacta directamente en la actividad comercial.
Uno de los factores que más influye en la dinámica actual es la reducción del ingreso disponible. Tras afrontar gastos fijos como tarifas de servicios públicos, transporte y otros compromisos mensuales, muchas familias cuentan con menos dinero para destinar al consumo cotidiano.
En ese contexto, el comportamiento del consumo masivo continúa mostrando signos de debilidad. Durante enero, el sector registró una caída interanual del 1,1%, lo que refleja que el repunte económico todavía no logra trasladarse plenamente a los hábitos de compra de la población.
La comparación mensual también evidencia la fragilidad del escenario. En relación con diciembre, el consumo mostró una baja cercana al 7%, con retrocesos marcados en varios canales de comercialización.
Los supermercados de cadena encabezaron las caídas más pronunciadas, con una retracción del 15,4%. Los autoservicios independientes también registraron una disminución significativa en sus ventas, con un descenso del 12,5%.
Otros rubros vinculados al consumo cotidiano mostraron comportamientos similares. Las farmacias registraron una baja cercana al 7,8%, mientras que el comercio electrónico también experimentó un retroceso importante, con una caída del 11%.
El segmento mayorista tampoco escapó a la tendencia negativa. En ese canal, las ventas registraron una disminución cercana al 14,6%, lo que refleja el impacto del contexto económico sobre comercios y consumidores.
En contraste con este escenario, los pequeños comercios de barrio, como almacenes y kioscos, lograron mostrar una leve mejora. En ese sector se registró una suba cercana al 3,7%, lo que indica que muchos consumidores continúan priorizando compras pequeñas y cercanas al hogar.
En el análisis de largo plazo, los datos también muestran que el consumo todavía se encuentra lejos de los niveles alcanzados antes del deterioro económico de los últimos años.
Las ventas en supermercados, por ejemplo, se ubican casi un 9% por debajo de los registros de noviembre de 2023. La situación es aún más marcada en el canal mayorista, donde la actividad permanece cerca de un 20% por debajo de aquellos niveles.
Sin embargo, algunos segmentos del consumo muestran señales de mayor dinamismo. Uno de ellos es el de bienes durables, que logró mantenerse relativamente activo gracias al acceso al crédito.
Las facilidades de financiamiento impulsaron la compra de productos de mayor valor, como electrodomésticos, tecnología y equipamiento para el hogar. En muchos casos, los consumidores optan por utilizar cuotas para acceder a este tipo de bienes, especialmente cuando perciben que la inflación puede encarecerlos en el futuro.
Aun así, en los últimos meses comenzaron a aparecer señales de desaceleración en el crecimiento del crédito al consumo, lo que podría moderar el impulso que venían mostrando estos sectores.
Otro rubro que exhibió una evolución positiva es el de los centros comerciales. Durante 2025, las ventas en shoppings registraron un incremento del 3,4% en comparación con el año anterior.
El repunte comenzó a observarse a partir de agosto y se consolidó en los meses siguientes, con cinco períodos consecutivos de mejora en la actividad.
Este crecimiento se explica en parte por promociones, eventos comerciales y estrategias de financiación que buscan estimular el consumo en un contexto económico complejo.
Además, los shoppings suelen concentrar ventas de indumentaria, tecnología y entretenimiento, rubros que pueden beneficiarse de promociones especiales o planes de cuotas.
De todas formas, los analistas advierten que la recuperación del consumo en Argentina todavía es incipiente y desigual entre sectores. Mientras algunos rubros comienzan a mostrar signos de reactivación, otros siguen atravesando una etapa de contracción.
La clave para consolidar una mejora sostenida estará en la evolución de los ingresos de la población. Si los salarios logran recomponerse en términos reales, es probable que el consumo empiece a mostrar un repunte más generalizado.
Por el contrario, si la inflación continúa erosionando el poder de compra, el gasto de los hogares seguirá concentrado en productos esenciales, limitando la recuperación del comercio.
En provincias como Salta, donde gran parte de la actividad económica está vinculada al comercio minorista y a los servicios, la evolución del consumo tiene un impacto directo en la economía local.
Los comerciantes vienen señalando que el movimiento en los negocios todavía es irregular, con días de buena actividad alternados con jornadas de ventas muy bajas.
Muchos consumidores priorizan actualmente productos básicos y reducen la compra de bienes que no consideran indispensables. Esta conducta se replica en distintos puntos del país y refleja la cautela con la que las familias administran su presupuesto.
Por ahora, el escenario económico muestra señales mixtas: algunos indicadores comienzan a mejorar, pero el consumo todavía no logra recuperar el dinamismo necesario para impulsar una reactivación más amplia de la economía.