La calificadora internacional Fitch Ratings decidió mejorar la nota crediticia de Argentina, en una señal que refuerza la percepción de los mercados sobre el rumbo económico actual. La suba lleva la calificación de largo plazo en moneda extranjera y local a “B-” desde “CCC+”, con perspectiva estable, lo que marca un cambio relevante en la evaluación del riesgo soberano.
El ajuste se explica, según el informe, por una serie de transformaciones en variables estructurales de la economía. Entre los puntos más valorados aparecen la mejora en el frente fiscal, un mayor orden en las cuentas externas y señales de avance en reformas económicas impulsadas por el Gobierno nacional. Este escenario abre la puerta a una eventual mejora en el acceso al financiamiento internacional, un aspecto clave para sostener la actividad y afrontar compromisos de deuda.
Dentro del análisis, Fitch puso el foco en la consolidación fiscal como uno de los pilares centrales. La agencia remarcó que el equilibrio presupuestario representa un cambio significativo respecto de años anteriores, en los que el déficit era una constante. Este giro, sostienen, fortalece la previsibilidad macroeconómica y mejora la confianza de los inversores.
Otro de los ejes destacados fue el avance legislativo en iniciativas consideradas estratégicas. Entre ellas se mencionan reformas vinculadas al mercado laboral, cambios normativos en sectores productivos y la aprobación del Presupuesto 2026, que presenta una base fiscal más sólida. Para la calificadora, estos movimientos reflejan una mayor capacidad política para implementar medidas estructurales.
En paralelo, el informe resalta la estrategia oficial orientada a la desregulación y a la promoción de inversiones privadas. Sectores como la energía y la minería aparecen como motores potenciales de crecimiento en el mediano plazo, con capacidad para generar divisas y dinamizar la economía. En ese sentido, se destaca el cambio hacia un perfil más exportador, especialmente en el rubro energético.
En el frente externo, Fitch proyecta una reducción del déficit de cuenta corriente, impulsada por el crecimiento de las exportaciones. Sin embargo, advierte que el tipo de cambio apreciado podría incentivar las importaciones y el turismo al exterior, lo que introduce cierta presión sobre el balance de divisas.
La acumulación de reservas también juega un rol clave en la evaluación. El informe señala que el Gobierno apunta a reforzar las arcas del Banco Central con una meta ambiciosa para 2026. Este objetivo se vincula directamente con el acuerdo vigente con el Fondo Monetario Internacional, que exige fortalecimiento en este frente. Hasta ahora, las compras de dólares muestran una tendencia positiva, con expectativas de aceleración en los próximos meses.
De todos modos, la mejora en la calificación no está exenta de advertencias. Fitch subraya que la liquidez internacional todavía es limitada, lo que representa un factor de vulnerabilidad. A esto se suman los riesgos políticos y sociales, en un contexto donde la inflación y el crecimiento moderado impactan sobre el clima interno.
En ese marco, la calificadora advierte que los mercados financieros siguen de cerca la evolución política, especialmente ante la posibilidad de cambios en el escenario de poder o tensiones sociales. La fragilidad en la confianza sigue siendo un punto sensible para la economía argentina.
Con todo, la suba de la calificación representa una señal positiva en el corto plazo, aunque condicionada por desafíos estructurales que todavía requieren consolidación. El equilibrio entre orden fiscal, acumulación de reservas y estabilidad política será determinante para sostener esta mejora y avanzar hacia una recuperación más firme.