La escalada del conflicto en Medio Oriente ya empieza a sentirse en la economía argentina. Durante marzo, los combustibles registraron un aumento cercano al 7% en el país, impulsado por la fuerte suba del precio internacional del petróleo, que volvió a superar los 100 dólares por barril.
El salto en la cotización del crudo Brent —referencia global para el mercado petrolero— alcanzó su valor más alto desde 2022 y encendió las alertas en distintos sectores económicos. La suba está directamente vinculada a la creciente tensión militar en la región, que en los últimos días provocó fuertes movimientos en los mercados energéticos.
En este escenario, el impacto también llegó a las estaciones de servicio argentinas. Aunque las petroleras dejaron de comunicar formalmente los ajustes en los surtidores y el Gobierno eliminó la obligación de informar los precios diariamente, distintos relevamientos del sector registraron incrementos en los valores de la nafta y el gasoil.
Según datos del mercado, el aumento promedio desde febrero fue de aproximadamente 6,7% tanto para la nafta como para el gasoil. Con estas subas, los combustibles ya acumulan incrementos importantes en lo que va del año.
De acuerdo con los promedios registrados a nivel nacional, la nafta súper ya acumula un aumento cercano al 9,4% en 2026, mientras que el gasoil registra una suba de alrededor del 10,6% desde enero.
Los precios en los surtidores reflejan ese impacto. Actualmente, el valor promedio del litro de nafta súper se ubica en torno a los 1.777 pesos, mientras que la nafta premium ronda los 1.947 pesos por litro.
En el caso del diésel, el gasoil común se comercializa en promedio a 1.856 pesos por litro y el gasoil euro supera los 2.000 pesos, alcanzando aproximadamente los 2.064 pesos en distintas estaciones del país.
Estas cifras pueden variar según la región, la marca de la petrolera y la ciudad, aunque el incremento general se refleja en prácticamente todo el territorio argentino, incluyendo provincias del norte como Salta, donde el costo del combustible suele tener un impacto directo en el transporte, el comercio y la producción.
En medio de este escenario de volatilidad internacional, desde la petrolera estatal YPF buscaron llevar tranquilidad respecto a posibles aumentos abruptos. El presidente y CEO de la compañía, Horacio Marín, señaló que la empresa no tiene previsto aplicar incrementos bruscos en los precios de la nafta y el gasoil.
Según explicó el directivo, la política de la compañía es aplicar ajustes graduales para evitar impactos repentinos en el mercado interno. La estrategia apunta a amortiguar las fluctuaciones del precio internacional del petróleo y trasladar los aumentos de manera progresiva.
El planteo responde a la fuerte volatilidad que atraviesa actualmente el mercado energético global, donde los precios del crudo pueden variar de manera significativa en cuestión de días debido a factores geopolíticos.
El actual conflicto en Medio Oriente generó un fuerte movimiento en las cotizaciones internacionales. Desde que se intensificaron las tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán, el precio del petróleo registró un salto superior al 40%, lo que refleja la preocupación de los mercados ante posibles interrupciones en el suministro global.
El petróleo es uno de los recursos más sensibles a los conflictos internacionales, especialmente cuando estos ocurren en regiones estratégicas para la producción y distribución de energía.
Cuando el precio del barril aumenta, el efecto suele trasladarse a distintos sectores de la economía. Uno de los primeros impactos se observa en los combustibles, que dependen directamente del costo del crudo.
En países como Argentina, donde el transporte de mercaderías y personas depende en gran medida del combustible, estas subas terminan afectando también otros precios de la economía, desde los alimentos hasta los servicios logísticos.
Sin embargo, el aumento del precio internacional del petróleo no genera únicamente consecuencias negativas para el sector energético. Para las empresas petroleras que tienen capacidad de exportar crudo, los precios altos también representan una oportunidad de negocio.
La escasez global y la fuerte demanda de energía en los mercados internacionales pueden abrir nuevas posibilidades para exportadores, especialmente en contextos donde algunos países productores enfrentan dificultades para mantener su nivel de producción.
En Argentina, el desarrollo de áreas productivas como Vaca Muerta ha permitido ampliar la capacidad de producción de hidrocarburos en los últimos años, lo que posiciona al país como un actor con potencial para aprovechar escenarios de precios elevados.
No obstante, para el mercado interno la prioridad suele ser evitar impactos bruscos en los precios que pagan los consumidores. Por eso, las empresas del sector suelen aplicar esquemas de ajustes graduales cuando el precio internacional del petróleo registra movimientos abruptos.
Mientras tanto, el mercado energético continúa atento a la evolución del conflicto en Medio Oriente. La continuidad de las tensiones militares podría seguir generando volatilidad en el precio del crudo, lo que eventualmente podría trasladarse nuevamente a los combustibles en Argentina.
En provincias como Salta, donde el combustible es clave para la actividad económica y el transporte en largas distancias, cualquier variación en los surtidores suele sentirse con rapidez en distintos sectores productivos.
Por ahora, el aumento cercano al 7% registrado en marzo refleja el primer impacto directo del conflicto internacional sobre el mercado local, aunque la evolución de los precios dependerá en gran medida de cómo continúe el escenario geopolítico en las próximas semanas.