El Gobierno de Brasil dio un paso formal para reclamar explicaciones a la Argentina por la salida de Flávio Bolsonaro del territorio brasileño rumbo a Estados Unidos. La Cancillería convocó a María Emilia Cortés, encargada de negocios de la embajada argentina en Brasilia, para conocer si hubo participación de funcionarios del gobierno de Javier Milei en el operativo.
El encuentro se realizó en el Palacio Itamaraty y estuvo encabezado por João Marcelo Galvão de Queiroz, funcionario responsable del área de Mercosur. Durante la reunión, que fue breve, la diplomática argentina se comprometió a brindar información sobre el episodio.
Aunque desde Brasil describieron la convocatoria como un procedimiento habitual, la decisión refleja la preocupación del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva por un posible involucramiento argentino en la salida del senador.
El recorrido de Flávio Bolsonaro despertó sospechas luego de que ingresara a la Argentina el martes por la noche, a través del puente Tancredo Neves. Posteriormente, se trasladó hasta Puerto Iguazú, desde donde abordó un avión privado que partió durante la madrugada del miércoles con destino a Estados Unidos, con una escala en Guayaquil.
El desplazamiento generó interrogantes porque el juez del Supremo Tribunal Federal brasileño Alexandre de Moraes había dispuesto que Bolsonaro entregara sus pasaportes y no abandonara el país.
Ya instalado en territorio estadounidense, el senador publicó una carta en la que agradeció el respaldo del presidente Javier Milei y de Donald Trump. En una primera versión del mensaje, incluso se presentó como el supuesto presidente electo de Brasil y denunció irregularidades electorales, pese a que su propio espacio político había reconocido el resultado.
Otro elemento que sumó tensión fue la presencia de Santiago Caputo en Misiones durante la madrugada del traslado. El asesor presidencial fue identificado en un control policial mientras se movilizaba en un convoy de la Entidad Binacional Yacyretá procedente de Puerto Iguazú.
Su aparición alimentó las sospechas sobre una eventual participación de integrantes del Gobierno argentino. Sin embargo, todavía no hay conclusiones oficiales que permitan establecer responsabilidades.
La Policía Federal brasileña continúa investigando las circunstancias del viaje y busca determinar si existió colaboración de funcionarios o agentes extranjeros.
En el entorno de Lula consideran delicada la posibilidad de que representantes argentinos hayan intervenido en la operación. No obstante, el Gobierno brasileño intenta manejar el conflicto con cautela para evitar que la situación derive en un enfrentamiento directo entre ambos presidentes.
Entre las alternativas que analiza Brasil figura elevar el reclamo a una instancia ministerial. También se contempla que el canciller Mauro Vieira plantee el tema ante su par argentino, Pablo Quirno, durante un encuentro del G20 en Atlanta.
Por ahora, Lula no tendría previsto involucrarse personalmente en las gestiones. La estrategia apunta a conseguir explicaciones y esperar los resultados de la investigación antes de adoptar nuevas medidas.
El episodio profundiza una relación bilateral que ya atravesaba dificultades. Desde el 4 de agosto, ambas embajadas funcionan bajo la conducción de encargados de negocios, luego de que se redujera el nivel de representación diplomática en medio de los reiterados cruces políticos.
En Brasilia tampoco observan condiciones para restablecer próximamente la representación de mayor jerarquía en Buenos Aires, por lo que el caso podría prolongar el distanciamiento entre los dos gobiernos.
La controversia también involucra a Estados Unidos. Donald Trump confirmó que autorizó el ingreso de Flávio Bolsonaro y su familia, aunque sostuvo que no pretende intervenir directamente en la política brasileña.
Mientras avanzan las averiguaciones, el traslado del senador se convirtió en un nuevo foco de tensión internacional y amenaza con complicar todavía más el vínculo entre Lula y Milei.