El reciente incremento del diésel en Bolivia ya se siente con fuerza del otro lado de la frontera.
El fuerte aumento del gasoil en Bolivia, que trepó más del 80 por ciento tras el retiro del subsidio, ya genera especulación y subas en productos que cruzan a diario por los pasos de Jujuy y Salta. El efecto más sensible se siente en la hoja de coca
Lo que allá llaman “dieselazo” no es otra cosa que el salto brusco en el precio del gasoil, que pasó de 9,80 a 17,95 bolivianos el litro después de que el gobierno de Rodrigo Paz decidiera sacar la subvención a través del Decreto Supremo 5716. Esa medida, pensada para ordenar las cuentas públicas del país vecino, está provocando una cadena de aumentos que llega directo a los bolsillos de los argentinos que viven en Salta, Jujuy y también en Tucumán.
En las ciudades fronterizas el impacto no se hace esperar. Los comerciantes mayoristas bolivianos ya hablan de un encarecimiento generalizado de alrededor del 20 por ciento. El motivo principal es el flete: el transporte terrestre se encareció de golpe un 83 por ciento. Y cuando el camión sale más caro, todo lo que viaja adentro también sube. Los pasos más afectados son La Quiaca-Villazón, Aguas Blancas-Bermejo y Profesor Salvador Mazza-Yacuiba, por donde pasa buena parte del intercambio informal y formal que abastece al norte argentino.
Entre los productos que más se resentirán aparecen dos grandes grupos. Por un lado, la ropa, el calzado y los textiles que se venden en las ferias americanas y de reventa. Mucha de esa mercadería llega desde la zona franca de Iquique, en Chile, o desde talleres del eje central boliviano. Hasta hace poco la devaluación del peso boliviano hacía que esos precios resultaran atractivos para los compradores argentinos. Ahora el aumento logístico come buena parte de esa ventaja y los precios en la frontera ya empiezan a acomodarse hacia arriba.
Por el otro lado están los artículos de bazar, juguetería y electrónicos menores. Son productos importados, en su mayoría de origen asiático, que se distribuyen desde los mercados mayoristas de Oruro o Cochabamba hacia las tiendas de la frontera. Los mayoristas ya están aplicando un recargo preventivo de flete, así que el que compra del lado argentino empieza a notar la diferencia.
Pero el producto que más preocupa en las provincias del norte es la hoja de coca. Se trata de un bien de consumo masivo en Salta, Jujuy y Tucumán, y se importa en su totalidad desde Bolivia. Cualquier problema en la cadena de suministro del vecino país se traduce de inmediato en el precio que pagan los consumidores locales.
La hoja se produce principalmente en las Yungas de La Paz y en el Trópico de Cochabamba, el Chapare. Desde ahí tiene que viajar cientos de kilómetros en camión hasta llegar a Villazón o Bermejo. Con el diésel mucho más caro, ese costo logístico se traslada directo al valor mayorista por kilo, todavía antes de cruzar la frontera.
No es solo el flete lo que inquieta. El dieselazo despertó un fuerte rechazo social en Bolivia. Organizaciones de transportistas y las propias federaciones de productores cocaleros, que usan el gasoil para sus maquinarias agrícolas, se declararon en estado de emergencia. La Coordinadora de las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba ya anunció protestas y llamó a la unidad de las organizaciones sociales para exigir la anulación de la medida. En el pasado, cuando hubo crisis de combustible en Bolivia, los bloqueos de rutas fueron moneda corriente. Y cuando se cortan las rutas bolivianas, el flujo de mercadería hacia la frontera argentina se interrumpe.
Esa interrupción genera escasez. Con menos hojas disponibles en los comercios de Salta y Jujuy, los vendedores terminan trasladando la dificultad al consumidor final. Históricamente, en períodos parecidos el valor del cuarto de hoja de coca en el norte argentino subió entre un 25 y un 40 por ciento en cuestión de días.
Ahora el escenario se repite, pero con el agravante de que el país vecino también atraviesa una fuerte presión cambiaria y un aumento del costo de vida. El plan de estabilización boliviano incluyó una devaluación del dólar oficial y una inflación alta en la canasta básica. Por eso los productores y los bagayeros exigen más pesos argentinos o dólares por cada tacho o bulto de coca, para compensar la pérdida de poder adquisitivo en su propio país.
El comercio fronterizo es un termómetro sensible. Durante años funcionó como un mecanismo de alivio para muchas familias del norte argentino que encontraban precios más convenientes del lado boliviano. La devaluación del peso boliviano había reforzado esa dinámica. Ahora el dieselazo amenaza con revertir parte de esa ventaja. No se trata solo de la coca: ropa, calzado, artículos de bazar y hasta algunos alimentos que se mueven en el circuito informal ya muestran signos de ajuste. Los comerciantes de La Quiaca, Salvador Mazza y Aguas Blancas empiezan a hablar de listas de precios que se actualizan casi a diario.
La incertidumbre se agrava porque nadie sabe todavía cuánto durará la medida ni si el gobierno boliviano retrocederá ante la presión social. Mientras tanto, del lado argentino los consumidores de las provincias del norte ya calculan el golpe. La hoja de coca, que forma parte de hábitos cotidianos en muchas zonas, es el producto más expuesto. Pero el resto de la mercadería que llega en camión también sufrirá. En un contexto en el que el poder adquisitivo de las familias argentinas sigue castigado, cualquier suba extra en la frontera se siente con más fuerza.
Los pasos fronterizos son el escenario donde se ve primero el efecto. Camiones que tardan más o que directamente no salen, precios que cambian de un día para el otro y una especulación que crece cuando aparece el fantasma del desabastecimiento. Si se concretan los paros y bloqueos anunciados por los transportistas y los productores cocaleros, el impacto será todavía mayor. La experiencia de crisis anteriores en Bolivia muestra que, cuando se corta el flujo, los precios del lado argentino reaccionan rápido y con fuerza.
En las próximas semanas se verá con claridad cuánto de este aumento logístico se traslada realmente a los precios finales. Por ahora, la señal es clara: el dieselazo boliviano ya empezó a mover la aguja en la frontera norte. Y en un comercio tan sensible a los costos de transporte como el que une a ambos países, el efecto se multiplica. Desde la ropa que se vende en las ferias hasta la hoja de coca que llega a los kioscos y comercios de Salta y Jujuy, todo lo que viaja sobre ruedas está a punto de volverse más caro.