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TENSIÓN INTERNACIONAL

Trump evitó descartar el uso de fuerzas militares para tomar Groenlandia

El presidente de Estados Unidos esquivó una definición directa sobre una posible intervención armada, anunció aranceles a países europeos.

Trump evitó descartar el uso de fuerzas militares para tomar Groenlandia

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a generar repercusiones a nivel global al negarse a descartar el uso de las fuerzas militares para tomar el control de Groenlandia. Consultado sobre esa posibilidad durante una entrevista telefónica, el mandatario respondió con un escueto “sin comentarios”, una frase que, lejos de calmar las aguas, alimentó la tensión diplomática con Europa y reforzó su postura confrontativa en política exterior.

La declaración se dio en el marco de una ofensiva más amplia por parte de la Casa Blanca para avanzar sobre el territorio, considerado estratégico por su ubicación geopolítica y sus recursos naturales. En ese contexto, Trump anunció la aplicación de nuevos aranceles del 10% a Dinamarca y a otros siete países europeos, una medida que, según explicó, se mantendría vigente hasta alcanzar un acuerdo que le permita a Estados Unidos asumir el control de Groenlandia.

La decisión encendió alarmas en varias capitales europeas, no solo por el impacto económico sino también por el tono cada vez más duro del presidente estadounidense. Trump viene sosteniendo que la isla es clave para la seguridad nacional de su país frente a amenazas externas, una idea que repite como argumento central para justificar su interés en el territorio autónomo bajo soberanía danesa.

En paralelo, el mandatario volvió a mezclar la cuestión de Groenlandia con un viejo enojo personal: no haber recibido el Premio Nobel de la Paz. Según se conoció en las últimas horas, Trump envió un mensaje al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Store, en el que expresó su malestar por la decisión del comité noruego y vinculó ese desaire con un cambio en su manera de encarar la política internacional.

En el texto, Trump sostuvo que, al no haber sido reconocido por lo que considera logros en materia de pacificación global, ya no se siente obligado a priorizar exclusivamente la paz en sus decisiones. En cambio, aseguró que ahora se permite pensar en lo que considera “bueno y apropiado” para los intereses de Estados Unidos, una frase que fue leída como una señal de endurecimiento en su estrategia global.

El propio primer ministro noruego confirmó la autenticidad del mensaje y desmintió cualquier duda sobre su origen. Trump, por su parte, insistió en que Noruega tiene un control total sobre el Premio Nobel de la Paz, pese a las aclaraciones habituales sobre la independencia del comité que lo otorga. Esa acusación directa profundizó el malestar diplomático y volvió a poner al país escandinavo en el centro de la escena.

Noruega, además, figura entre los países alcanzados por los nuevos aranceles anunciados por el gobierno estadounidense. Trump informó que estas medidas comenzarían a regir a partir del 1 de febrero y las presentó como una herramienta de presión dentro de su negociación más amplia con Europa. El impacto de estas sanciones comerciales genera preocupación en los mercados internacionales y suma incertidumbre a un escenario ya cargado de tensiones.

El presidente norteamericano también cargó contra los líderes europeos que se oponen a sus planes sobre Groenlandia. En declaraciones recientes, los acusó de desviar la atención y les reclamó que se concentren en el conflicto entre Rusia y Ucrania. Según Trump, Europa debería enfocarse en resolver esa guerra antes de cuestionar las decisiones estratégicas de Estados Unidos.

La postura del mandatario refuerza un estilo político que combina presión económica, mensajes directos y una retórica confrontativa hacia sus aliados tradicionales. En Argentina, donde se sigue con atención el rumbo de la política exterior estadounidense por su impacto en la economía global, estas definiciones no pasan inadvertidas, especialmente en un contexto de inestabilidad internacional y reacomodamientos geopolíticos.

Mientras tanto, el futuro de Groenlandia sigue siendo un punto de fricción creciente. La falta de una definición clara sobre el uso de la fuerza militar, sumada a las sanciones comerciales y a los cruces diplomáticos, deja en evidencia que el tema está lejos de resolverse y que podría escalar en los próximos meses.

Con su habitual estilo provocador, Trump vuelve a marcar la agenda internacional y a tensar los límites de la diplomacia tradicional. Su negativa a descartar una intervención militar, aunque formulada con pocas palabras, alcanza para reavivar un debate global sobre poder, soberanía y el rol de Estados Unidos en un mundo cada vez más atravesado por conflictos y disputas estratégicas.


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