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Alberto Fernández visitó a De Vido en Ezeiza y crecen las versiones sobre un rol como abogado

La situación genera sorpresa y abre interrogantes sobre el futuro judicial de De Vido.

Alberto Fernández visitó a De Vido en Ezeiza y crecen las versiones sobre un rol como abogado

La escena política argentina volvió a quedar envuelta en sorpresa luego de que se confirmara la presencia de Alberto Fernández en la cárcel de Ezeiza para visitar a Julio De Vido, el exministro de Planificación Federal que continúa detenido y afronta múltiples causas en los tribunales federales. El movimiento del expresidente reavivó rumores, tensiones y especulaciones que ya circulan con fuerza en distintos ámbitos del país.

El dato que más llamó la atención fue la forma en la que Fernández ingresó al penal: habría entrado en carácter de abogado, lo que disparó la posibilidad de que asuma la defensa de De Vido en alguna de las causas que el exfuncionario tiene en curso. Aunque desde el entorno del exministro intentaron bajarle el tono al encuentro y aseguraron que se trató de una visita “personal”, el modo de ingreso reactivó dudas y comentarios en el mundo político y judicial.

De Vido permanece detenido por el segundo juicio vinculado a la Tragedia de Once, una de las causas más emblemáticas de su paso por la función pública. A eso se suman expedientes sensibles como la causa Cuadernos y la investigación por irregularidades relacionadas con AySA y la constructora Odebrecht. En los últimos días, incluso, debió presentarse ante dos tribunales distintos en una misma jornada, muestra del volumen procesal que mantiene desde hace años.

En ese contexto, la aparición de Alberto Fernández introduce una variable inesperada. Si bien cuenta con matrícula profesional y podría legalmente intervenir como abogado, su eventual participación reconfiguraría estrategias judiciales y abriría un capítulo político delicado: significaría que un expresidente vuelve a involucrarse en causas que marcaron parte del clima de época del kirchnerismo.

El actual abogado de De Vido, Maximiliano Rusconi, negó conocer intención alguna de Fernández de sumarse al equipo o desplazarlo. Sin embargo, esa aclaración no alcanzó para frenar la ola de versiones que comenzaron a multiplicarse luego de la visita. En ámbitos judiciales, además, se recordó que quienes ingresan como defensores quedan registrados, por lo que no se descarta que en los próximos días se conozcan detalles formales sobre la visita.

La lectura política del episodio también generó ruido. La figura de Fernández, todavía central en el tablero nacional pese a haber dejado la Presidencia, vuelve a aparecer ligada a uno de los exfuncionarios más cuestionados del ciclo kirchnerista. Para muchos analistas, el gesto tiene peso propio y podría dejar consecuencias tanto en la interna del peronismo como en la relación del expresidente con distintos sectores de la Justicia.

Por ahora, lo único cierto es que la visita dejó más preguntas que respuestas. ¿Fue un gesto de apoyo personal? ¿Un anticipo de una futura participación en la defensa? ¿Un movimiento político en medio de la reconfiguración del peronismo? Ninguna de estas dudas tiene respuesta concreta, pero el episodio ya impactó en el escenario nacional.

En un país donde cada señal de sus principales referentes se amplifica rápidamente, la presencia de Alberto Fernández en Ezeiza vuelve a mostrar que la política argentina siempre tiene capítulos inesperados. Y que, a veces, un simple encuentro dentro de un penal alcanza para reactivar debates que parecían adormecidos y tensiones que nunca terminan de cerrarse.


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