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Trama médica

Investigan muertes ligadas a fiestas con Propofol y Fentanilo

La investigación apunta a una posible red de eventos clandestinos donde se usaban fármacos anestésicos robados.

Investigan muertes ligadas a fiestas con Propofol y Fentanilo

La investigación por el uso ilegal de anestésicos en encuentros privados sumó en los últimos días nuevos elementos que profundizan las sospechas sobre una trama mucho más amplia de lo que se creía en un principio. Con dos profesionales de la salud imputados y dos muertes bajo análisis, la Justicia intenta determinar si detrás de estos hechos existe una estructura organizada que operaba con medicamentos sustraídos del sistema sanitario.

El caso tomó impulso tras el hallazgo sin vida de un anestesista en su departamento, en un episodio que, en un primer momento, no presentaba signos de violencia. Sin embargo, la escena encendió las alarmas: había material descartable, elementos médicos y una vía colocada en su cuerpo. Con el correr de las pericias, se confirmó que el fallecimiento se produjo por la administración de potentes fármacos anestésicos.

Ese dato fue clave para abrir una línea de investigación que rápidamente se conectó con una denuncia por el faltante de medicamentos en un reconocido centro de salud. A partir de allí, los investigadores comenzaron a reconstruir un circuito que no solo incluía el desvío de insumos médicos, sino también su utilización en encuentros privados donde se ofrecían experiencias con sedación intravenosa.

En este contexto, quedaron bajo la mira dos profesionales vinculados al ámbito de la anestesiología. Ambos fueron imputados, aunque permanecen en libertad mientras avanza la causa. En sus primeras intervenciones ante la Justicia se declararon inocentes y optaron por no responder preguntas, a la espera de presentar sus descargos por escrito. Como medida preventiva, se les prohibió salir del país.

A medida que se fueron sumando testimonios y pruebas, la situación procesal de los acusados comenzó a complicarse. Desde el entorno laboral surgieron declaraciones que apuntan a posibles antecedentes de consumo problemático y a prácticas irregulares con medicamentos. Incluso se deslizó que algunos de estos fármacos habrían sido utilizados en contextos no médicos, lo que refuerza la hipótesis de los eventos clandestinos.

Los allanamientos realizados en distintos domicilios permitieron secuestrar material sensible: ampollas, jeringas, agujas y diversos sedantes de uso hospitalario. Estos hallazgos consolidan la sospecha de que existía un circuito de provisión y almacenamiento por fuera de los canales legales.

En paralelo, se sumó un segundo fallecimiento que podría estar vinculado a la misma trama. Se trata de un enfermero que fue encontrado muerto en su vivienda, en circunstancias similares. En el lugar también se hallaron distintos fármacos y elementos compatibles con la administración intravenosa, lo que refuerza la hipótesis de una conexión entre ambos casos.

Uno de los puntos que más preocupa a los investigadores es la posible existencia de fiestas o encuentros en los que se ofrecían estas sustancias a los asistentes. Según las primeras reconstrucciones, se trataba de eventos pagos donde los participantes accedían a lo que se describía como “experiencias controladas”, bajo la supervisión de personas con conocimientos médicos.

En esos encuentros, los fármacos eran administrados por vía intravenosa, muchas veces con equipamiento específico como bombas de infusión para regular las dosis. También se mencionó la presencia de personas encargadas de asistir ante posibles complicaciones, lo que evidencia un intento de generar un entorno de aparente seguridad en una práctica de altísimo riesgo.

Sin embargo, los especialistas advierten que el uso de este tipo de sustancias fuera del ámbito hospitalario es extremadamente peligroso. El Propofol, por ejemplo, es un anestésico de acción rápida que se utiliza en procedimientos médicos específicos y siempre bajo estricta supervisión profesional. Su administración indebida puede provocar depresión respiratoria y la muerte en cuestión de minutos.

Por su parte, el Fentanilo es un opioide sintético de altísima potencia, utilizado en contextos quirúrgicos para el manejo del dolor y la sedación profunda. Su uso indebido no solo genera un alto riesgo de adicción, sino que también puede derivar en una sobredosis fatal.

La combinación de ambos fármacos, fuera de un entorno controlado, multiplica los riesgos y reduce al mínimo las posibilidades de reacción ante una emergencia. En este sentido, los investigadores buscan determinar si las muertes bajo análisis fueron consecuencia directa de estas prácticas.

Mientras tanto, la causa sigue en etapa de instrucción y no se descartan nuevas imputaciones. La principal incógnita es si se trata de hechos aislados o de una organización más compleja que operaba con una lógica sistemática, captando participantes y garantizando el suministro de sustancias.

El avance de la investigación será clave para esclarecer no solo las responsabilidades individuales, sino también el alcance de una posible red que pone en evidencia fallas en los controles y abre un debate profundo sobre el uso indebido de medicamentos de alta complejidad.

En un contexto donde el acceso a este tipo de sustancias debería estar estrictamente regulado, el caso expone un costado preocupante del sistema de salud y deja en evidencia los riesgos de prácticas que, bajo una falsa apariencia de control, pueden terminar en tragedia.


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