Argentina atraviesa un marcado descenso de la natalidad. En 2024 se registraron 413.135 nacimientos, frente a los 460.902 de 2023 y los 770.040 de 2015. En nueve años, el país perdió cerca de 357 mil nacimientos anuales, una caída aproximada del 46%.
La tendencia se mantiene desde hace varios años y también se refleja en la fecundidad. La tasa global de fecundidad argentina ronda actualmente los 1,2 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 considerados necesarios para el reemplazo poblacional.
El fenómeno no es exclusivo de Argentina. La fecundidad viene disminuyendo en distintas regiones del mundo y cada vez más países se encuentran por debajo del nivel de reemplazo. Entre ellos aparecen China, Italia, Corea del Sur y España, con tasas especialmente bajas.
Detrás de las cifras también hay un cambio en los proyectos de vida. La maternidad se posterga, las familias tienden a ser más pequeñas y muchas personas priorizan durante más tiempo sus estudios, trabajos, proyectos personales o estabilidad económica antes de buscar tener hijos.
En este escenario, la medicina reproductiva pone el foco en la relación entre el deseo de formar una familia y los límites biológicos de la fertilidad. El envejecimiento reproductivo es uno de los aspectos que genera mayor interés, especialmente ante la postergación de la maternidad.
Los especialistas plantean que contar con información desde edades tempranas puede ayudar a tomar decisiones con mayor conocimiento. Esto incluye conocer cómo cambia la fertilidad con el paso del tiempo y cuáles son las alternativas disponibles para quienes deciden postergar la búsqueda de un embarazo.
Pero la baja de los nacimientos también está relacionada con las condiciones en las que se crían los hijos. Los costos de alimentación, educación, salud, transporte y otros gastos cotidianos representan una carga importante para muchas familias.
A esto se suma la distribución desigual de las tareas de cuidado. Cuando existe incumplimiento de las obligaciones de manutención, la responsabilidad económica y cotidiana puede recaer principalmente sobre uno de los progenitores, generando sobrecarga y dificultades económicas.
El cambio demográfico también convive con una mayor diversidad de decisiones respecto de la maternidad. Para algunas mujeres, tener hijos continúa siendo parte central de su proyecto de vida; para otras, no ser madres constituye una elección personal. También están quienes desean ser madres pero deciden postergar ese momento.
Por eso, los especialistas señalan que hablar de planificación reproductiva no significa promover la maternidad ni indicar tratamientos de fertilidad de manera generalizada. La propuesta apunta a que cada persona pueda acceder a información sobre su fertilidad y decidir libremente si quiere tener hijos, cuántos y en qué momento.
Los números muestran, así, una transformación profunda de la estructura demográfica argentina. La caída sostenida de los nacimientos plantea nuevos desafíos para las familias y también para las políticas públicas vinculadas con salud, educación, cuidados, trabajo y envejecimiento de la población.