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TRADICIONAL PEREGRINACIÓN

Peregrinación a Luján: García Cuerva pidió dejar atrás la violencia y habló de los “abrazos pendientes” de los argentinos

El arzobispo de Buenos Aires encabezó la misa central de la 52ª Peregrinación Juvenil a Luján

Peregrinación a Luján: García Cuerva pidió dejar atrás la violencia y habló de los “abrazos pendientes” de los argentinos

La 52ª Peregrinación Juvenil a Luján culminó este domingo con un fuerte mensaje de unidad y fraternidad. Durante la misa central en la Basílica de Luján, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, llamó a los argentinos a dejar de lado la violencia, las descalificaciones y los enfrentamientos, y pidió transformar la experiencia de la caminata en un compromiso para la vida cotidiana.

Ante los miles de fieles que llegaron al santuario después de completar el recorrido, García Cuerva presentó a la Virgen de Luján como una figura capaz de reunir a personas con distintas historias y realidades. En ese sentido, sostuvo que la peregrinación constituye un espacio de encuentro en medio de un país atravesado por dificultades económicas, problemas laborales, enfermedades, pérdidas y situaciones de violencia.

El arzobispo destacó que ninguno de los peregrinos realizó el camino solamente por sí mismo. Cada persona llevó consigo las preocupaciones y pedidos de familiares, amigos, vecinos y conocidos que atraviesan distintos momentos difíciles.

“Nadie vino solo”, expresó durante la celebración religiosa, al remarcar que detrás de cada peregrino también estuvieron quienes no pudieron realizar la caminata pero fueron recordados durante el trayecto.

La reflexión apuntó especialmente a la necesidad de recuperar los vínculos entre los argentinos. Para García Cuerva, el esfuerzo realizado durante la peregrinación puede convertirse en una oportunidad para repensar la manera en que las personas se relacionan diariamente, especialmente en un contexto marcado por discusiones y enfrentamientos.

El arzobispo pidió que el regreso a los hogares no sea simplemente el final de una caminata, sino el comienzo de un compromiso con el respeto, el perdón y el diálogo.

La tradicional peregrinación fue presentada como un espacio en el que las diferencias quedan en segundo plano. Durante los kilómetros recorridos hacia Luján, personas con distintas historias, pensamientos y realidades compartieron el mismo objetivo: llegar hasta la Basílica para encontrarse con la Virgen.

En ese sentido, García Cuerva destacó que se trata de un ámbito sin “grietas ideológicas ni exclusiones”, donde el cansancio y el esfuerzo físico terminan igualando a todos los participantes.

Las zapatillas gastadas, el cansancio acumulado y las dificultades del camino fueron utilizadas como símbolos de una experiencia compartida. Para el religioso, ese encuentro permite recuperar una mirada comunitaria y dejar de lado el individualismo.

“Cuando nos descubrimos caminantes de un mismo pueblo, no le damos lugar al individualismo y a los discursos de odio”, sostuvo durante la misa.

Un llamado a terminar con las descalificaciones

Uno de los ejes centrales del mensaje fue la necesidad de revisar la forma en que los argentinos se hablan y se enfrentan. García Cuerva cuestionó las expresiones de violencia verbal y las actitudes de descalificación que, según planteó, terminan profundizando las divisiones.

En lugar de la confrontación permanente, propuso recuperar gestos sencillos de cercanía y solidaridad. La imagen del abrazo apareció como una de las principales figuras de su mensaje: un gesto capaz de acercar a quienes se encuentran distanciados y de acompañar a quienes atraviesan situaciones difíciles.

El religioso también utilizó las dificultades del camino para representar los problemas que muchas personas llevan consigo. La lluvia y la tormenta que acompañaron a los peregrinos durante parte de la jornada anterior fueron vinculadas con las propias tormentas personales que atraviesan quienes participaron.

Soledad, heridas, nostalgia, pérdidas y ausencias formaron parte de la reflexión durante la celebración. Frente a esas situaciones, García Cuerva destacó el papel de la Virgen de Luján como figura de acompañamiento y refugio para los fieles.

La idea fue que nadie debería sentirse excluido por su historia personal, su situación económica o sus circunstancias. La Virgen, planteó el arzobispo, recibe a todos sin preguntar de dónde vienen ni cuánto pudieron caminar.

La peregrinación volvió así a convertirse en un espacio de encuentro para miles de jóvenes y familias que llegaron hasta Luján después de recorrer el tradicional camino hacia la Basílica.

El mensaje religioso también buscó trascender las puertas del santuario. La invitación fue a trasladar ese espíritu de fraternidad a los barrios, las familias, los lugares de trabajo y los distintos espacios de la sociedad.

En un contexto en el que las discusiones políticas, sociales y económicas suelen estar atravesadas por fuertes enfrentamientos, García Cuerva llamó a recuperar la capacidad de escuchar al otro y de reconocer el sufrimiento ajeno.

La celebración terminó con una invitación concreta a dejar de lado las diferencias y recuperar el contacto con los demás. “Démosnos un abrazo de paz, los unos a los otros”, expresó el arzobispo al cerrar su mensaje.

Así, la 52ª Peregrinación Juvenil a Luján terminó con una propuesta que buscó ir más allá de la experiencia religiosa: convertir el encuentro entre los peregrinos en un punto de partida para construir vínculos más solidarios, recuperar el diálogo y saldar los “abrazos pendientes” que, según el mensaje de García Cuerva, todavía existen entre los argentinos.


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