El ministro del Interior, Diego Santilli, no para en su gira por el interior del país y ayer le tocó el turno a Salta con una agenda cargada de política.
Primero pasó por la Casa de Gobierno para charlar con el gobernador Gustavo Sáenz, donde se habló de obra pública, financiamiento y hasta de la reforma laboral que el Gobierno nacional quiere empujar en febrero. Pero Santilli no se quedó ahí: apenas terminó esa reunión, cruzó la ciudad para llegar a la Casa de La Libertad, el punto de encuentro de los referentes de La Libertad Avanza en la provincia. Ahí lo esperaba Alfredo Olmedo junto a un grupo importante de legisladores nacionales y provinciales del espacio libertario.
El encuentro fue más que una simple foto: se armó una mesa de diálogo para meterse de lleno en los problemas de fondo que arrastra la Argentina hace décadas. Todos coincidieron en que el Estado tiene que ser mucho más eficiente, desde Nación hasta los municipios más chicos, y que para lograrlo hay que dar una verdadera batalla cultural. No se trata solo de ajustar números o cortar gastos; es cambiar la mentalidad que durante años apostó por el intervencionismo y el gasto descontrolado. La idea es construir un país previsible, donde haya reglas claras que inviten a invertir y a generar trabajo genuino, sin depender todo el tiempo de subsidios o planes.
Santilli, que viene de Buenos Aires pero ya conoce bien el mapa político del interior, se mostró entusiasmado con lo que vio en Salta. Destacó el crecimiento sostenido que viene teniendo La Libertad Avanza en la provincia, un espacio que en pocos años pasó de ser casi desconocido a tener presencia en varios distritos y una base militante que no para de crecer. Puso especial énfasis en el rol de los pibes: la juventud libertaria salteña está metida hasta las manos, organizando, debatiendo y llevando las ideas de libertad a los barrios, las universidades y las redes. Para el ministro, esa energía joven es clave para que el cambio sea profundo y no quede en una moda pasajera.
Otro punto que se tocó fuerte fue la necesidad de aumentar la representatividad legislativa de LLA en todos los niveles. En Salta, como en muchas provincias, el espacio todavía tiene margen para crecer en bancas provinciales y nacionales. Santilli remarcó que más legisladores libertarios significan más voces para defender las reformas estructurales que impulsa el Gobierno: desde la modernización laboral hasta la reducción de regulaciones que ahogan a las pymes. Es una forma de consolidar el apoyo en el Congreso y en las legislaturas provinciales, donde se definen muchas de las políticas que impactan directo en la vida cotidiana.
La reunión en la Casa de La Libertad –ese lugar en Zuviria que se convirtió en el cuartel general de los libertarios salteños– dejó en claro que hay sintonía entre Nación y el espacio local. No es secreto que en Salta la política siempre tuvo sus propios colores, con un peronismo fuerte y un Sáenz que juega en varias ligas, pero el diálogo con Santilli muestra que el Gobierno de Milei busca tender puentes sin perder identidad. Los referentes de LLA valoran el respaldo nacional y, a su vez, aportan desde el territorio una visión fresca sobre cómo aplicar las ideas de libertad en una provincia con realidades tan particulares como el norte argentino.
En tiempos donde la economía aprieta y la gente pide resultados concretos, estos encuentros sirven para alinear estrategias. La eficiencia del Estado no es un concepto abstracto: significa menos burocracia para abrir un negocio, menos impuestos que asfixian y más foco en lo esencial, como seguridad, salud y educación. Y la batalla cultural, que tanto mencionan los libertarios, pasa por convencer a la sociedad de que el camino del desarrollo no es más Estado, sino más libertad individual y responsabilidad personal.
Al final del día, Santilli se fue de Salta con una imagen positiva del crecimiento de La Libertad Avanza y con la certeza de que en esta provincia hay un aliado dispuesto a empujar las reformas. Para los salteños, estos gestos políticos pueden traducirse en más obras, más inversión y un Estado que deje de ser un obstáculo para convertirse en un facilitador del progreso. Queda claro que el 2026 arranca con diálogos intensos y con la mira puesta en construir un país distinto, desde Capital Federal hasta el último rincón del interior.