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¡Al hueso!

Nueva casa de la libertad en Salta: “La secta de Orozco y Olmedo quedará en el pasado”

El concejal libertario Rodrigo Quinteros anunció una nueva Casa de la Libertad, que buscará sumar consensos para Javier Milei y Karina y olvidar la PyME de la dupla Olmedo-Orozco

Nueva casa de la libertad en Salta: “La secta de Orozco y Olmedo quedará en el pasado”

En las últimas horas el concejal Rodrigo Quinteros puso sobre la mesa una propuesta que ya genera expectativa entre quienes siguen de cerca el armado libertario en el norte argentino.

En breve, dijo, se inaugurará en Salta la verdadera Casa de la Libertad: un lugar pensado para que cualquiera pueda entrar, proponer, debatir y sumar, sin filtros ideológicos ni listas de afiliados privilegiados.  

La idea no es menor. Quinteros la presenta como un espacio físico y simbólico donde la libertad no se predica solamente, sino que se practica. “Un espacio donde todos serán bienvenidos, sin distinciones”, resumió. La frase suena sencilla, pero en el contexto de la política salteña y del propio movimiento libertario carga un peso particular. Se trata de salir del esquema de pequeños círculos cerrados y abrir la cancha a vecinos, comerciantes, profesionales, jóvenes y cualquiera que sienta que las banderas de la libertad económica, la baja de impuestos y el respeto a la propiedad privada merecen una oportunidad real en la provincia.  

El concejal insiste en que no se trata de un local partidario más. Quiere que funcione como punto de encuentro para generar los consensos que, según su visión, Javier Milei y Karina Milei necesitan en cada provincia para sostener el proyecto nacional. En Salta, provincia con una historia política marcada por caudillismos y estructuras fuertes, la propuesta apunta a construir desde abajo, sumando voluntades en lugar de restar. La libertad que construye, la que suma y la que genera acuerdos concretos es el eje que Quinteros repite.  

En el interior del movimiento libertario salteño la iniciativa también se lee como una señal de independencia. Quinteros no esconde que considera que ciertas estructuras internas ya cumplieron su ciclo. “La secta de Orozco y Olmedo quedará en el pasado”, afirmó con claridad. La frase no deja lugar a dudas: el concejal marca una distancia explícita con lo que él entiende como un modelo cerrado, excluyente y alejado del espíritu abierto que debería caracterizar a quienes se reclaman libertarios.  

El momento elegido no es casual

Salta atraviesa una etapa en la que las expectativas sobre el gobierno nacional de Milei se mezclan con la necesidad de traducir esas ideas a la realidad provincial y municipal. La Casa de la Libertad aparece, entonces, como una apuesta por ocupar el territorio con presencia concreta, con puertas abiertas y con una lógica de construcción permanente. No se trata de esperar a que las soluciones bajen desde Buenos Aires, sino de generar en la propia provincia los acuerdos necesarios para que esas políticas puedan aterrizar con éxito.  

Del otro lado, el Olmedismo 

Alfredo Olmedo y María Emilia Orozco demostraron un talento especial para convertir un proceso electoral interno en una comedia teatral negra. Llegaron a la presidencia del Consejo Provincial y a la conducción del Congreso Provincial respectivamente como si se tratara de un concurso de lealtades forzadas, y no de una elección seria dentro de un espacio que se dice libertario. Las denuncias de irregularidades, de padrón improvisado y de una sola urna escondida en SanLo Chico, todavía resuenan entre quienes participaron y salieron con más preguntas que respuestas.  

Lo más gracioso es la solemnidad con la que ambos se instalaron en sus cargos. Olmedo, presidente del Consejo Provincial, y Orozco, al frente del Congreso Provincial, parecen creer que el cargo les fue otorgado por voluntad popular y no por un mecanismo cuestionado desde el minuto uno. Las acusaciones de maniobras opacas, de exclusión de afiliados y de un proceso que más parecía un acomodo que una elección limpia, no fueron respondidas con transparencia. Prefirieron el silencio oficial y la narrativa de que “todo se hizo según las reglas”, aunque esas reglas parecían escritas con lápiz para poder borrarlas después.  

El resultado es el esperado: dos dirigentes que hoy ocupan lugares institucionales clave dentro del espacio libertario salteño, pero que arrastran el olor a elección escandalosa. Cada vez que hablan de representación o de legitimidad, alguien recuerda que el camino que los llevó hasta ahí estuvo lleno de reclamos, de denuncias y de una falta de claridad que cualquier movimiento que se precie de republicano debería haber evitado. Pero parece que, para algunos, la libertad de elegir solo vale cuando se elige a los propios.  

Así es como la “secta” —como la llamó con precisión Quinteros— se consolidó: no por mérito de ideas ni por capacidad de sumar, sino por un proceso interno que muchos calificaron de amañado y que dejó heridas abiertas. Mientras algunos trabajan para abrir las puertas de la Casa de la Libertad a todos, otros prefieren seguir administrando un club cerrado que nació de una elección denunciada y que, para muchos, nunca terminó de ser legítima.


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