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La grieta 2.0

Puente de Vaqueros: Los salteños necesitan la obra, los políticos necesitan la foto

El izado de las vigas del nuevo puente sobre el río Vaqueros encendió una feroz pulseada política entre libertarios, saencistas y peronistas.

Puente de Vaqueros: Los salteños necesitan la obra, los políticos necesitan la foto

Hace más de una década que cruzar Vaqueros se convirtió en una pesadilla cotidiana para quienes viven en el departamento La Caldera o transitan la ruta nacional 9 hacia Salta capital.

 

El viejo puente de 1913, estrecho, endeble y convertido en un cuello de botella permanente, genera caos vehicular todos los días en la avenida San Martín. Los vecinos saben de memoria lo que significa un día de lluvia fuerte: el temor a que una creciente se lleve puesto lo poco que queda de esa estructura centenaria.

Por eso, cuando el viernes 24 de abril se completó el izado de las vigas principales del primero de los dos nuevos puentes que forman parte de la Autopista de Circunvalación de Vaqueros, muchos respiraron aliviados. Al fin parecía que algo concreto avanzaba. El proyecto, que incluye dos puentes vehiculares con dos carriles por sentido y unos cuatro kilómetros de autopista, representa una de las intervenciones viales más importantes para el área metropolitana de Salta. Se estima que su costo actual ronda los 22 mil millones de pesos.

Sin embargo, lo que debería ser motivo de celebración colectiva se transformó, una vez más, en un circo político. Apenas unas horas antes del hito técnico, la senadora nacional de La Libertad Avanza, Emilia Orozco, y el senador capitalino Roque Cornejo se hicieron presentes en la obra junto a autoridades de Vialidad Nacional. Allí destacaron el “compromiso” del gobierno de Javier Milei y recordaron que los salteños habían esperado “más de cuatro años” para que las obras arrancaran en abril de 2025.

El mensaje no cayó nada bien en el arco provincial. Desde el saencismo y el peronismo salieron a responder con dureza, acusando a los libertarios de “colgarse del poncho” ajeno y de intentar capitalizar electoralmente una gestión que, según ellos, fue impulsada desde la Provincia. La senadora Flavia Royón fue una de las más duras: cuestionó el oportunismo de sacarse fotos cuando la licitación se había hecho en 2021 y las gestiones ante Nación habían sido llevadas adelante por el gobernador Gustavo Sáenz.

El propio Sáenz, en un acto en Coronel Moldes, salió a poner paños fríos con una frase que ya se hizo famosa: “No importa quién hizo las obras, son de los salteños”. Dijo, con tono cansino, que la gente está harta de escuchar “yo la hice” o “la hizo el Gobierno nacional” o “la hizo el Gobierno provincial”. “Había que hacerla”, remató. Palabras sensatas en el papel, pero que no alcanzan para tapar el espectáculo que se montó alrededor de un puente que, en teoría, todos celebran.

Una obra que nació entre demoras y amparos

La historia de esta circunvalación no empezó ayer ni con el actual gobierno nacional. Según los propios vecinos y exintendentes como Daniel Moreno, la idea se venía gestando desde 2016 en la Municipalidad de Vaqueros, mucho antes de que existiera La Libertad Avanza como fuerza política. El problema de conectividad y seguridad vial en esa zona es histórico. Miles de vehículos por día, un puente vetusto y un crecimiento urbano que transformó lo que era un paso semi-rural en un caos permanente.

En marzo de 2025, hartos de promesas incumplidas, los vecinos de Vaqueros llegaron a presentar un amparo colectivo ante la Justicia Federal para que se liberaran los fondos nacionales comprometidos en la licitación de 2021. Esa acción terminó declarada abstracta porque, meses después, se firmó un convenio entre Nación y Provincia que reactivó las transferencias. Ahí aparece el rol del gobernador Sáenz, quien gestionó directamente ante las autoridades nacionales para destrabar la obra.

Desde la Jefatura de Gabinete provincial, Sergio Camacho recordó que se trata de una obra nacional que había comenzado en 2022, se frenó y ahora la Provincia está empujando para que no se detenga otra vez. La diputada Griselda Galleguillos fue más allá y acusó directamente a Orozco de mentir al presentarse como gestora: “Gestionar no es sacarse una foto, es pelear por los recursos”, dijo.

Orozco respondió con el estilo que caracteriza al espacio libertario: sin pedir permiso y con ironía. “¿Desde cuándo hay que pedirle autorización a los gobernadores para contar lo que hace el Gobierno nacional?”, preguntó. Y agregó que con “muy poco” ya habían logrado poner incómodos a varios.

Este intercambio de reproches, que se viralizó rápidamente en redes sociales, expone un problema mucho más profundo que la mera disputa por una obra en particular.

La grieta como negocio político

En Argentina, y Salta no es la excepción, las obras públicas se han convertido en botín electoral. Cada vez que una máquina se prende o se coloca una viga, aparecen los mismos actores disputándose la paternidad. El peronismo histórico reclama la planificación y las licitaciones iniciales. El saencismo destaca las gestiones incansables del gobernador ante un gobierno nacional de otro signo. Y los libertarios, con su narrativa de “eficiencia” y “cambio”, intentan mostrar que solo cuando llegó Milei las cosas empezaron a moverse de verdad.

El resultado es siempre el mismo: más ruido, más enojo entre la gente y menos foco en lo que realmente importa. Porque mientras los legisladores se tiran dardos por Twitter y se sacan fotos con cascos amarillos, los vecinos de Vaqueros, Campo Quijano, La Caldera y miles de salteños que usan esa ruta a diario siguen padeciendo el mismo infierno: embotellamientos que hacen perder horas de trabajo o estudio, riesgo permanente de inundaciones y una conectividad que frena el desarrollo de toda la zona norte del valle de Lerma.

Es cierto que el financiamiento nacional es clave en una obra de esta magnitud. También es cierto que las gestiones provinciales muchas veces son las que destraban los fondos cuando la plata no llega o se frena por cambios de gobierno. Pero convertir eso en una pulseada de “mío” versus “tuyo” es, lisa y llanamente, una falta de respeto a los contribuyentes que pagan los impuestos que financian todo esto.

Gustavo Sáenz tuvo razón en una cosa: las obras son de los salteños. No llevan el sello de un partido ni de un presidente. Deberían ser el resultado de una decisión de Estado que trascienda las gestiones de turno. Sin embargo, el espectáculo de estos días demuestra que todavía estamos lejos de esa madurez institucional.

Lo que realmente necesita Salta

Más allá de la polémica, lo importante es que la obra no se detenga. El primer puente podría habilitarse en los próximos meses, según las estimaciones oficiales, y luego vendrá el segundo y los tramos de autopista. Ese avance debe ser monitoreado con seriedad, exigiendo plazos y calidad en la ejecución. Porque nadie quiere que, dentro de dos años, estemos discutiendo otra vez por qué se paró todo.

Los vecinos de Vaqueros ya hicieron su parte: reclamaron, insistieron y hasta judicializaron cuando fue necesario. Ahora les toca a los funcionarios y legisladores dejar de lado las poses electorales y garantizar que los 22 mil millones de pesos se traduzcan en un puente seguro, una circunvalación que realmente alivie el tránsito y una solución definitiva al problema histórico de conectividad.

La grieta política puede ser útil para movilizar bases en épocas electorales, pero cuando se trata de infraestructura básica que afecta la vida cotidiana de miles de familias, resulta patética. Los salteños no necesitan que les expliquen quién “la hizo”. Necesitan poder cruzarla sin riesgo, sin demoras y sin tener que rezar cada vez que llueve fuerte.

 

 


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