En una noche fría que rozó los 10 grados, el Monumento al General Martín Miguel de Güemes se convirtió una vez más en el corazón de Salta. La tradicional Guardia Bajo las Estrellas reunió a vecinos, familias y visitantes que no quisieron faltar al homenaje al héroe gaucho, en la víspera del 17 de junio, día en que se recuerda su paso a la inmortalidad.
Los fogones encendidos alrededor del monumento dibujaron una postal inconfundible de la vigilia güemesiana. Allí, los fortines gauchos mantuvieron la costumbre de velar al prócer bajo el cielo salteño, un ritual cargado de simbolismo que mezcla recogimiento, orgullo provinciano y memoria colectiva. Lejos de ser un simple acto formal, la Guardia Bajo las Estrellas representa la forma en que los salteños transmiten de generación en generación su identidad más profunda.
Con ponchos y mates en mano, los presentes se fueron sumando a lo largo de la noche. Algunos se acercaban en silencio a los fogones para entrar en calor, mientras otros conversaban en voz baja sobre las hazañas de Güemes y sus Infernales, aquellos gauchos que defendieron con coraje el norte argentino durante las luchas por la independencia. Turistas que llegaron especialmente para vivir la experiencia se sumaron al clima de respeto y pertenencia que se respiraba en el lugar.
El frío no fue impedimento. Al contrario, pareció reforzar el espíritu de la vigilia. Gauchos a caballo y a pie custodiaron el monumento con la firmeza que caracteriza a los homenajes provinciales, recordando el temple con el que Güemes y sus hombres enfrentaron las adversidades hace más de dos siglos.
El punto más emotivo de la noche llegó con el tradicional cambio de guardia, un momento cargado de solemnidad y respeto que cada año emociona a quienes participan. Esta ceremonia forma parte central de los actos del Mes Güemesiano y sirve como antesala a los homenajes oficiales del 17 de junio.
La vigilia se extendió hasta la medianoche, hora en la que se realizó el acto central. En medio de los símbolos patrios, las banderas celestes y blancas flameando al viento y la presencia imponente de los fortines, los salteños volvieron a ratificar su compromiso con la figura del general que marcó la historia de la provincia y del país.
Más allá de las luces y las cámaras, lo que se vivió fue un encuentro genuino entre el pueblo salteño y su héroe. Una noche en la que, pese al frío y a otras distracciones nacionales, Güemes volvió a ser el centro de la atención en su tierra.