El escritor Hernán Casciari rompió el silencio tras la denuncia penal presentada por un grupo de inversores contra él y su productora, Orsai Audiovisuales, por presunta estafa y administración fraudulenta. A través de un video publicado en sus redes sociales, defendió el modelo de financiamiento colectivo utilizado para desarrollar películas y series, reconoció fallas en la gestión y aseguró que nunca existió una intención deliberada de perjudicar a quienes aportaron dinero.
La presentación judicial fue impulsada por un conjunto de inversores que se identifican como Productores Organizados. Los denunciantes cuestionan el manejo de los fondos destinados a distintos proyectos audiovisuales y reclaman mayor transparencia en las rendiciones de cuentas, además de explicaciones sobre los resultados económicos obtenidos.
Según los planteos incluidos en la denuncia, algunos participantes recibieron retornos que no superaron el 2% del capital invertido. Esta situación generó malestar entre los aportantes y abrió un conflicto en torno a las condiciones de participación, la administración de los recursos y las obligaciones asumidas por la productora.
La causa quedó radicada en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N.º 34, con intervención de la Fiscalía N.º 16 de la Ciudad de Buenos Aires. La denuncia plantea presuntas irregularidades que deberán ser examinadas en el ámbito judicial, sin que ello implique, por sí mismo, que los hechos denunciados estén probados.
Ante la repercusión pública del caso, Casciari decidió dar su versión de los acontecimientos y cuestionó que el funcionamiento de Orsai sea interpretado como un esquema montado deliberadamente para engañar a los inversores.
“Una persona que estafa, o un proyecto que estafa a otras personas, primero actúa con premeditación”, sostuvo el escritor al explicar por qué considera que lo ocurrido no responde a una maniobra fraudulenta. En esa línea, afirmó que resulta “absolutamente ridículo” pensar que él o alguien de su equipo se haya levantado una mañana con la intención de perjudicar económicamente a los participantes.
Durante su descargo, el autor insistió en que el problema estuvo relacionado con errores de gestión y con la falta de capacidad para llevar adelante uno de los proyectos de la manera esperada. Su argumento central fue que los resultados negativos no deben confundirse con una conducta planificada para defraudar a quienes confiaron su dinero en la iniciativa.
El reconocimiento de errores en Orsai
Casciari también repasó la trayectoria de Orsai, un proyecto cultural que, según recordó, lleva alrededor de dos décadas de actividad. Durante ese tiempo, la iniciativa impulsó diferentes propuestas vinculadas con la literatura, la producción editorial, la formación y el entretenimiento.
Entre sus actividades mencionó la publicación de libros, revistas culturales sin publicidad, talleres de escritura, obras teatrales, películas y el desarrollo de una escuela propia. Con ese recorrido como argumento, buscó explicar que la productora no se limita a una única actividad ni surgió exclusivamente alrededor de los proyectos audiovisuales que ahora están bajo cuestionamiento.
El escritor señaló que el equipo suele trabajar en siete u ocho iniciativas de manera simultánea y reconoció que una de ellas tuvo resultados adversos.
“Tenemos alrededor de siete u ocho proyectos siempre al mismo tiempo. Y hubo uno que salió mal. Eso es todo lo que pasó. No supimos hacerlo bien”, expresó.
Con esa declaración, Casciari admitió que hubo dificultades para concretar los objetivos previstos, aunque rechazó que esos problemas constituyan una prueba de que existió una intención de estafar. La diferencia entre un proyecto que fracasa por errores y una maniobra fraudulenta es uno de los ejes centrales de su defensa pública.
Sin embargo, el planteo del escritor no elimina los interrogantes que expresaron los inversores. Las diferencias sobre la administración de los fondos, las expectativas de rentabilidad y la información proporcionada a los participantes forman parte del conflicto que deberá analizarse a partir de la documentación y de las actuaciones correspondientes.
“Pasé todo 2025 pidiendo disculpas”
Otro de los puntos que Casciari abordó en su mensaje fue el vínculo con los aportantes afectados por los resultados de los proyectos audiovisuales. Según explicó, durante 2025 mantuvo conversaciones con socios e inversores para reconocer los problemas y ofrecer disculpas por lo sucedido.
“Nos equivocamos en un montón de cosas, se los dije, pero nos equivocamos de buena leche, por querer hacer, por querer encontrar formas diferentes de hacer las cosas alrededor de los proyectos culturales”, afirmó.
El escritor sostuvo que esas disculpas se realizaron de manera directa, incluso mediante conversaciones individuales con los participantes. De acuerdo con su relato, el objetivo fue dar explicaciones sobre los errores cometidos y asumir la responsabilidad por las decisiones que no tuvieron los resultados esperados.
La declaración busca mostrar que, desde su perspectiva, existió una voluntad de reconocer las dificultades y mantener el diálogo con quienes financiaron las iniciativas. Al mismo tiempo, la controversia deja en evidencia las tensiones que pueden surgir cuando los proyectos culturales recurren a aportes privados y los resultados económicos no coinciden con las expectativas de quienes participan.
El financiamiento colectivo permite reunir recursos de numerosas personas para producir contenidos que, de otra manera, podrían tener dificultades para concretarse. Sin embargo, cuando los aportes están asociados a una participación económica, también resulta fundamental establecer con claridad las condiciones de inversión, los riesgos, los plazos y los mecanismos de rendición de cuentas.
En ese contexto, el reclamo de Productores Organizados apunta a obtener información transparente sobre el destino de los fondos y los resultados de los proyectos en los que participaron. La respuesta de Casciari, en cambio, pone el acento en los errores de gestión y en la ausencia de una intención deliberada de cometer un delito.
Una disputa que deberá resolverse en la Justicia
El caso tomó repercusión por la trayectoria pública de Casciari y por el interés que despertaron los proyectos de Orsai, vinculados con la producción cultural y audiovisual mediante modelos de participación colectiva.
La denuncia penal introduce una dimensión judicial en un conflicto que también involucra expectativas económicas, confianza y responsabilidad en la administración de recursos. Mientras los inversores reclaman explicaciones y cuestionan los retornos obtenidos, el escritor sostiene que el proyecto atravesó dificultades que no deben interpretarse como una estafa.
Por ahora, las acusaciones forman parte de una presentación judicial y deberán ser evaluadas por las autoridades competentes. La existencia de una denuncia no equivale a una condena ni determina por sí sola la responsabilidad penal de los denunciados.
Con su descargo público, Casciari buscó fijar posición frente a las críticas, reconocer que hubo decisiones que no salieron como esperaba y defender la trayectoria de Orsai. La evolución de la causa y el análisis de la documentación serán determinantes para esclarecer las responsabilidades y responder a los cuestionamientos planteados por los aportantes.