MÁS DE CULTURA



Teatro

Coronavirus, ecología y pacto con el diablo: la Fura dels Baus muestra una nueva ópera para el siglo XXI

El director catalán Carlus Padrissa, fundador del mítico grupo de teatro de vanguardia, habló sobre esta original puesta de “El cazador furtivo”, presentada en Berlín dos siglos después de su estreno.

Puesta de la ópera "El cazador furtivo", por La Fura dels Baus
Puesta de la ópera "El cazador furtivo", por La Fura dels Baus

“Siempre digo que uno tiene que pactar con su propio diablo, porque si no lo haces eres un infeliz”. En una sola frase, el cofundador de La Fura dels Baus Carlus Padrissa sintetiza buena parte del sentido que encierra su versión de la ópera El cazador furtivo. Fue puesta en escena en la antigua Schauspielhaus, hoy Konzerthaus de Berlín, en 2021 como un homenaje a su compositor, Carl Maria von Weber y se podrá ver este domingo 31 de julio, a las 17:30 (hora argentina), por la señal de cable Film&Arts.

Desde su llegada al mundo de la ópera en 1996, con La Atlántida -una cantata escénica de Manuel de Falla cuya realización condujo en colaboración con Álex Ollé y el artista plástico Jaume Piensa- el director catalán lleva estrenados más de 40 títulos que llevan el sello de una revolucionaria compañía de teatro que en 1979 irrumpió en la escena, con una propuesta transgresora y provocativa que mantiene como una de sus marcas de identidad.

Un respaldo que inclinó la balanza a su favor en 2019, cuando las autoridades de la prestigiosa sala de conciertos alemana decidieron celebrar a lo grande los 200 años de su inauguración, con la misma obra con la que abrió sus puertas. Sin embargo, la pandemia cambió los planes de Padrissa, quien había imaginado una puesta que integraba al público con los artistas, al mismo tiempo que se coló una reinterpretación “ecologista” del argumento.

Cambio de planes, una plaza emblemática y el encanto del romanticismo

“Fue una pena. Esto había que hacerlo en la fecha prevista, ya que coincidía con el aniversario de la obra, estrenada en ese mismo lugar, a la misma hora y dirigida por el propio Carl Weber. Pero tuvimos la mala suerte que 200 años después, por el COVID, no era posible hacerlo en un espacio cerrado con público. De modo que la gente estuvo fuera, en una plaza muy bonita, viendo la transmisión en directo”, cuenta Padrissa desde su apartamento en El Masnou, hacia el norte de Barcelona.

El Gemäldegalerie, predio en el que estaba emplazado el histórico Teatro Real berlinés, tiene para el director una particularidad que resalta. Invoca la guerra de los Treinta Años, una de las más sangrientas de la historia de Europa, que si bien en un comienzo enfrentó a estados partidarios de la reforma y la contrarreforma dentro del propio Sacro Imperio Romano Germánico, culminó como una lucha por la hegemonía europea entre grandes potencias.

“Después de tantos años de guerra, lograron la paz e hicieron la plaza con una catedral católica en un extremo y una protestante en el otro. Y en el medio, construyeron una sala para escuchar música. O sea que están las dos religiones que fueron fuente de guerras y entre ellas, como para poner paz y equilibrio, una sala de conciertos, para escuchar música”, agrega Padrissa, de 63 años.

Y cierra: “Las dos catedrales son muy parecidas, como las religiones. Sólo que en una puedes pecar y pedir perdón y la otra no te perdona. En medio de ambas, está la sala de concierto para que se encuentren quienes gustan de la música, sean de una religión o de la otra”.

En el universo del realizador, el cuadro se completa con la relevancia de El cazador furtivo como punto de partida de la ópera romántica. Entonces, explica que el tiempo en que fue concebida la obra se trató de “una época muy bonita de la historia”. Y refuerza la idea citando el encuentro que Napoleón mantuvo con Wolfgang von Goethe, el 12 de octubre de 1808.

“Todos reconocían que el romanticismo era lo más innovador que había. Ese amor por la naturaleza, ese amor de alguna manera rebelde y salvaje. Fuera de los cánones. El romanticismo irrumpe y es la moda. En los ‘80 aparecieron los ‘nuevos románticos’; pero éstos eran los románticos de verdad”, dice.

Una obra del siglo XIX con ojos del XXI

Para llevar adelante su tarea, Padrissa contó con la colaboración de Esteban Muñoz, un “asistente de lujo” nacido en Valdivia (Chile) y radicado en Alemania, adonde llegó en 2011 para estudiar. “Es un chico que de pequeño había hecho teatro de ópera con sus hermanas. Hizo La flauta mágica con ellas. La suya es una historia muy parecida a la de Gerard Mortier, de quien dicen que con sus hermanas había hecho teatro de ópera”, detalla.

Juntos, llevan siete años de colaboraciones, que incluyen versiones de Turandot y de algunas óperas nuevas en alemán con liberto de Peter Sloterdijk. “Ha sido una gran colaboración, y como ésta es una obra tan importante, Muñoz tomó el texto y se ocupó mucho de darle una forma y de simplificar, en algunos casos”, señala el director, que compartió la conducción con Christoph Eschenbach al frente de la Orquesta del Konzerthaus y los coros de la radio de Berlín.

Junto a ellos, y al frente de un elenco que se debatió entre grúas, cámaras, paneles, músicos en escena y una escenografía en la que la iluminación y las proyecciones cumplieron un rol esencial, el tenor wagneriano Benjamin Bruns como Max, la fantástica soprano trinitense Jeanne de Bique como Agatha, su par austríaca Anna Prohaska como Anchen, y los locales Christof Fischesser como Caspar y Wolfgang Jäntsch como el demonio Samiel.

—Leí en alguna entrevista que la aparición del coronavirus se coló en tu reinterpretación de El cazador furtivo, y siguiendo el texto de la obra noté algunos cambios o esa simplificación que mencionás. ¿Hasta dónde, desde tu rol, uno puede tomarse la libertad de intervenir sobre obras de este tipo?

—Según la ley de derechos de autor, cuando una obra tiene más de 80 años de creada, o 70 según el país, su creador pierde los derechos y pasa a ser universal. De modo que una obra que tiene ya tantos años uno puede cambiarla como quiera, porque pertenece a la humanidad; y puede quitar o poner, evidentemente reconociendo al autor. ¡No sea que le vayas a poner otro nombre!

—Eso se llamaría plagio.

—Claro. Pero la historia de El cazador furtivo es tan bonita, y es notable cómo influenció a tanta gente. Yo, que he tenido la suerte de hacer la tetralogía de (Richard) Wagner El anillo del Nibelungo, de alguna manera reconocía en ella trozos de Webber. Y entre ellos, de El cazador furtivo, principalmente cuando están en la cañada de los lobos.

Creo que el mismo Wagner, que escuchó esta obra cuando era muy joven –nació en el 1813–, comenzó a hacer ópera por ella. Seguramente por la cañada de los lobos, que es el pasaje más surrealista, cuando se encuentra con el diablo y le cuenta lo de las siete balas, la siete de las cuales falla.

Y es tan buena esa música, que ha influenciado tanto, que nosotros hemos sacado y cambiado algo del texto, para darle un poco más de dinamismo, pero la obra la hicimos igual. Eso es lo que hizo Esteban Muñoz; pero musicalmente la hicimos exactamente igual, porque se trataba justamente de homenajear a la obra en un aniversario muy especial.

—La Fura tiene la cualidad de proponer un teatro muy físico, en contacto directo con un público que aquí no estuvo presente ¿Cómo se mantuvo la intensidad de la actuación sin ese elemento tan importante para tus puestas?

—Fue diferente, para nosotros; pero no había otra. Lo que sí les cierto es que con el equipo de video trabajamos muy estrechamente. Hicimos un encuentro de una semana en Barcelona, en un sitio también boscoso porque queríamos darle esa idea de los bosques de Alemania, de Bohemia. Hacíamos referencia a estos bosques que son tan antiguos y que ahora se están muriendo por el pacto del hombre a odiarlos.

—¿Es allí donde entra en juego el abordaje ecologista?

—Sí. Hacíamos esta analogía entre el hecho de que hay siete balas, y una falla. Las demás aciertan pero hay una que falla. Y cuando hay una que falla ya no vale la pena hacerlo, porque al fin y al cabo, el progreso es eso. Son siete balas y una de ellas falla. Pero ésta es la que te rompe todo. La rompepelotas, le digo yo. Porque, tú imagínate: van nueve camiones cisterna con gasolina y hay uno que choca, se destruye, se incendia, hace un agujero negro y quema un bosque entero. Entonces, ya no vale la pena tener los otros.

Eso es lo que dice la obra: que al fin y al cabo pactar con el diablo es mal asunto. Yo he trabajado mucho a Goethe y su Fausto. Hicimos varias obras, inclusive una película, con Miguel Ángel Solá, que hace el personaje de Fausto. Y siempre es como que al final es un pacto obligatorio que tienes que hacer con tu propia razón. Con tu psique.

O sea: nosotros somos razón y psique. Somos razón y sueños. Y cualquier noche se nos aparecen esos sueños salvajes, que según Freud vemos que siempre corresponden a una respuesta a un tipo de represión, o de… Siempre hay un por qué. Por eso siempre digo que uno tiene que pactar con su propio diablo, que no deja de ser su propia psique. Y tienes que pactar, porque si no lo haces eres un infeliz.

Con el tema de las balas, esto es mucho más claro. No debería fallar ninguna. Pero si una lo hace, entonces vamos mal.

—¿Podemos decir que una séptima bala que falló es el COVID?

—Exactamente. O, si construyes siete centrales nucleares, pues hay una que falla y ya estamos jodidos, porque te puede joder todo. No es un buen negocio.

La pandemia y el aprendizaje que no fue

—Cuando comenzó la pandemia se instaló una expectativa de que serviría para que aprendiéramos algo como sociedad. Muchos artistas a los que entrevisté en ese momento eran muy optimistas al respecto. ¿Aprendimos?

—Creo que lo que ha pasado es que nos hemos impacientado y lo que hemos hecho es no haber aprendido nada. Viendo cómo esta el mundo, otra vez con la guerra esta que está aquí en Europa, las cosas que están pasando por allí, vemos que desgraciadamente no hemos aprendido nada. O, por ahí, sí. Pero yo estoy tan cerca de la película que no me doy cuenta. La impresión general es que estamos peor.

Primero tuvimos esa recesión, en 2007, 2008, hasta el 2011, a la que más o menos sobrevivimos; pero luego, ya cuando te pilla el coronavirus y empieza la guerra ésta, que tiene unos efectos devastadores… Teníamos un equilibrio que hemos perdido. Ahora parece que cambia todo; tenemos una nueva industria que nace, los nuevos millonarios tecnológicos y digitales, sale el Tesla, salen los chinos…

Estos cambios siempre vienen para bien, porque cambian un poco el statu quo. Pero, ¡madre! ¿Quién iba a pensar que comenzaría una guerra así? Y ahora vamos a pasar otra vez hambre. Ojalá me equivoque. Porque hay uno que la liga, que es la víctima, pero siempre hay un tercero que sin quererlo ni beberlo, que creo que van a ser los países de África, los más pobres…

La fórmula de La Fura: trabajo + ganas + suerte

—¿Cómo se hace para seguir respondiendo a las expectativas de lo novedoso, de lo provocador y creativo que despiertan La Fura y tu nombre propio, después de tantos años? ¿Es una presión adicional?

—Es imposible. Somos personas humanas. ¡Lo que me extraña es que hayamos durado tanto! Un grupo normal, pues no sé… En la vida tienes estaciones, y están aquellas en las que funciona y otras en las que no. Pero lo verdaderamente mágico es que hayamos durado tanto tiempo siendo precisamente lo que somos, un grupo heterodoxo.

No hemos parado de hacer obras, de buscar siempre cosas nuevas para hacer. Hemos hecho más de 100 producciones, por decir; sólo de óperas ya hemos hecho 40 o más. El tema es siempre intentar. Pero también hemos tenido mucha suerte. La suerte es muy importante.

—¿Hasta qué punto lo es?

—Mira, ayer hemos celebrado aquí en Barcelona el 30 aniversario de las olimpiadas. Tuvimos la suerte de ser de aquí, porque las aperturas las hace la gente de cada lugar; y estar ahí cerca, en el ‘92, que confiaran en nosotros para que participáramos y hacerlo. Y fue como una conquista histórica de todos los que participaron. Hubo unos 3.500 voluntarios, gente de escuelas, unos que hacen castillos, otros que hacen gigantes, otros que eran simplemente deportistas…

Nosotros habíamos hecho un barco que navegaba supuestamente por un mar, y los que lo empujaban, que estaban ahí adentro y a quienes nadie veía, eran integrantes de tres equipos de rugby, ¡que eran unos tíos con unas espaldas! Remaban como contra corriente, dando dos pasos para adelante y uno para atrás. Entonces, tenías que tener las piernas muy fuertes para llevarlo. A esos tíos no los debemos haber visto de nuevo en nuestras vidas.

Y ayer la gente se abrazaba por la calle. Porque nadie pensaba que en un lugar como España con gente… Somos gente latina, ¿no? Un poco irresponsables, un poco inconstantes… Y fuimos capaces de hacer algo bien, por una vez.

—¿Resultó?

—Sí, y es una cosa que interviene mucho la suerte. Pero también las ganas que uno tiene de buscar nuevos retos y de trabajar. De no dormirse en los laureles; salir del lugar del placer, relativamente. Siempre es un poco relativo, porque hemos tenido hijos, hemos formado familias, y a veces también tenemos otras cosas que hacer.

Pero aun así hemos estado forzando bastante la cosa, con el plan de enfrentar nuevos desafíos, no dormirse ni vivir sobre las cosas que ya hicimos. Siempre tenemos que volver a inventar.

Del Naumon a La Naumon: el barco itinerante que se hizo trans

En 2003, la Fura dels Baus tomó el Naumon, un rompehielos noruego botado en Noruega en 1965 que antes había sido bautizado Horst, primero, y Arold después, como buque insignia de su proyecto de convertir una nave en un escenario itinerante para sus creaciones, y de ese modo llevarlas por distintos puertos convocando al público a su propio terreno. Acuático.

A bordo del Naumon, La Fura montó diferentes espectáculos y emprendió travesías que hicieron escala en sitios tan diversos y distantes como Génova, Venecia, Beirut, Newcastle y la mismísima Taiwán, no sin algún accidente de por medio. De los náuticos y también de los financieros. Sin embargo, nada detuvo el plan inicial, que con algunas modificaciones y retoques, no sólo siguió sino que continúa en pie.

Es que, aunque el viejo Naumon haya entrado a desguace y la nueva criatura sea de fabricación alemana, cambian los fierros pero no la idea ni el espíritu que inspiró la aventura de hacerse a la mar. Aunque sí, también, el nombre.

“¡Hombre! Ahora le llamamos La Naumon. Es un barco trans”, exclama Padrissa. Y sigue: “El filósofo (Rafael) Argullol, que es el que hizo ese libro tan bonito La atracción del abismo, y también El fin del mundo como obra de arte, es el que dijo: ‘La Naumon, la nave del mundo’. Y así le hemos puesto: La Naumon”, cuenta el artista.

Entre otros detalles, el sitio www.exponav.org señala que “la Naumon se ha inspirado en el primer viaje alrededor del mundo de Magallanes y Elcano, y que inicialmente navegará por puertos de España y Portugal intentando concienciar a los ciudadanos sobre el cuidado del planeta mediante espectáculos, conferencias y otro tipo de actividades”.

“La cubierta de La Naumon será un gran escenario de más de 250 metros cuadrados, y cuya bodega, gracias a 18 contenedores pintados de colores, se ha transformado en un espacio para exposiciones y actuaciones con capacidad para 600 personas. Se espera, según sus creadores, que este buque tenga gran sensibilidad respecto al cambio climático y el desarrollo sostenible, y por ello se abrirá a todas aquellas personas interesadas en este tema. La propuesta de La Fura es hacerlo más sostenible volviendo a utilizar, como hizo Elcano, el viento, la propulsión tradicional, aunque esta vez solo de forma parcial como elemento propulsor”, explica la publicación.

Y antes de despedirse, Padrissa cierra con un pronóstico alentador: “Con ese barco no vamos a parar hasta llegar a Sudamérica. Vamos a ir por ahí, por todos los rincones que haya. Y yo he insistido especialmente en este proyecto, porque nunca había ido a Sudamérica. Y allí iremos en los próximos años”.

*Film&Arts presenta la reinterpretación ecologista de la ópera de Carl Maria von Weber “El cazador furtivo” de la mano del grupo catalán La Fura dels Baus. Estreno el domingo 31 de julio a las 17.30 hs (Arg). Film&Arts está disponible en Argentina por Cablevisión (HD 457), Direct TV (746), Telecentro (520/HD 1086), Movistar TV (HD 611), Claro TV (333) y Supercanal (434).


¿Te gustó la noticia? Compartíla!