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Mundial 2026

¡Agónico triunfo de Brasil en la última del partido ante Japón!

Martinelli clavó el 2-1 en el último minuto ante Japón y la Canarinha está entre los 16 mejores del mundo. Espera por Noruega o Costa de Marifl.

¡Agónico triunfo de Brasil en la última del partido ante Japón!

Con la camiseta más que con juego. Con la vergüenza más que con las ideas. Con una Vinidependencia total. Con la complicidad de un rival que no le dio para hacer historia. Brasil pasó a octavos con un gol inesperado a un minuto del suplementario. Japón se quedó sin nada a pesar de que coqueteó gran parte del partido con la hazaña. Houston, el Scracht estaba en problemas y pasó en la última de la última.

Japón sabía que la historia, más que su realidad futbolística, obligaba a Brasil a salir como protagonista. Y el Scracht pisó el estadio de Houston avasallante. No tanto en las llegadas sino con una actitud que parecía metería el segundo antes que el primero. Pero, si algo tienen los japoneses, es paciencia como para aguantar el primer sofocón y esperar su momento.

Momento que llegaría cuando los minutos expusieron problemas bases de Brasil. Con dos laterales que no atacan -como históricamente lo han hecho- ni tampoco defienden. Japón se adelantó, confió y empezó a presionar en bloque intensamente. Primero un error de Casemiro que quedó en nada, luego otro de Douglas Santos. Hasta que llegó la pifia de Danilo que Kaishu Sano transformó en golazo. Aceptó el regalo, encaró entre dos a mucha velocidad y sacó un derechazo letal.

 

La alegría de los brasileños (REUTER). La alegría de los brasileños (REUTER).

 

Vini era más lo que amenazaba que lo que concretaba. Paquetá como las últimas versiones de Paquetá, un indolente. Casemiro corriendo mal la cancha y los hinchas brasileños que no salían de su sorpresa. Japón ya no era ese que esperaba y nada más…

Ancelotti leyó rápido que había que sacar a Paquetá (además lesionado) y a la par ocurrieron dos cosas fundamentales: por un lado, Vini se puso en modo Real Madrid y por el otro, Japón cometió el error de volver al esquema del comienzo: aguantar y ver si salía una contra. Y justamente, darle la pelota a Brasil -aunque sea esta versión de Brasil- es pegarse un tiro en el pie.

La Canarinha tuvo quince minutos de esos que dan miedo. Duró poco, pero lo suficiente para que Vinicius hiciera destrozos y que Casemiro, que venía jugando un partido de discreto para malo, equilibrara con un buen gol de Cabeza. A Japón lo habían salvado los centrales, el arquero, mil carambolas pero así no podía susbistir en la Copa del Mundo.

Suena raro decirlo, pero al final el gol les hizo bien a los japoneses, que mientras los brasileños festejaban, se juntaron a hablar todos juntos en mitad de cancha. No necesitaban que el técnico les avisara que debían volver a intentar lo que les había permitido jugarles de igual a igual ante su rival. Presión, salida rápida y vertical, apostar a Ueda, ese 9 que juega con la 18 en la espalda y no perdió ni un duelo con los centrales brasileños.

 

La alegría de los brasileños (AP). La alegría de los brasileños (AP).

 

Brasil siguió siendo el protagonista, es cierto, pero Japón tuvo un par de contras y más posesión como para advertir que estaba en cancha. La Vinidependencia era total, pero había partido nuevamente. El tema es que a Japón, esto de faltarle el respeto a un grande, nunca lo sintió. No combina con su idiosincrasia. La camiseta verdeamarela fue demasiado para ellos. Y a dos minutos del final cometieron un error, luego de haber recuperado la pelota, que terminó en los pies de Martinelli.

Los octavos ya tienen a Vini y compañía. Les alcanzó con algunos minutos de buen juego y con que el rival todavía no esté preparado para semejante desafío de bajar un grande. Ahora, Brasil aún no ha aparecido en el Mundial. Se viene Noruega o Costa de Marfil en la siguiente instancia.


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