La causa que investiga un presunto abuso sexual grupal en el marco de un ritual de iniciación dentro de un equipo de hockey sumó un nuevo capítulo con las declaraciones indagatorias de las diez jugadoras imputadas. Ante la fiscalía, todas coincidieron en una misma línea defensiva: negaron que haya existido coerción o situaciones de violencia y aseguraron que las actividades fueron consentidas por quienes participaron.
El expediente, que se originó tras la denuncia de una adolescente de 16 años, se encuentra en una instancia clave. La acusación está encuadrada como abuso sexual simple agravado por la participación de varias personas, una figura que prevé penas severas en caso de comprobarse los hechos. Sin embargo, por el momento, las imputadas continúan en libertad mientras avanza el proceso judicial.
Durante las indagatorias, las deportistas describieron el denominado “bautismo” como una práctica habitual dentro del equipo, orientada —según su versión— a integrar a las nuevas jugadoras. En ese sentido, insistieron en que ninguna de las participantes fue obligada a intervenir y que existía la posibilidad de retirarse en cualquier momento si así lo deseaban.
Uno de los puntos que generó mayor atención dentro de la investigación fue la confirmación de que existieron registros audiovisuales del ritual que luego fueron eliminados. De acuerdo con el testimonio de una de las imputadas, la decisión de borrar fotos y videos habría sido tomada a pedido de las propias jóvenes que formaban parte de la actividad, con el objetivo de evitar la difusión del contenido en terceros dispositivos.
Respecto al estado de la denunciante durante el desarrollo del ritual, las jugadoras coincidieron en que no observaron señales de incomodidad. Según sus declaraciones, la adolescente se mostró “bien” a lo largo de la jornada, sin manifestar rechazo hacia las dinámicas propuestas, salvo una situación puntual vinculada a una prenda con picante, ante la cual —según indicaron— decidió no recibir ayuda.
En cuanto a las prácticas mencionadas en la causa, las imputadas brindaron detalles sobre algunos de los juegos que forman parte de este tipo de iniciaciones. Entre ellos, describieron dinámicas con alimentos que, según afirmaron, se realizaban sobre la ropa y sin contacto con zonas íntimas. También remarcaron que no hubo uso de la fuerza ni situaciones que pudieran interpretarse como agresivas.
Otro de los aspectos que surgió en las declaraciones fue la descripción del recorrido del ritual, que incluía desplazamientos en posiciones poco habituales y consignas vinculadas a disfraces o elementos simbólicos. En ese marco, se mencionó un episodio en el que una de las jóvenes se retiró momentáneamente por una reacción adversa ante un estímulo, aunque luego regresó por decisión propia.
La estrategia de la defensa apunta a consolidar la idea de que se trató de una actividad grupal tradicional dentro del plantel, sin connotaciones de abuso. En esa línea, el entorno de las imputadas también sostiene que los hechos fueron malinterpretados y niega que haya existido desnudez o situaciones de vulneración.
A pesar de estos planteos, la investigación continúa su curso. La fiscalía mantiene la imputación apoyándose en el relato de la denunciante y en las pericias realizadas hasta el momento, que serán determinantes para establecer si existieron conductas delictivas.
El caso sigue generando repercusión y abre un debate más amplio sobre los límites de los rituales de iniciación en ámbitos deportivos, especialmente cuando involucran a menores de edad. Mientras tanto, la resolución judicial todavía está en construcción y dependerá del análisis integral de todas las pruebas reunidas.