Esta vez los penales, los benditos penales que tanta gloria le dieron a Boca, empezaron un rato antes de la serie que terminó con una victoria sufrida hasta desde los 12 pasos y que se definió gracias a los dos tiros que atajó Álvaro Montero.
Poco antes, esa angustia del insospechado final de los 90 minutos fue tal vez lo mejor de un partido que no dejó demasiado en el 0-0 entre Boca y Vélez. Con la salida de Leandro Paredes con una molestia que preocupó a todos, la contra letal de Vélez que no pudieron frenar los centrales xeneizes y la salida arrebatada del arquero cometiendo un penal que parecía sentenciar el duelo. Fue ahí y no tras el pitazo final que empezó la tanda, jugándose ya el descuento de un partido que terminó con Boca festejando gracias a que Dilan Godoy acertó el palo y le dio una vida extra a los del Vasco Arruabarrena un rato antes de pasar a los cuartos de final de la Copa Argentina.
En el partido, el respeto mutuo se vio en buena parte del primer tiempo, sobre todo en los primeros 20 minutos, en los que los arcos quedaban lejos y los errores de tres cuartos de cancha en adelante fueron lo más recuerrente cada vez que uno de los equipos se imponía en la mitad de la cancha. El duelo entre el Ruso Ascacibar y Rodrigo Aliendro encontraba a Leandro Paredes algo libre para recibir, pero eso también era porque el capitán xeneize se la pasó buscando un lugar permanentemente.
Así, de sus pies empezaron a surgirle chances a su equipo, que terminó teniendo las chances más claras en esa etapa. Con los pases filtrados del 5, con la conducción inteligente y buena conexión con Villa y la movilidad de sus volantes llegadores, Boca debió irse ganando al entretiempo. Lo tuvo Belmonte pese a que le quedó largo un pase al medio de Merentiel y volvió a tenerlo el autor del gol agónico ante Lanús tras una asistencia perfecta de Blanco en posición de 9, pero en esa -que fue la más clara hasta ahí- le erró a un arco sin Marchiori, que ya estaba vencido.
Fueron esas, más un cabezazo en contra de su arco de Elías Gómez que sorprendió a su arquero aunque haya respondio bien, algún otro avance menor y la última antes de los 45, en la que Merentiel pudo haber capitalizado una mala salida de Vélez pero eligió buscar un buen ángulo en lugar de patear al arco.
El segundo tiempo empezó ya con esa tendencia de superioridad xeneize, que se creyó eso de ser mucho más y lo fue desde la prepotencia y de jugar en campo contrario casi todo el primer cuarto del complemento. En la más clara por esos minutos, una serie de rebotes pudo haber sido el primero, pero tampoco. En esa jugada, precisamente, Villa le dio al arco pero rebotó en Merentiel. Y ya se evidenciaba que el 9 (el 16) andaba torcido.
¿Vélez? Poquito, cada vez menos por esos minutos. Apenas firmeza en defensa y buena salida de sus laterales más lo que en el medio peleaban y aportaban Robertone y Aliendro. Pero poco más desde ahí, por una noche floja de Lanzini y Pellegrini y porque a su flamante 9 (Ronaldo Martínez) no se le puede pedir tampoco que sea esa pieza que le faltaba a los de Guillermo en apenas tres días con sus compañeros.
Casi del único error del firme Jagger Herrera (en realidad, un mal pase en una zona poco comprometida), Boca quedó mal parado y Di Lollo perdió con Dilan Godoy, a quien Montero le atoró lo que pudo haber sido una chance clarísima para el Fortín. Momento exacto ese -unos minutos antes, en realidad- en que el trámite ya dejó de ser del Xeneize. Y por lo que quedó en evidencia que el dominio, la comodidad en el partido y lo poco que ya estaba sufriendo Vélez a esa altura tenían que ver con una postura de los de Guillermo de esperar que el que proponga sea Boca.
Pero en definitiva, no le alcanzó a ninguno para desnivelar. Sí lo mereció Boca por puntos, claro que pudo ser de Vélez por la chance del penal agónico. Pero -al fin y al cabo- con la preocupación que ambos tenían por perder, el desenlace por penales pareció la crónica de un final anunciado. Un lugar tan común como que Boca avance en una competencia ganando por esa vía, la que a pocos de los más de 30 mil hinchas que coparon el Kempes le deba importar.
Para adelante, el Vasco ya sabe que tiene más tiempo con una alegría a cuestas para seguir armando el equipo. Y su rival seguirá batallando en un sólo frente, sabiendo que debe animarse más si quiere conseguir coronar en este fútbol bendito de definiciones a puro mano a mano.