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Fiesta Xeneize

Boca desató euforia en Salta

Una multitud recibió al equipo azul y oro en la previa del duelo de Copa Argentina. Riquelme fue el más ovacionado.

Boca desató euforia en Salta

El arribo de Boca Juniors a Salta convirtió la tarde del lunes en una verdadera fiesta para los hinchas locales. Desde temprano, cientos de fanáticos se concentraron en las inmediaciones del hotel Sheraton, detrás del Monumento a Güemes, para recibir al plantel azul y oro con banderas, cánticos y aplausos que resonaron por toda la zona céntrica.

El micro del club porteño avanzó lentamente entre la multitud, mientras los hinchas no dejaban de gritar y sacar fotos. La emoción alcanzó su punto máximo cuando apareció Juan Román Riquelme, presidente y máximo ídolo de la institución, quien fue ovacionado con un entusiasmo que se sintió en cada rincón de la ciudad. Para muchos, su presencia es el símbolo del carácter histórico de Boca, capaz de movilizar multitudes incluso fuera de Buenos Aires.

La llegada del equipo se da en la antesala del compromiso por los 32º de final de la Copa Argentina, que se jugará este martes en el estadio Padre Ernesto Martearena frente a Gimnasia y Esgrima de Chivilcoy. La expectativa en Salta es enorme: cada vez que Boca pisa suelo salteño, la provincia se transforma en un escenario de pasión futbolera, y esta no fue la excepción.

El clima previo al partido estuvo cargado de entusiasmo, con hinchas de todas las edades que llegaron con camisetas, bufandas y globos azul y oro. Muchos compartieron fotos y videos en redes sociales, mostrando cómo el centro de Salta se llenaba de cánticos tradicionales de la hinchada xeneize, como “Dale Boca, dale Boca, dale Boca” y aplausos que no cesaban ante la llegada de cada jugador.

Si bien gran parte del plantel está presente, algunas figuras quedaron afuera del viaje, entre ellas Leandro Paredes, Edinson Cavani y Exequiel Zeballos, quienes no serán parte del duelo frente al equipo bonaerense. Esto no menguó la expectativa de los seguidores locales, que aseguran que cada visita de Boca es una oportunidad única para ver a sus ídolos de cerca.

El hotel Sheraton, ubicado estratégicamente detrás del Monumento a Güemes, se convirtió en el epicentro de la emoción. Allí, las familias, grupos de amigos y fanáticos veteranos esperaron durante horas para ver el ingreso del micro, mientras los comerciantes de la zona aprovecharon la ocasión para ofrecer comida, bebidas y merchandising alusivo al club. La llegada de Boca no solo genera pasión deportiva, sino también un impacto económico y social que se siente en toda la ciudad.

El estadio Padre Ernesto Martearena promete llenarse para el encuentro del martes, que servirá de marco para otra jornada de pasión futbolera en Salta. La historia de Boca y sus visitas a la provincia ya es conocida: cada partido deja estampas memorables, emociones compartidas y un recuerdo imborrable para los seguidores locales. Esta vez, el protagonismo volvió a ser para Riquelme, cuyo reconocimiento supera a cualquier marcador o resultado; su figura sigue siendo un imán para multitudes.

Para los salteños, este tipo de eventos representa una oportunidad de vivir de cerca la cultura futbolera argentina, donde los clubes más grandes del país logran convocar a miles de personas en un mismo lugar, generando un clima único de fiesta y camaradería. Además, la visita de Boca permite que la ciudad se luzca ante visitantes de otras provincias, fortaleciendo la identidad deportiva de Salta y consolidando al Martearena como uno de los escenarios más importantes del norte argentino para encuentros nacionales.

La expectativa es doble: por un lado, ver a los jugadores del equipo más emblemático del país; por el otro, disfrutar del espectáculo que genera la hinchada xeneize, que demuestra pasión y lealtad en cada viaje fuera de la Bombonera. Desde los cánticos hasta los aplausos para Riquelme, la jornada se convirtió en una verdadera muestra de fervor futbolero que quedará registrada en la memoria de los salteños.

Salta, como siempre, se prepara para un día de partido grande. Los bares y restaurantes cercanos al estadio esperan recibir a los fanáticos antes y después del encuentro, mientras que la ciudad se engalana con banderas y colores azul y oro que se ven en las calles y plazas. La visita de Boca no es solo un partido; es una experiencia que moviliza emociones, recuerdos y la identidad futbolera de toda una región.

El xeneize volverá a demostrar, una vez más, por qué es uno de los clubes más importantes de Argentina y Sudamérica. Su arribo a Salta deja un mensaje claro: el fútbol es pasión, unión y fiesta, y Boca sabe cómo encender esa llama en cada ciudad que pisa. Riquelme, como siempre, se convirtió en el epicentro de los aplausos, recordando que el fútbol argentino tiene figuras que trascienden el resultado y se transforman en símbolos de una cultura que celebra el deporte con intensidad.

La ciudad vivió una tarde cargada de emociones, cánticos y alegría. Boca llegó a Salta, y con él, la pasión que lo acompaña en cada visita. Los salteños lo recibieron como un verdadero acontecimiento social y deportivo, anticipando un martes que promete ser histórico en el Martearena, con la ilusión de un buen partido y la celebración de la pasión xeneize que sigue intacta en toda la provincia.

 


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