Un encuentro de fútbol amateur que prometía ser una jornada deportiva más terminó en un violento episodio que sacudió a Bahía Blanca y encendió alarmas sobre lo que ocurre cada fin de semana en las canchas barriales. Una joven árbitra fue agredida en pleno partido y, a raíz del impacto emocional sufrido, decidió no volver a dirigir por el momento.
El hecho ocurrió durante el último fin de semana en un partido de eliminación directa correspondiente a la Copa Potrero, disputado entre Cooperativa Libertad y La Banda del Moy. Lo que comenzó como un cruce intenso dentro del campo derivó en una pelea generalizada que involucró a jugadores y personas ajenas al juego, con corridas, empujones y golpes que se trasladaron fuera de control.
La situación fue tan grave que motivó un llamado de emergencia que alertó a la Policía sobre una pelea en la zona de las calles México y Beruti. Hasta allí se desplazaron efectivos de la Comisaría Primera, que intervinieron para frenar los disturbios y asistir a los heridos.
Entre las víctimas se encontraba la árbitra del encuentro, Victoria Cruz, de apenas 20 años, quien quedó atrapada en medio del caos. Según se pudo reconstruir, la joven fue empujada y terminó en el suelo mientras continuaban los enfrentamientos a su alrededor. Las imágenes del momento, registradas por testigos, no tardaron en circular por redes sociales y generaron indignación por el nivel de violencia desplegado.
Otro de los heridos fue el jugador Rodrigo Ortega, de 24 años, quien sufrió lesiones en la zona de la ingle y en la pierna izquierda. Debido a la gravedad de los golpes, fue trasladado en ambulancia al Hospital Penna, donde recibió atención médica para una evaluación más profunda.
Por estas horas, la investigación continúa y aún no se logró identificar con precisión a los responsables directos de las agresiones. Desde el ámbito policial confirmaron que se analizan testimonios y registros audiovisuales para determinar responsabilidades y avanzar con las actuaciones correspondientes.
Más allá de las heridas físicas, el episodio dejó secuelas emocionales profundas. En el caso de la árbitra, se confirmó que inició un tratamiento psicológico como consecuencia de lo vivido dentro del campo de juego. El temor y el estrés provocados por la agresión la llevaron a tomar la decisión de no volver a dirigir partidos, al menos por ahora.
El ataque volvió a poner sobre la mesa una problemática recurrente en el fútbol amateur argentino: la falta de controles, la presión desmedida sobre árbitros y jugadores, y la naturalización de conductas violentas en espacios que, en teoría, deberían ser recreativos y comunitarios.
En ese contexto, trascendió además que el equipo La Banda del Moy habría sido desplazado en otras oportunidades de distintas ligas barriales por hechos de violencia similares. Si bien esta información aún forma parte de las líneas que se analizan en la investigación, suma un antecedente que genera preocupación dentro del ambiente del fútbol amateur.
Tras la repercusión del caso, desde La Banda del Moy difundieron un comunicado público en el que pidieron disculpas por lo ocurrido y aseguraron que tomarán medidas internas. En el texto reconocieron una reacción inapropiada durante el partido y manifestaron su intención de hacerse cargo de lo sucedido.
“Queremos pedir disculpas por lo ocurrido. Ante una mala acción se reaccionó de una forma que no estuvo bien”, expresaron en el inicio del mensaje, en el que evitaron señalar culpables individuales. También señalaron que, si bien hubo otras personas afectadas en el intento de separar la pelea, no buscarán victimizarse y asumirán la responsabilidad que les corresponde.
Desde el equipo afirmaron además que llevan una década participando en competencias amateur y que este episodio sería un hecho aislado dentro de su trayectoria. Sin embargo, el descargo no alcanzó para disipar el repudio que generó la agresión, especialmente por tratarse de una mujer joven que cumplía el rol de árbitra.
El caso dejó al descubierto una vez más la vulnerabilidad de quienes dirigen partidos en ligas no profesionales, donde muchas veces no existen protocolos claros de seguridad ni sanciones ejemplares. La violencia, lejos de ser un hecho aislado, aparece como una amenaza constante que pone en riesgo la integridad física y mental de quienes forman parte del juego.
Mientras la Justicia y la Policía avanzan con la investigación, el episodio reaviva el debate sobre la necesidad de reforzar controles, aplicar sanciones más duras y garantizar condiciones mínimas de seguridad en el fútbol amateur, un espacio que debería ser sinónimo de encuentro y no de miedo.
La agresión a la árbitra en Bahía Blanca no solo interrumpió un partido: volvió a mostrar una realidad incómoda que atraviesa a muchas canchas del país y que sigue esperando respuestas concretas.