Con poco en juego, en Los Ángeles era simplemente el amor propio lo que le daba valor al duelo entre Estados Unidos y Turquía.
El local, ya clasificado y ganador de la zona de antemano, se enfrentaba a una de las mayores decepciones del Mundial. El equipo de Montella, con Arda Güler (Real Madrid) y Calhanoglu (Inter) como principales figuras, había generado muchísimo pero quedado en cero para perder contra Paraguay y Australia. Con nada más por perder, se prendió para hacer un partidazo contra la gran mayoría de suplentes de los americanos. Claro, Pochettino guardó de entrada a muchos titulares pensando en lo que viene.
De entrada nomás, el partido fue de ida y vuelta. Sin ataduras para ser conservadores, pintaba con que Estados Unidos se iba a llevar puesto al colista y desmotivado del grupo. A los 3’, a la salida de un tiro de esquina y asombrosa pasividad de todos los turcos, Trusty apareció por el segundo palo y con un zurdazo puso el 1-0. Turquía parecía no tener muchas ganas de jugar. Defendía mal y se movía poco. Sin embargo, el empate rápido lo enchufó. Güler, siempre el más peligroso, quedó mano a mano con Turner y la mandó a guardar. El 1-1, a los 10’, le hizo bien a los turcos.
A partir de allí, el partido entró en un golpe por golpe con ritmo frenético. Los de Poche, a la salida de otro tiro de esquina, llegaron al segundo pero se lo anularon por posición adelantada de Pepi. Al toque, el 2-1 de la visita. Llegada al fondo, centro atrás y aparición de Kokcu, un mediocampista todoterreno y llegador. Turquía, demasiado tarde, mostraba que tenía cartas para haber pasado de fase, pero el sistema olímpico lo había dejado afuera.
El segundo tiempo fue un calco del primero. También a los tres minutos llegó el 2-2. Otra vez Turquía entró dormido y Berhalter, con un potente derechazo, lo empató rápido. Pero volvió a meterse en partido, jugó de ida y vuelta y en la última tuvo una linda despedida del Mundial: puso el 3-2 y terminó el partido. EE.UU. va contra Bosnia.