Tomás Martín Etcheverry tuvo su día soñado en el circuito internacional. En una jornada histórica y cargada de dramatismo, el argentino ganó dos partidos en el mismo día y se consagró campeón del ATP 500 de Río de Janeiro, logrando así el primer título ATP de su carrera profesional.
El platense, de 25 años, cerró una actuación memorable al imponerse en la final al chileno Alejandro Tabilo, luego de haber disputado horas antes una semifinal que rozó lo épico. La consagración en el polvo de ladrillo brasileño marca un antes y un después en su trayectoria y lo consolida como una de las grandes cartas del tenis argentino en el circuito.
La jornada había comenzado cuesta arriba. El sábado, la lluvia obligó a postergar la semifinal, que terminó disputándose este domingo bajo un calor extremo que incluso provocó una suspensión momentánea. En ese duelo vibrante, Etcheverry superó al checo Vít Kopřiva por 4-6, 7-6 (7-2) y 7-6 (7-4), tras casi cuatro horas de batalla. Fue un partido de altísima tensión, con puntos largos, cambios de ritmo constantes y una resistencia física admirable por parte del argentino.
Con apenas unas horas de descanso, el platense volvió a la cancha para disputar la final del tradicional Rio Open. Del otro lado esperaba Tabilo, que había vencido en la otra semifinal al peruano Ignacio Buse, una de las sorpresas del torneo.
Lejos de acusar el desgaste físico, Etcheverry mostró carácter y una notable fortaleza mental. Se mantuvo firme desde el fondo de la cancha, aprovechó su potencia de derecha y supo administrar los momentos clave. En los puntos decisivos, jugó con determinación y dejó en claro que esta vez no se le iba a escapar.
El título en Río representa la recompensa a años de crecimiento sostenido en el circuito. Hasta ahora, Etcheverry había disputado tres finales ATP: Santiago 2023, Houston 2023 y Lyon 2024, pero en todas se quedó con las manos vacías. Esta cuarta oportunidad fue la vencida.
El argentino llegó a Brasil con buenas sensaciones tras alcanzar las semifinales del Argentina Open por primera vez en su carrera una semana antes. Ese envión anímico fue clave para afrontar un torneo exigente, en el que debió atravesar partidos largos y condiciones climáticas adversas.
La consagración en un ATP 500 no es un detalle menor. Se trata de una categoría superior a los ATP 250 y reúne a varios jugadores del top mundial. Ganar en Río no solo le otorga puntos importantes para el ranking, sino también un respaldo anímico fundamental para lo que viene en la temporada sobre polvo de ladrillo.
Para el tenis argentino, la victoria tiene un sabor especial. En un contexto de recambio generacional, Etcheverry se posiciona como uno de los referentes de la nueva camada, junto a otros jóvenes que buscan consolidarse en la elite. Su potencia, regularidad y capacidad de adaptación lo convierten en un jugador peligroso en cualquier cuadro.
En Salta, donde el tenis tiene una base sólida de aficionados y torneos regionales que nutren el semillero, la noticia fue celebrada por entrenadores y jugadores que siguen de cerca el circuito internacional. Las búsquedas relacionadas con “Etcheverry campeón”, “título ATP argentino” y “final Río Open” se dispararon en las últimas horas, reflejando el impacto de la hazaña.
El desafío ahora será sostener el nivel y capitalizar el impulso que genera un título de esta magnitud. La confianza que otorga levantar el trofeo puede ser determinante para encarar los próximos torneos, especialmente en la gira sudamericana y luego en Europa.
Etcheverry no solo ganó un campeonato: superó fantasmas, resistió el desgaste físico de una jornada maratónica y demostró que está preparado para dar el salto definitivo. En Río escribió la página más importante de su carrera y le regaló al tenis argentino un triunfo que quedará en el recuerdo.