Emoción. Show. Suspenso. Buen juego. Ataque. Goles. Muchos goles. Partidazo. El agradecimiento es de los tantísimos que estuvieron este miércoles a la tarde pegados a la tele viendo el mejor partido del Mundial: Inglaterra y Croacia regaron de fútbol el estadio de Dallas y sirvieron un verdadero espectáculo, entretenido de principio a fin, repleto de emociones. El ganador fue el de mayor jerarquía, el que promete pelear hasta el final e ir por la segunda estrella.
Es que este 4-2 vibrante representó algo más que tres puntos y la casi aseguración del primer lugar rumbo a 16vos (Ghana y Panamá no prometen hacerle demasiada fuerza) para los ingleses: fue una muestra importante de carácter para sacarse de encima una parada brava y de arranque en esta Copa del Mundo, algo clave pensando en fortalecerse hacia adelante y teniendo en cuenta que el juego está.
El juego está porque las estrellas están. Porque el día después de que Mbappé le hiciera dos a Senegal y Messi brillara ante el mundo con su hat-trick a Argelia, Harry Kane se anotó con un doblete como para confirmar que también dará pelea en este duelo para ver quién es el mejor humano después de Leo. Uno de penal, pateado dos veces porque en la primera ejecución el arquero se adelantó al taparlo; el otro, con un cabezazo totalmente solo tras un corner. Tranquilo, para ir calentando motores tras una gran temporada en el Bayern.
Justamente, este partido fue por momentos una especie de reversión mundialista de aquel en el que el delantero fue protagonista contra el PSG, por la Champions: si no terminó con score de set de tenis, fue porque los arqueros Livakovic (fundamentalmente) y Pickford se lucieron con grandes atajadas. Fácil no la tuvieron: muchas de las llegadas fueron bastante claras producto de la buena generación de juego que mostraron ambos.