La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) volvió a quedar en el centro de la escena tras la difusión de una serie de registros que exhiben el traslado y conteo de más de 800 mil dólares en apenas una semana. Los materiales, que incluyen videos, fotografías y documentos internos, detallan un circuito de manejo de efectivo que ahora es materia de investigación y que compromete a un ex colaborador directo del área de tesorería.
En las grabaciones se observa a Juan Pablo Beacon, quien trabajó junto al tesorero Pablo Toviggino, certificando montos frente a la cámara. En uno de los registros más contundentes se lo escucha confirmar la suma recibida en dólares y anticipar su traslado a otra oficina. El procedimiento, lejos de ser informal, incluía filmaciones sistemáticas que funcionaban como constancia interna de cada movimiento.
De acuerdo a la documentación que circuló en las últimas horas, el dinero salía de financieras ubicadas en el microcentro porteño, particularmente sobre la avenida Corrientes. Desde allí era trasladado hasta una oficina en la calle Lavalle al 1700, donde se realizaba el conteo manual de los billetes, el armado de fajos y su embalaje. Luego, los paquetes eran derivados a un domicilio vinculado a la dirigencia.
Para evitar sospechas, el efectivo se movía en cajas de vino, mochilas o bolsos comunes, muchas veces a plena luz del día. Las imágenes muestran mesas cubiertas de dólares, sobres cerrados con códigos identificatorios y planillas con anotaciones detalladas. La metodología revela un circuito aceitado, con roles definidos y controles internos destinados a evitar faltantes dentro de la propia estructura.
En ese punto intermedio de recuento también aparece mencionado Cristian Brian Prendes, quien más tarde fue incorporado al Comité Ejecutivo de la AFA. Mensajes internos con instrucciones específicas sobre entregas reforzarían la hipótesis de que los fondos tenían un destinatario final claramente identificado dentro de la conducción.
Uno de los documentos atribuidos a Beacon consigna que en solo siete días se movilizaron más de 800.000 dólares. En ese esquema, las financieras retenían comisiones cercanas al ocho por ciento por cada operación. La magnitud de las cifras y la frecuencia de los movimientos encendieron alarmas puertas adentro y también en el ámbito judicial.
La operatoria coincidió con transferencias realizadas por empresas intermediarias que recaudaban ingresos en el exterior y que, según se investiga, habrían desviado fondos hacia firmas radicadas en Miami mediante facturación presuntamente apócrifa. Parte de esos servicios estaban vinculados a asesoramientos contratados por la entidad que preside Claudio Tapia.
El circuito, siempre según los registros conocidos, funcionaba con un nivel de detalle llamativo. Cada entrega era filmada, cada paquete identificado y cada traslado comunicado por mensajería interna. Esa decisión de documentar cada paso habría surgido después de un episodio que marcó un antes y un después: un asalto ocurrido en 2021 durante un traslado de dinero en el barrio porteño de Recoleta. Ese hecho generó desconfianza interna y derivó en un sistema de control más estricto.
El escándalo impacta de lleno en la conducción del fútbol argentino, justo en un contexto donde la AFA viene consolidando poder institucional y proyección internacional. La difusión de estas imágenes no solo pone bajo la lupa el manejo financiero, sino que también reabre el debate sobre los mecanismos de control y transparencia dentro de las entidades deportivas.
En términos políticos y deportivos, la situación no es menor. La AFA administra contratos millonarios vinculados a derechos de televisión, patrocinadores y competencias internacionales. El flujo de divisas y la relación con empresas del exterior forman parte de la dinámica habitual de la institución, pero el uso intensivo de efectivo y el circuito descripto generan interrogantes sobre la trazabilidad de los fondos.
Mientras la investigación avanza, el caso suma capítulos y repercusiones en todo el país. En el ambiente del fútbol, donde las internas dirigenciales suelen manejarse con discreción, la exposición pública de estos registros representa un golpe sensible. La aparición de nombres propios y cifras concretas cambia el tono del debate y obliga a dar explicaciones.
La Justicia ahora deberá determinar si existió un esquema de desvío de fondos o si se trató de operaciones financieras encuadradas en prácticas habituales, aunque cuestionables por su modalidad. El análisis de los videos, la verificación de los documentos y el rastreo del recorrido del dinero serán claves para establecer responsabilidades.
En paralelo, el impacto institucional ya se hace sentir. La credibilidad de la dirigencia del fútbol argentino enfrenta un nuevo desafío en medio de un escenario económico complejo en el país, donde el control de divisas y las operaciones en dólares están bajo permanente observación.
La magnitud de las sumas involucradas —más de 800 mil dólares en una semana— y el nivel de organización evidenciado en los registros convierten este episodio en uno de los más delicados de los últimos años dentro de la AFA. A la espera de definiciones judiciales, el caso promete seguir generando repercusiones tanto en el ámbito deportivo como en el político y económico.
Por ahora, lo que muestran los videos y documentos es un circuito de efectivo aceitado, con controles internos y movimientos constantes de dinero en dólares. El desenlace dependerá de lo que determinen los tribunales y de las explicaciones que pueda ofrecer la dirigencia en las próximas semanas.