A los 38 años, con la tranquilidad de haber ganado todo lo que soñó y con el tramo final de su carrera cada vez más cerca, Lionel Messi se permite mirar hacia atrás sin el apuro de antes. Ya no habla solo de goles, títulos o récords: ahora se anima a revisar decisiones personales, miedos y aprendizajes que lo marcaron tanto como sus hazañas dentro de la cancha.
En una charla distendida con el arquero Nahuel Guzmán en el podcast Miro de atrás, el capitán de la Selección argentina dejó varias reflexiones que sorprendieron por su tono autocrítico y humano. Entre recuerdos de infancia y momentos imborrables del Mundial de Qatar 2022, apareció una confesión que no tuvo que ver con el fútbol sino con su formación.
Messi reconoció que siente una deuda pendiente consigo mismo en materia educativa. Sin vueltas, admitió que le hubiera gustado aprovechar mejor el tiempo para estudiar, especialmente para aprender inglés. “Me arrepiento de muchísimas cosas y se lo digo a mis hijos”, contó al explicar que, a lo largo de su carrera, tuvo oportunidades de compartir momentos con figuras internacionales sin poder mantener una conversación fluida. Esa sensación, describió, lo hizo sentirse incómodo más de una vez.
El rosarino planteó esa autocrítica como una enseñanza para Thiago, Mateo y Ciro. En un mundo globalizado, donde el fútbol lo llevó a recorrer Europa, Estados Unidos y Medio Oriente, el idioma se transformó en una barrera que le recordó que no todo pasa por el talento natural. Para muchos jóvenes futbolistas argentinos que sueñan con llegar a la elite, su mensaje funciona casi como un consejo directo: la preparación también se juega afuera de la cancha.
Más allá de esa cuenta pendiente, el eje más fuerte de la charla giró en torno al Mundial de Qatar 2022, la consagración que cambió para siempre su historia con la camiseta albiceleste. Si bien el recuerdo colectivo está teñido de gloria, Messi reveló que hubo un momento en el que el miedo se hizo presente de manera real.
El foco estuvo puesto en el partido contra México por la fase de grupos. Tras la sorpresiva derrota ante Arabia Saudita en el debut, la Selección argentina quedó contra las cuerdas. Una nueva caída podía significar una eliminación prematura, algo impensado para un equipo que arrastraba 36 partidos invicto y llegaba como uno de los grandes candidatos.
Messi reconoció que el plantel fue a jugar ese encuentro con temor. No se trataba solo de un rival histórico y siempre complicado como México, sino del peso psicológico que implicaba quedar afuera en primera ronda. En sus palabras, el grupo era consciente de todo lo que estaba en juego: el proceso, la ilusión de la gente y la última gran oportunidad de una generación.
Ese partido fue tenso, cerrado, trabado. Durante largos pasajes casi no hubo situaciones claras. Hasta que apareció él. El zurdazo desde afuera del área que rompió el cero no solo abrió el marcador, sino que liberó a todo el equipo. Messi explicó que, a partir de ese gol, cambió la energía interna: se soltaron, recuperaron confianza y volvieron a sentirse el equipo que habían sido en la previa.
Ese triunfo marcó un punto de inflexión en el Mundial. Desde allí, la Selección argentina creció en seguridad, superó obstáculos y terminó levantando la Copa del Mundo en una final inolvidable ante Francia. Pero detrás de la foto perfecta hubo dudas, nervios y charlas internas que, según dejó entrever, fortalecieron al grupo.
También hubo lugar para aclarar la polémica que se desató tras aquel encuentro con México, cuando se viralizó un video del vestuario en el que se veía una camiseta mexicana en el piso. La situación generó una fuerte reacción del boxeador Saúl “Canelo” Álvarez y encendió un cruce en redes sociales.
Messi le bajó el tono al episodio y explicó que se trató de una escena habitual en cualquier vestuario después de un partido. Con la ropa empapada de transpiración, los jugadores suelen dejar las camisetas en el suelo mientras se cambian. Según sostuvo, no hubo ningún gesto de desprecio y la dimensión que tomó el tema le resultó exagerada. Para él, fue una situación cotidiana que se interpretó de otra manera desde afuera.
En otro tramo de la conversación, evocó a Diego Maradona como una figura que trasciende el fútbol. Lo definió como un símbolo eterno para el país y recordó la magnitud de su influencia, más allá de las comparaciones deportivas. En la historia grande de la Selección argentina, ambos nombres quedaron unidos por el título mundial, aunque en contextos y épocas muy distintas.
Lejos del vértigo que lo acompañó durante años en el Barcelona y luego en el París Saint-Germain, hoy Messi transita una etapa distinta en el Inter Miami. El cambio de ritmo y de entorno también impactó en su manera de vivir el día a día. Según contó, aprendió a disfrutar más de las pequeñas cosas: la rutina con su familia, los momentos con sus hijos y la tranquilidad que antes parecía esquiva.
Esa idea de disfrutar, repitió, no siempre es sencilla. Reconoció que cada persona atraviesa realidades diferentes y que no todos tienen las mismas oportunidades. Sin embargo, planteó que intentar valorar lo cotidiano es una forma de enfrentar la incertidumbre. “Siempre es un buen día para disfrutar”, deslizó, con la serenidad de quien ya no necesita demostrar nada.
En Argentina, donde el fútbol es casi una religión y la figura de Messi despierta pasiones que cruzan generaciones, cada una de sus palabras repercute con fuerza. Su recorrido, desde aquel chico que se fue a España por un tratamiento médico hasta el capitán que levantó la Copa del Mundo, es parte de la identidad futbolera del país.
Pero en esta ocasión no habló el ídolo inalcanzable, sino el hombre que reconoce errores, que admite miedos y que aconseja a sus hijos no repetir lo que él siente como una falencia. Esa faceta, más terrenal, conecta con miles de argentinos que también cargan con asignaturas pendientes y recuerdos de momentos límite.
A casi cuatro años de Qatar 2022, el recuerdo sigue fresco. Las imágenes del estadio Lusail, los festejos en Buenos Aires y la caravana multitudinaria forman parte de la memoria colectiva. Sin embargo, escuchar que incluso el capitán sintió miedo antes de quedar afuera en fase de grupos humaniza una historia que muchas veces se cuenta como épica pura.
Messi dejó en claro que el éxito no borra las inseguridades ni las dudas. Que detrás del mejor jugador del mundo hay una persona que se cuestiona decisiones del pasado y que todavía aprende. Y quizás allí radique una de las claves de su vigencia: la capacidad de reinventarse, de aceptar lo que faltó y de seguir adelante.
En tiempos donde el debate futbolero suele reducirse a estadísticas y comparaciones, sus palabras invitan a mirar un poco más allá. No solo al campeón del mundo con la Selección argentina, sino al hombre que, a los 38 años, sigue buscando crecer incluso fuera de la cancha.