Hay fiesta en México y la tienen merecida. Si habían celebrado hasta la madrugada el 2-0 en el debut del Mundial, imaginensé lo que será ahora que ya se aseguraron la clasificación como primeros del grupo. Sí, el Tri metió su segundo triunfo consecutivo, pasó 1-0 a Corea del Sur. Con esfuerzo, no le sobró nada, pero ya está en 16 avos. De arquero a arquero se resolvería la historia…
Cuando en el entretiempo enfocaban a las tribunas, la preocupación estaba instalada en los miles que copaban el estadio de Guadalajara. México sólo no podía con Corea del Sur si no que cerraba el primer tiempo mirando cómo Son comenzaba a exponer los errores locales.
Los mexicanos, con más tranquilidad que en el partido inaugural, imaginaron un partido a un ritmo calmo. Los coreanos aceptaron el desafío, le dejaron la pelota, pero en cuanto la recuperaban, aceleraban. Si bien en el ataque hacían la gran Wanchope Abila, eso de jugar al límite del último hombre para zafar del offside, terminaban con el mismo resultado: siempre adelantados. Más allá de eso, la sensación era que si ajustaban esas diagonales, iba a complicarlos. Mientras, un buen cabezazo de Quiñones era poco como saldo de ataque para el Tri.
Pero está claro que Javier Aguirre sabe dónde y cómo resetear a sus jugadores. Como contra Sudáfrica, el equipo salió a jugar con otra actitud. Unos diez metros más adelante y presionando en la salida, en dos minutos ya había puesto a Gallardo mano a mano. Aunque los partidos se rompen de la forma menos pensada. ¿O acaso alguien podía imaginar que un arquero con la experiencia de Kim se podía mandar semejante blooper chocando con su propio compañero y regalándole el gol a Romo?
Y entonces sí ya los planteos tácticos se desdibujaron todos. Porque la prolijidad coreana para retrasarse y juntar las líneas se desarmó automáticamente que su arquero se mandó la pifia de su vida. Sin lograr momentos de juego asociado como puede hacerlo, México entendió rápido que la receta estaba en ser más vertical que lo acostumbrado.
Cuando se le mete velocidad al juego, la precisión baja. Y por eso más de un ataque le quedó el pase corto o la asistencia larga. En cuando ajustó la mira el que mejor pie ha tenido en esta Copa como Quiñones, llegó otro mano a mano que esta vez el arquero le tapó a Raúl Jiménez. Y encima parecía que los coreanos (y sin Son en cancha) no le podían metían miedo a nada.
Hasta que llegó la presentación grande para Raúl Rangel. Porque debería valer como un gol la doble o triple tapada del aquero mexicano. Cuando el Tri sumaba chances desperdiciadas para aumentar, llegó la única clara de Corea en el complemento. El centro perfecto al segundo palo y Cho cabeceó desde adentro del área. ¿Por qué no juega el eterno Ochoa? Rangel lo explicó así: le tapo primero el cabezazo, luego desde el piso frenó con el pie el rebote que tomó el delantero y al final, se aferró a la pelota sin soltarla a pesar del choque de su propio compañero Vasquez.
El blooper de uno, la atajada de su vida del otro y un país que ya puede inflar bien el pecho porque la victoria valió más que tres puntos: le aseguró el 1° lugar a falta de una fecha.
La alegría en México. REUTERS/Amanda Perobelli
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EFE/ EFE/ Alex Cruz