Otra vez la misma historia. Argentina destrozó a un equipo que llegó a Buenos Aires apenas cinco horas antes del partido, armado casi por completo con pibes Sub-23 que todavía se estaban acomodando el cuerpo después del viaje.
El 7-0 quedó en la historia de la era Scaloni, empatado con el de Curazao, pero nadie puede mirar para otro lado: fue un amistoso que no resiste el menor análisis. Un papelón total.
La Scaloneta, subcampeona del mundo, bicampeona de América y ganadora de la Finalissima, sigue brillando en la cancha gracias a un grupo que no se guarda nada. Pero esa grandeza choca de frente contra la desorganización crónica de la AFA. Los amistosos low cost dejaron de ser un lunar para convertirse en una mancha que ensucia todo.
Desde Qatar 2022 la Selección jugó quince de estos encuentros y el martes suma el dieciséis contra Benín. La lista da vergüenza: Panamá, Curazao, Australia, Indonesia, El Salvador, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Venezuela, Puerto Rico, Angola, Mauritania, Zambia, Bolivia y ahora Burkina Faso. Salvando a Ecuador que es una selección seria y competitiva y pelea en Eliminatorias, el resto no sirve ni de sparring.
Burkina Faso tenía que venir con su plantel principal. En cambio apareció un combinado improvisado porque el charter desde Casablanca tuvo una falla técnica y casi todos los titulares se bajaron. La explicación oficial habla de cansancio. Cuesta creerlo. Una selección que ocupa el puesto 62 del ranking FIFA y que tenía la chance de enfrentarse a la subcampeona del mundo no se pierde el partido solo por estar cansada.
Acá aparece la pregunta que nadie en la AFA quiere responder. ¿Cuánto se les ofreció realmente a los africanos? Para estos amistosos la entidad solo cubre traslado y hotel. No hay prima de participación ni reparto de ingresos. Los jugadores principales se plantaron y pidieron algo más. Resultado: llegaron los juveniles y el Monumental vio una práctica abierta con la mitad de la gente y la barra de River cantando sola en la Sívori.
Scaloni necesita medir jugadores de verdad. Ya lo dijo: vienen tiempos de renovación y hace falta competencia real. En cambio la AFA le pone rivales que no obligan a nadie a sudar la camiseta más de lo necesario. Lautaro, Prestianni, Nicolás Paz, Julián, Mastantuono y hasta Gianluca Simeone hicieron lo que tenían que hacer, pero el partido no sirvió para sacar ninguna conclusión seria.
No vale el argumento de que “igual llegamos a otra final del Mundial”. Tampoco el de que no hubo tiempo para conseguir rivales de jerarquía. Otras federaciones cierran amistosos con meses de anticipación. Acá parece que todo se decide a último momento y con la calculadora por delante. El valor deportivo de la Selección no puede quedar rehén de la recaudación fácil.
Esta Argentina merece otra cosa. Merece rivales que la obliguen a crecer, una organización de primer nivel y una AFA que deje de tratar a la Scaloneta como un producto de supermercado. Mientras Chiqui Tapia siga priorizando el negocio sobre el fútbol, los amistosos van a seguir siendo un circo. Y algún día el circo se va a caer encima de todos.