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Crisis en panaderías salteñas

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Crisis en panaderías salteñas

La caída de ventas alcanza hasta un 30% y las panaderías enfrentan aumentos de insumos y competencia informal.


Comercio salteño

Caída del consumo y presión impositiva golpean al comercio salteño

Desde el sector mercantil advierten que las ventas siguen en baja, crecen los locales cerrados y los impuestos encarecen los precios.

Caída del consumo y presión impositiva golpean al comercio salteño

La situación del comercio atraviesa un momento complejo. En el centro de la ciudad de Salta cada vez se observan más persianas bajas, carteles de alquiler y locales que dejaron de funcionar en calles que históricamente fueron puntos fuertes de actividad económica. Comerciantes y referentes del sector advierten que la caída del consumo, la presión impositiva y la competencia informal están generando un escenario difícil de sostener para muchos negocios.

En los últimos meses el panorama comenzó a hacerse más visible para quienes recorren el microcentro. Negocios que durante años formaron parte del paisaje comercial hoy permanecen cerrados o en búsqueda de nuevos inquilinos. La situación no responde a un único factor, sino a una combinación de variables económicas que impactan directamente en la actividad.

Uno de los puntos centrales es la fuerte caída del consumo. En el sector señalan que el comportamiento de los clientes cambió de manera notable. Las compras impulsivas o el almacenamiento de productos dejaron de ser habituales y hoy predomina un consumo mucho más medido. Los clientes recorren más locales, comparan precios y priorizan únicamente lo indispensable.

Esa transformación en los hábitos de compra responde en gran parte al contexto económico. Con menos dinero circulando y salarios que no logran recuperar poder adquisitivo, el comercio enfrenta un escenario en el que vender se volvió más difícil que en años anteriores. Muchos comerciantes aseguran que las ventas bajaron de manera sostenida y que sostener los costos fijos se volvió cada vez más complicado.

A este panorama se suma otro factor que el sector considera determinante: la carga impositiva. Los comerciantes formales deben afrontar impuestos nacionales, provinciales y municipales que impactan directamente en el precio final de los productos. Según explican desde el ámbito empresarial, esa estructura tributaria puede encarecer el valor de un artículo en aproximadamente un 50%.

Entre los tributos que afectan al sector aparece el impuesto a los Ingresos Brutos, que en la provincia ronda el 5%, además de tasas municipales y otras obligaciones fiscales. Para muchos comerciantes, estos costos se vuelven difíciles de absorber cuando las ventas no acompañan.

El problema, sostienen, es que esa carga se traslada inevitablemente al precio final. Cuando un negocio formal intenta competir en el mercado, lo hace con una estructura de costos muy superior a la de quienes operan fuera del sistema. Eso genera una diferencia de precios que en algunos casos puede llegar al 20%.

La competencia informal es otro de los aspectos que preocupa al sector. Los comercios registrados deben afrontar alquileres, servicios, impuestos y sueldos de empleados con aportes correspondientes. En cambio, quienes venden de manera informal no tienen esos costos y pueden ofrecer productos más baratos.

Esa situación genera lo que los comerciantes consideran una competencia desigual. Mientras algunos negocios cumplen con todas las obligaciones legales, otros operan sin controles ni cargas fiscales. En un contexto de consumo retraído, muchos clientes optan por las alternativas más económicas, lo que agrava aún más el panorama para el comercio formal.

Frente a este escenario, los comerciantes comenzaron a buscar distintas estrategias para poder mantenerse en actividad. Una de las más frecuentes es la reducción de costos. Algunos negocios decidieron mudarse desde el centro hacia zonas con alquileres más accesibles, donde los gastos fijos son menores.

También se registran casos de comerciantes que buscan optimizar el consumo de servicios como la electricidad o que renegocian contratos de alquiler para poder continuar funcionando. En algunos casos, los locales que antes estaban ubicados en calles céntricas se trasladan a barrios o zonas cercanas donde los costos resultan más manejables.

Otro fenómeno que comenzó a observarse es el desplazamiento de algunos emprendimientos hacia áreas como San Lorenzo o San Lorenzo Chico, donde las condiciones impositivas y los costos operativos pueden resultar más favorables. Si bien no es una tendencia masiva, desde el sector señalan que cada vez más comerciantes analizan alternativas fuera del centro tradicional.

La situación se vuelve todavía más compleja en las ciudades del norte de la provincia. En localidades cercanas a la frontera, como San Ramón de la Nueva Orán o Tartagal, los comerciantes enfrentan además el ingreso de mercadería que no paga impuestos y que compite directamente con los productos del circuito formal.

El contrabando y el ingreso irregular de productos han sido históricamente un desafío para el comercio en esas zonas. Al tratarse de una provincia limítrofe, existen numerosos pasos fronterizos y circuitos informales que facilitan el ingreso de mercadería sin controles fiscales.

En ese contexto, los comerciantes formales deben competir con productos que llegan al mercado con costos mucho más bajos, lo que dificulta aún más la posibilidad de sostener la actividad. Para muchos negocios, esta situación representa una de las principales amenazas para su continuidad.

A la vez, el crecimiento de las ventas por internet también modificó el escenario comercial. Cada vez más consumidores optan por comprar a través de plataformas digitales, lo que obliga a los comercios tradicionales a adaptarse a nuevas formas de comercialización.

Si bien el comercio electrónico representa una oportunidad para ampliar el mercado, también plantea desafíos para los negocios que todavía no lograron incorporar plenamente estas herramientas. La digitalización exige inversión, capacitación y cambios en la forma de vender.

En este contexto, desde el sector comercial consideran que el sistema impositivo necesita una revisión profunda. La principal demanda apunta a una reforma tributaria que permita reducir la carga sobre los negocios formales y generar condiciones de competencia más equilibradas.

Los comerciantes advierten que el actual esquema genera un efecto contraproducente. Mientras el Estado controla y exige al comercio registrado, quienes operan por fuera del sistema continúan funcionando sin afrontar los mismos costos ni controles.

Esto provoca que algunos emprendedores duden a la hora de formalizar su actividad. Para muchos, ingresar al circuito legal implica asumir una carga tributaria y administrativa difícil de sostener en un contexto de ventas bajas.

Por esa razón, desde el sector sostienen que una reforma impositiva no solo ayudaría a aliviar la situación del comercio, sino que también podría incentivar la formalización de nuevas actividades económicas.

En medio de un escenario económico complejo, los comerciantes coinciden en que sostener los negocios abiertos se volvió un desafío diario. Mientras esperan señales que permitan mejorar las condiciones del sector, muchos siguen ajustando costos y buscando alternativas para continuar trabajando.


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