El aumento de la morosidad entre los jóvenes se consolida como una de las principales señales de alerta del sistema financiero. Actualmente, el 40% de las personas de hasta 24 años que tienen deudas registra atrasos superiores a los 90 días y acumula un pasivo promedio de $1.015.000, un monto que en muchos casos supera sus ingresos mensuales.
En términos absolutos, son 528.000 jóvenes los que se encuentran en situación de mora dentro de un universo de 1.382.000 deudores de esa franja etaria. El dato refleja las crecientes dificultades que enfrenta este grupo para cumplir con sus compromisos financieros en un escenario marcado por el mayor costo del crédito y el deterioro del poder adquisitivo.
La problemática no se limita únicamente a los más jóvenes. En todo el país, más de cinco millones de personas presentan atrasos en el pago de préstamos, tarjetas de crédito y otros compromisos financieros. Sin embargo, el segmento de hasta 24 años muestra el nivel de incumplimiento más elevado, impulsado por la combinación de empleos informales, salarios bajos y un acceso relativamente sencillo a créditos no bancarios y plataformas financieras.
El estudio considera en mora a quienes mantienen deudas impagas por más de 90 días, ya sea en préstamos personales, hipotecarios, prendarios o consumos financiados mediante tarjetas de crédito. También contempla obligaciones contraídas tanto en pesos como en dólares con bancos, entidades financieras, plataformas de crédito y fideicomisos registrados por el Banco Central.
La situación se agravó durante los últimos dos años. Los mayores atrasos se concentran en préstamos personales y tarjetas de crédito, dos herramientas de financiamiento que ganaron protagonismo ante la pérdida del poder de compra de los ingresos. Como resultado, la tasa de mora entre los jóvenes duplica el promedio registrado para el conjunto de las familias, que alcanzó el 15,9% en mayo.
El endeudamiento también crece en los grupos de mayor edad, aunque con porcentajes menores. Entre las personas de 25 a 38 años, el 33,8% presenta atrasos con una deuda promedio de $2.100.000. En el segmento de 39 a 44 años la mora alcanza el 28,35%, con compromisos cercanos a los $3.300.000, mientras que entre quienes tienen entre 45 y 54 años el porcentaje baja al 22,8%, aunque el atraso promedio asciende a $3.700.000.
Los datos muestran además que, en la mayoría de los casos, las deudas superan el salario promedio de los trabajadores registrados del sector privado. Esta diferencia complica la posibilidad de regularizar los pagos y obliga a muchas familias a refinanciar obligaciones o extender los plazos de cancelación.
Otro factor que explica el incremento de la morosidad es el fuerte aumento de las tasas de interés reales registrado desde 2024. Mientras la inflación comenzó a desacelerarse, el costo del financiamiento continuó en alza, encareciendo tanto los préstamos personales como el uso de las tarjetas de crédito. Ese escenario redujo el alivio que antes generaba la inflación sobre las deudas en pesos y elevó el peso de las cuotas sobre los ingresos.
En paralelo, la carga financiera de los hogares creció de manera sostenida y representa una porción cada vez mayor de los salarios. Con ingresos que no lograron acompañar el incremento del costo del crédito, muchas personas comenzaron a atrasarse en sus pagos y el número de deudores en mora siguió creciendo.
Frente a este panorama, la refinanciación aparece como una de las principales alternativas para quienes buscan regularizar su situación. Sin embargo, especialistas advierten que mientras las tasas permanezcan elevadas y los ingresos no recuperen poder de compra, será difícil que los niveles de morosidad retrocedan de manera significativa.