La desigualdad económica volvió a profundizarse durante el primer trimestre de 2026. La distribución del ingreso mostró un deterioro respecto al cierre del año pasado, con un aumento de la brecha entre los sectores con mayores y menores recursos.
El indicador que mide la desigualdad registró una suba y reflejó que la mejora observada hacia fines de 2025 no logró sostenerse durante los primeros meses del año. La diferencia entre los extremos de la población volvió a ampliarse y marcó una mayor concentración de los ingresos.
El comportamiento estuvo influido por un factor puntual: el pago del aguinaldo durante el último trimestre de 2025. Ese ingreso adicional beneficia principalmente a los trabajadores registrados y genera un impacto positivo en los hogares con empleo formal, aunque no alcanza de la misma manera a todos los sectores.
Con el paso del trimestre siguiente, ese efecto dejó de estar presente y los indicadores volvieron a mostrar una distribución más desigual. La recuperación de algunos ingresos no consiguió reducir de manera sostenida la distancia entre los distintos niveles socioeconómicos.
Uno de los datos que refleja esta situación es la diferencia entre los sectores más ricos y los más pobres. El 10% de la población con mayores ingresos concentró más de un tercio del ingreso total, mientras que el sector de menores recursos tuvo una participación significativamente más baja.
La brecha entre ambos extremos aumentó y pasó a representar una diferencia de 15 veces, por encima del registro del trimestre anterior. El dato evidencia que la mejora distributiva del cierre de 2025 estuvo vinculada principalmente a un efecto temporal y no a un cambio estructural.
En el análisis de los ingresos de los hogares argentinos también aparece una marcada diferencia según el tipo de empleo. Los trabajadores registrados mantienen niveles salariales superiores frente a quienes no cuentan con aportes jubilatorios, una situación que profundiza la desigualdad dentro del mercado laboral.
Durante el primer trimestre, los ingresos provenientes del trabajo representaron la mayor parte de los recursos familiares, mientras que jubilaciones, pensiones y transferencias tuvieron un peso menor. Sin embargo, en los hogares de menores ingresos las ayudas y recursos no laborales tienen una mayor incidencia frente a los sectores con mejores condiciones económicas.
La situación refleja una estructura social donde el acceso a empleos formales y mejores salarios continúa siendo un factor determinante para la estabilidad económica de las familias.
Los datos muestran que, pese a los movimientos registrados durante los últimos meses, la distancia entre los distintos sectores de la población sigue siendo uno de los principales desafíos económicos del país. La evolución de los ingresos y del empleo formal será clave para determinar si la tendencia puede modificarse durante los próximos períodos.