El uso del dinero en efectivo sigue en retroceso en la Argentina, desplazado por un ecosistema digital que gana volumen, velocidad y protagonismo. Transferencias inmediatas, billeteras virtuales y pagos con QR ya no son una alternativa: se convirtieron en el canal principal para mover plata todos los días, tanto entre personas como en comercios.
Los números del cierre de 2025 lo confirman. Solo en diciembre se registraron 753 millones de transferencias inmediatas en pesos, por un total de $88,7 billones. El crecimiento fue sostenido tanto en cantidad de operaciones como en montos reales, consolidando una tendencia que viene acelerándose desde hace varios años.
El dato más revelador es que tres de cada cuatro transferencias tuvieron como origen o destino una cuenta virtual (CVU), es decir, una billetera digital. Hoy conviven decenas de aplicaciones interoperables, que permiten enviar y recibir dinero sin depender de una cuenta bancaria tradicional y con acreditación casi instantánea.
Este cambio de hábito no es menor. Para una parte cada vez más amplia de la población, la billetera virtual pasó a ser la cuenta principal: ahí se cobra, se paga, se ahorra y se accede a promociones. En ese contexto, empieza a tomar fuerza el debate sobre la posibilidad de cobrar sueldos y jubilaciones directamente en estas plataformas, un paso que implicaría un reordenamiento profundo del sistema de pagos.
La multiplicidad de cuentas también es una postal del momento. En promedio, los argentinos manejan alrededor de ocho cuentas, repartidas entre bancos y billeteras. Lejos de simplificarse, el mapa financiero personal se fragmenta, impulsado en gran parte por descuentos, reintegros y beneficios, que siguen siendo un factor decisivo al momento de elegir dónde operar.
Dentro de este universo, los pagos con QR son la herramienta que más rápido logró masificarse. Durante 2025 se contabilizaron más de 714 millones de operaciones con esta modalidad, con una expansión que ya no se limita a los grandes centros urbanos. En diciembre, los pagos electrónicos con transferencia superaron los 96 millones de transacciones, por más de $2,2 billones, con subas muy marcadas frente al año anterior.
El QR explica casi la totalidad de esas operaciones. La facilidad de uso, la interoperabilidad entre aplicaciones y la rapidez en la acreditación lo volvieron un estándar tanto para comercios chicos como para cadenas más grandes. Panaderías, almacenes, ferias, servicios y facturas conviven hoy bajo el mismo código.
El reparto entre cuentas bancarias y billeteras muestra un escenario equilibrado, aunque con una leve ventaja para las cuentas de pago. En muchos comercios, el dinero se acredita directamente en billeteras virtuales, reforzando su rol como eje del circuito cotidiano.
El ticket promedio de los pagos con QR ronda los $20.000, aunque varía según el rubro. En servicios puede superar los $50.000, mientras que en compras más básicas arranca en montos sensiblemente menores. Esa amplitud refleja que el QR dejó de ser una solución puntual para transformarse en una herramienta transversal.
Hacia adelante, el crecimiento ya no depende tanto de sumar nuevos usuarios —la adopción es alta— sino de ampliar usos. Más comercios, más pagos recurrentes, transporte, financiamiento y promociones integradas aparecen como los próximos pasos. En paralelo, comienzan a asomar tecnologías más avanzadas, como los pagos sin contacto desde el celular, que prometen mayor seguridad y una experiencia todavía más ágil.
El efectivo, mientras tanto, queda cada vez más relegado. No desaparece, pero pierde centralidad frente a un sistema donde el celular se consolida como billetera, caja y terminal de pago al mismo tiempo. Si querés, puedo ajustar aún más la extensión, hacerla todavía más noticiosa, o adaptarla al estilo de un medio puntual.