El fenómeno BTS volvió a poner a México en el centro de la atención internacional, pero esta vez desde la diplomacia. La presidenta Claudia Sheinbaum decidió intervenir ante la frustración de miles de fanáticos que no pudieron conseguir entradas para los tres conciertos programados de la banda de k-pop en Ciudad de México, y envió una carta al presidente surcoreano, Lee Jae Myung, solicitando que los artistas agreguen más presentaciones en el país.
El revuelo comenzó cuando se puso a la venta el paquete de 150.000 boletos para los recitales de mayo y se agotaron en cuestión de minutos. Cerca de un millón de personas intentaron comprar entradas sin éxito, dejando al descubierto la magnitud del fenómeno k-pop en la región, que va más allá de la música e incluye series, gastronomía y moda.
Frente a esta situación, Sheinbaum consultó con el canciller y decidió llevar el tema a nivel internacional. La carta enviada al presidente surcoreano pedía expresamente que BTS “venga más veces” a México, reconociendo el impacto cultural y social del grupo, que regresó a los escenarios tras completar su servicio militar obligatorio en Corea del Sur.
El gesto de la mandataria se suma a un interés creciente por el k-pop en ámbitos que antes parecían ajenos, incluyendo la política. La presencia del secretario de Economía en un video saludando a uno de los integrantes de BTS había anticipado que la banda no solo moviliza a jóvenes fanáticos, sino también capta la atención de sectores institucionales.
Hasta ahora, la productora encargada de los shows, Ocesa, había descartado la posibilidad de ampliar las fechas. Sin embargo, la misiva presidencial abre un nuevo capítulo, mostrando cómo la popularidad de un grupo musical puede trascender lo artístico y convertirse en un asunto de agenda pública.
BTS, compuesto por siete integrantes, se reincorporó a los escenarios en 2026 después de una pausa que comenzó en 2022. Su regreso ha generado expectativas no solo en México, sino en toda América Latina, donde la fiebre por el k-pop sigue creciendo.
Analistas señalan que iniciativas como la carta de Sheinbaum reflejan la fuerza cultural que el k-pop ha alcanzado, capaz de mover audiencias masivas y generar debates que van más allá del entretenimiento, llegando incluso a la diplomacia internacional.
El episodio también evidencia cómo la cultura pop y la política pueden cruzarse de manera inesperada, y cómo los gobiernos comienzan a reconocer la influencia de fenómenos globales que movilizan a millones de jóvenes. Para los fanáticos que no consiguieron entradas, la carta podría ser la esperanza de que BTS agregue nuevas fechas y permita que más personas vivan en vivo la experiencia de la banda que marcó a toda una generación.