La República Democrática del Congo enfrenta un nuevo avance del ébola, con 864 personas fallecidas y 2.181 casos confirmados desde el inicio del brote. Las autoridades sanitarias informaron que la enfermedad mantiene una alta letalidad, cercana al 40%, mientras continúan las tareas de control y seguimiento de los contagios.
En el último reporte difundido por el Ministerio de Comunicación y Medios congoleño se registraron 56 nuevos casos positivos y 36 muertes en apenas 24 horas. Además, 722 pacientes permanecían bajo atención médica o aislamiento y 412 personas lograron recuperarse tras atravesar la enfermedad.
El brote continúa en una etapa de transmisión sostenida, según indicaron las autoridades, debido al incremento constante de contagios registrados en distintas zonas del país africano. La epidemia está vinculada a la cepa Bundibugyo del virus del ébola, una de las variantes identificadas dentro de esta enfermedad altamente infecciosa.
Las tareas de vigilancia epidemiológica avanzan con un nivel de rastreo que alcanza cerca del 67% de los casos. Los equipos sanitarios trabajan en la identificación de contactos estrechos, la atención de pacientes y la aplicación de medidas preventivas para reducir la propagación del virus.
El brote fue declarado oficialmente a mediados de mayo y desde entonces las autoridades del Congo reforzaron los operativos sanitarios en las regiones afectadas. Entre las zonas con mayor impacto se encuentra Ituri, considerada uno de los principales focos de la enfermedad, además de otras áreas del este del país.
En países vecinos también se mantuvo la vigilancia ante el riesgo de nuevos contagios. Uganda informó que logró recuperar al último paciente diagnosticado con ébola luego de registrar 20 casos, incluidos contagios provenientes del Congo y algunos fallecimientos asociados.
El virus del ébola provoca fiebre intensa, debilidad, dolores musculares y, en casos graves, hemorragias y fallas orgánicas. La transmisión ocurre principalmente por contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas o superficies contaminadas, por lo que las medidas de prevención y detección temprana resultan claves para contener los brotes.
Mientras continúan los esfuerzos para frenar la expansión de la enfermedad, las autoridades sanitarias mantienen activos los controles en las zonas afectadas y remarcan la importancia del seguimiento de casos sospechosos para evitar una mayor propagación regional.