Un violento temporal en Brasil dejó hasta el momento al menos 22 muertos y más de 40 personas desaparecidas en el estado de Minas Gerais, donde las lluvias intensas y persistentes provocaron inundaciones masivas, desbordes de ríos y deslizamientos de tierra en distintas ciudades. La emergencia obligó además a evacuar a más de 400 vecinos que debieron abandonar sus casas ante el avance del agua y el riesgo de nuevos derrumbes.
Las localidades más afectadas son Juiz de Fora y Ubá, donde se concentra la mayor cantidad de víctimas y daños materiales. Según el último balance oficial, 16 de las personas fallecidas corresponden a Juiz de Fora y seis a Ubá, aunque las autoridades advirtieron que la cifra podría aumentar en las próximas horas debido a que continúan las tareas de búsqueda en zonas de difícil acceso.
El temporal comenzó el lunes por la tarde y rápidamente generó un escenario crítico. En pocas horas se acumularon precipitaciones extraordinarias que saturaron el suelo, hicieron colapsar desagües y provocaron el desborde de cursos de agua. En Juiz de Fora, febrero se convirtió en el mes más lluvioso desde que existen registros oficiales, con 584 milímetros acumulados, casi el doble del promedio histórico para esta época del año.
La magnitud del fenómeno impactó de lleno en una región caracterizada por su relieve irregular, con cerros y valles que potencian la escorrentía y favorecen los deslizamientos. Al ceder el terreno en sectores inestables, varias viviendas quedaron sepultadas o seriamente dañadas, lo que explica el alto número de desaparecidos.
Uno de los puntos más comprometidos es el barrio Parque Burnier, en Juiz de Fora, donde se reportaron al menos 17 personas desaparecidas, entre ellas varios niños. Equipos de rescate trabajan contrarreloj entre el barro y los escombros, removiendo tierra y estructuras colapsadas con maquinaria pesada y herramientas manuales. En medio de la devastación, nueve vecinos fueron hallados con vida y trasladados a centros de salud para su atención.
El desborde del río Paraibuna River y de sus afluentes agravó el panorama. Calles enteras quedaron anegadas y barrios completos permanecen bajo el agua. En varios sectores, el nivel alcanzó alturas que superaron el metro, ingresando a viviendas, comercios y edificios públicos. La corriente arrastró vehículos, mobiliario y árboles, dejando un escenario de destrucción y barro.
Puentes y pasos bajo nivel que conectan con el centro urbano fueron cerrados preventivamente ante el riesgo estructural. La caída de árboles y postes también complica la circulación y dificulta el acceso de ambulancias, bomberos y equipos de asistencia. En algunos barrios, el aislamiento es casi total y solo se puede ingresar con maquinaria especial o vehículos preparados para transitar por zonas inundadas.
Frente a la gravedad del cuadro, las autoridades municipales declararon el estado de calamidad pública, una medida que permite agilizar recursos y coordinar acciones con organismos provinciales y nacionales. La prioridad, indicaron, es localizar a las personas desaparecidas y retirar a los habitantes de áreas consideradas de alto riesgo por posibles nuevos deslizamientos.
Más de 400 personas fueron evacuadas y trasladadas a centros de alojamiento provisorio, donde reciben asistencia con alimentos, abrigo y atención médica. Muchas familias debieron salir con lo puesto, dejando atrás pertenencias y recuerdos. En los refugios, el clima es de angustia e incertidumbre, a la espera de noticias sobre los desaparecidos y de una mejora en las condiciones meteorológicas.
Los equipos de emergencia mantienen operativos permanentes, incluso durante la noche, aunque el trabajo se ve condicionado por la inestabilidad del terreno y la persistencia de lluvias intermitentes. Los especialistas advierten que el suelo continúa saturado, por lo que cualquier nueva precipitación podría generar más derrumbes o agravar las inundaciones existentes.
En Minas Gerais, los temporales de verano no son un fenómeno inusual, pero la intensidad registrada en este episodio superó ampliamente los valores promedio. La combinación de lluvias concentradas en pocas horas, expansión urbana en zonas vulnerables y pendientes pronunciadas conformó un escenario propicio para la catástrofe.
El impacto económico también comienza a dimensionarse. Además de las pérdidas humanas, hay daños en infraestructura, viviendas y servicios básicos. Varias escuelas suspendieron actividades y se reportan interrupciones parciales en el suministro eléctrico y de agua potable en sectores afectados. Comerciantes y pequeños emprendedores evalúan las pérdidas tras el ingreso de agua en locales y depósitos.
En paralelo, organismos de asistencia social organizan campañas para recolectar donaciones destinadas a los evacuados. Se solicitan principalmente colchones, frazadas, ropa seca, alimentos no perecederos y artículos de higiene personal. La solidaridad de la comunidad resulta clave en las primeras horas de la emergencia, mientras se despliegan los mecanismos formales de ayuda.
Las autoridades meteorológicas mantienen la alerta por posibles nuevas precipitaciones en la región sudeste de Brasil. Si bien se espera que la intensidad disminuya gradualmente, el pronóstico indica que podrían registrarse lluvias adicionales en los próximos días, lo que obliga a sostener la vigilancia y los operativos preventivos.
El drama en Minas Gerais vuelve a poner en foco el impacto de los fenómenos climáticos extremos en Sudamérica, donde cada temporada de lluvias deja a su paso víctimas fatales, evacuados y cuantiosos daños materiales. En este caso, la cifra de 22 muertos y más de 40 desaparecidos marca uno de los episodios más trágicos del verano brasileño.
Mientras continúan las tareas de rescate y la asistencia a las familias afectadas, la prioridad es clara: encontrar a quienes aún no aparecen y evitar que la cifra de víctimas siga creciendo. La evolución del clima en las próximas horas será determinante para las tareas en terreno y para el futuro inmediato de miles de personas que hoy enfrentan las consecuencias de un temporal devastador en Brasil.