El presidente argentino atraviesa uno de sus momentos más delicados desde su llegada al poder, según un análisis internacional que describe un cuadro marcado por la pérdida de apoyo social, conflictos judiciales en su entorno y una economía que no logra consolidar señales de recuperación sostenida. La evaluación advierte que la combinación de factores políticos y económicos empieza a impactar de lleno en la estabilidad del Gobierno.
El informe destaca que el nivel de aprobación presidencial se ubica en su punto más bajo desde el inicio de su gestión. Aunque el oficialismo consiguió avances legislativos en el Congreso, la percepción pública se ha deteriorado por denuncias y por el persistente deterioro del poder adquisitivo. Incluso los intentos del mandatario por presentarse como víctima de la crisis económica no habrían logrado revertir ese clima de desconfianza.
Uno de los episodios más sensibles mencionados es el vinculado a la criptomoneda $LIBRA, cuyo desplome generó fuertes pérdidas económicas. El caso dejó interrogantes sobre el vínculo entre funcionarios y empresarios involucrados, lo que alimentó sospechas y amplificó el ruido político en torno al Gobierno, aun cuando se niega responsabilidad directa.
En paralelo, se suma la investigación por presunto enriquecimiento ilícito que involucra a un alto funcionario del gabinete, con señalamientos sobre gastos personales y operaciones inmobiliarias bajo la lupa. La respuesta oficial incluyó un respaldo político explícito, acompañado por una escalada en el enfrentamiento con sectores de la prensa y un aumento de la confrontación discursiva en redes sociales.
El vínculo con los medios también se tensó a partir de restricciones temporales en el acceso a la Casa de Gobierno, luego revertidas bajo nuevas condiciones. Este clima de confrontación se da en un contexto donde el Gobierno enfrenta dificultades crecientes para ordenar la agenda pública y sostener niveles de confianza estables.
En el plano económico, el análisis advierte que la situación sigue siendo el principal factor de preocupación. Si bien se logró una desaceleración parcial de la inflación en algunos meses, la tendencia volvió a mostrar variaciones al alza. A esto se suma una caída de la actividad económica, con retrocesos en sectores clave como la industria y el comercio.
La contracción del producto y la pérdida de dinamismo en el consumo impactan directamente en el empleo y en la recaudación, generando tensiones adicionales sobre las cuentas públicas. Aunque algunos sectores vinculados a recursos naturales mantienen buenos niveles de actividad, su impacto en el empleo general es limitado.
En contraste, rubros intensivos en mano de obra muestran signos de enfriamiento, con consecuencias visibles en el mercado laboral y en los ingresos de los hogares. Este desbalance profundiza la preocupación social por el empleo y los salarios, que se consolidan como ejes centrales del malestar.
El informe también cuestiona las herramientas utilizadas para controlar la inflación, al señalar que la combinación de apertura económica, tasas elevadas y apreciación cambiaria no logró estabilizar completamente los precios. En ese marco, la inflación continúa siendo un factor de presión constante.
Finalmente, el análisis advierte que el escenario electoral comienza a influir en la dinámica económica y política. Una eventual pérdida de confianza podría afectar los mercados y generar mayor inestabilidad. Para evitarlo, el Gobierno necesita mostrar resultados concretos en crecimiento, empleo e inflación, en un contexto donde el margen de tiempo se reduce.