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Del dedo acusador a la selfie

De las críticas duras al abrazo exprés: Agustina Álvarez se pasó a La Libertad Avanza

La ex referente del PRO en Salta oficializó su ingreso al bloque libertario justo cuando este atraviesa internas, licencias oportunas y falta de rumbo.

De las críticas duras al abrazo exprés: Agustina Álvarez se pasó a La Libertad Avanza

Después de haberlos cuestionado con dureza por su supuesto sectarismo y falta de rumbo político, Agustina Álvarez pegó el volantazo y ya es parte de La Libertad Avanza en el Concejo Deliberante de Salta.

 

El pase se consumó con foto oficial, bienvenida en redes y todo el manual de marketing partidario. Lo curioso es el timing: llega cuando el bloque parece más un grupo de WhatsApp en llamas que un proyecto consolidado.

El bloque libertario viene acumulando papelones y escandalos que van desde Maximiliano Casasola, que pidió licencia “por razones personales” justo cuando las denuncia por violencia de género se le venía encima, a Pablo López, que se volvió famoso por proponerle a su ex pareja un peculiar método de pago: “por cada chupada de pito te descuento 10 mil pesos”. Casualidad, claro.

Mientras tanto, Laura Jorge Saravia comparte recetas de cocina en Instagram y Rodrigo Quinteros se muestra muy enfocado en su rol protocolar junto a Madile. Cada uno en lo suyo, pero nadie parece tener claro para qué están sentados en el Concejo.

En medio de ese panorama de “sálvese quien pueda”, aparece Álvarez. La misma que hace apenas un año les marcaba distancia ideológica fuerte. “Nosotros creemos en un Estado eficiente, no en destruirlo”, repetía con convicción. Hoy esas diferencias, que parecían profundas, se disolvieron más rápido que un hielo en el norte salteño.

Desde el PRO macrista cuentan que su salida se debió a que el partido terminó colonizado por el saencismo. “Luché mucho y no tengo fuerza ni plata para competir”, habría confesado a sus allegados. La explicación tiene lógica interna, pero deja expuesta la verdadera naturaleza del movimiento: en política salteña, a veces la convicción pesa menos que la necesidad de no quedarse afuera.

Porque si algo salta a la vista es que Álvarez no se subió a un barco ordenado y victorioso. Se trepó a uno que ya hacía agua por todos lados. Internas, denuncias, falta de coordinación y una línea política que parece más un remix improvisado que una propuesta clara. Aun así, el espacio libertario todavía ofrece algo valioso en tiempos de reacomodamiento: sillones, visibilidad y la chance de proyectarse hacia adelante.

El pase de Álvarez deja varias lecturas. Puede ser un acto de pragmatismo puro, una jugada de supervivencia o, quién sabe, un verdadero cambio de convicciones. Lo que queda claro es que en la política local los discursos de ayer se guardan en el cajón con sorprendente velocidad cuando aparecen oportunidades concretas.

Al final, el salto de la ex PRO confirma una regla no escrita en Salta: pocos resisten la tentación de subirse al bote que, aunque esté dando vueltas, todavía flota y tiene espacio disponible. Veremos cuánto dura la luna de miel en este nuevo bloque que, por ahora, sigue navegando sin brújula a la vista.

 


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