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Acuerdo histórico

Argentina ratificó el tratado Mercosur - Unión Europea y abre una nueva etapa comercial

El Gobierno ahora deberá avanzar con la reglamentación para su implementación efectiva.

Argentina ratificó el tratado Mercosur - Unión Europea  y abre una nueva etapa comercial

El Senado de la Nación convirtió en ley el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, un tratado que llevaba más de dos décadas de negociaciones y que ahora abre una nueva etapa para la economía argentina. La votación fue contundente: 69 votos afirmativos, 3 negativos y 3 abstenciones, un resultado que marcó un amplio respaldo político a la iniciativa impulsada por el Poder Ejecutivo.

Con este aval legislativo, Argentina ratificó formalmente el pacto birregional, considerado uno de los acuerdos comerciales más relevantes de los últimos años para el país. El texto deberá ahora ser reglamentado para definir su aplicación concreta y los plazos de implementación, un paso clave para que las disposiciones comiencen a tener impacto real en los distintos sectores productivos.

La sesión se desarrolló con un clima menos áspero que en debates recientes. El oficialismo consiguió reunir el quórum sin sobresaltos y logró encaminar una jornada que estaba marcada como estratégica dentro del período de extraordinarias. En el recinto se reunieron más de 40 senadores al momento de habilitar el tratamiento, lo que permitió avanzar con rapidez hacia la discusión de fondo.

El acuerdo Mercosur Unión Europea representa la creación de una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, integrando a los países del bloque sudamericano —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— con los 27 Estados miembros del bloque europeo. La expectativa oficial es que el tratado facilite el acceso a mercados, reduzca aranceles y genere nuevas oportunidades de exportación para productos agroindustriales, energéticos e industriales.

Desde el oficialismo defendieron la ratificación como una señal clara de apertura al mundo y de búsqueda de competitividad. Plantearon que la inserción internacional es clave para atraer inversiones, fortalecer el comercio exterior y potenciar sectores estratégicos como el agro, la minería, la economía del conocimiento y la industria energética.

En contrapartida, algunos sectores de la oposición acompañaron con reparos. Si bien no bloquearon el avance del proyecto, remarcaron la necesidad de políticas complementarias que amortigüen el impacto en industrias sensibles y economías regionales que podrían enfrentar mayores niveles de competencia. También señalaron que la implementación requerirá una estrategia integral para evitar desequilibrios productivos.

El debate incluyó momentos de tensión política, sobre todo en torno a los tiempos de tratamiento. Hubo cuestionamientos sobre la celeridad con la que se llevó el proyecto al recinto y reclamos por una discusión más extensa en comisión. Sin embargo, esas diferencias no modificaron el resultado final, que terminó consolidando una mayoría amplia.

El tratado contempla una reducción progresiva de aranceles para una parte significativa del intercambio comercial entre ambos bloques. Para Argentina, esto podría traducirse en mejores condiciones de acceso para productos como carne, vinos, economías regionales y manufacturas de origen agropecuario. A su vez, implicará la apertura del mercado local a bienes industriales y tecnológicos provenientes de Europa.

En provincias con fuerte perfil exportador, el acuerdo es seguido con especial atención. Sectores vinculados al complejo agroindustrial y a la minería observan con expectativa la posibilidad de ampliar mercados y diversificar destinos. Al mismo tiempo, pequeñas y medianas empresas industriales analizan el escenario con cautela ante la competencia externa.

El comercio exterior argentino viene atravesando un proceso de reconfiguración, en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, nuevas barreras paraarancelarias y cambios en las cadenas de suministro. En ese marco, el Gobierno sostiene que el acuerdo Mercosur Unión Europea puede convertirse en una herramienta para ganar previsibilidad y ampliar el horizonte de negocios.

Otro de los puntos que se destacan es la posibilidad de consolidar reglas comunes en materia sanitaria, fitosanitaria y de estándares de calidad, lo que facilitaría la inserción de productos argentinos en mercados europeos altamente exigentes. Para los exportadores, cumplir con esos requisitos implica desafíos, pero también la chance de posicionarse en segmentos de mayor valor agregado.

El tratado también incluye capítulos vinculados a compras públicas, servicios e inversiones. Allí se abre un terreno de oportunidades, aunque con la necesidad de fortalecer la competitividad interna para que empresas locales puedan participar en igualdad de condiciones.

Más allá del impacto económico, la ratificación tiene una dimensión política. Marca una señal de alineamiento con una estrategia de apertura comercial y de integración a bloques económicos de peso global. En términos diplomáticos, implica un gesto de respaldo al proceso de asociación birregional, que aún debe completar instancias en otros países para su plena vigencia.

En paralelo a la aprobación del acuerdo, el Senado también trató otros temas relevantes, lo que le dio a la jornada un tono intenso. Sin embargo, el foco principal estuvo puesto en el tratado comercial y en el mensaje que representa hacia los mercados internacionales y socios estratégicos.

De cara a los próximos meses, la atención estará puesta en la reglamentación y en la letra chica de la implementación. Allí se definirán cronogramas de desgravación, mecanismos de adaptación y eventuales medidas de acompañamiento para sectores que requieran un proceso de transición.

Para la economía argentina, que busca estabilidad macroeconómica y recuperación del crecimiento, el acuerdo Mercosur Unión Europea se presenta como una apuesta de mediano y largo plazo. Sus efectos no serán inmediatos, pero podrían incidir en la estructura productiva, en el perfil exportador y en la inserción internacional del país.

El desafío será traducir el aval legislativo en políticas concretas que permitan aprovechar las oportunidades sin descuidar a los sectores más vulnerables frente a la competencia externa. En ese equilibrio se jugará buena parte del resultado final de un tratado que, tras 25 años de idas y vueltas, finalmente obtuvo luz verde en el Congreso argentino.

 


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