La economía de la Provincia de Buenos Aires transita uno de sus momentos más complejos en décadas, con un número preocupante de empresas que bajaron definitivamente sus persianas en los últimos dos años. El registro de empleadores con trabajadores registrados muestra que casi 5.832 compañías dejaron de operar en este período, representando una caída significativa en el tejido productivo de la jurisdicción con mayor peso industrial del país.
Este fenómeno no sólo refleja la complejidad económica general, sino también la vulnerabilidad de un sector productivo que, golpeado por la caída del consumo interno, mayores costos logísticos y dificultades de financiamiento, ve erosionada su capacidad de mantenerse en pie. La desaparición de estas empresas se traduce directamente en miles de puestos de trabajo que se disuelven en un mercado laboral ya tensionado.
Sectores y casos emblemáticos
Dentro de este escenario, varios sectores productivos exhiben retrocesos notorios. La industria manufacturera, tradicional motor del empleo formal en la provincia, sufrió pérdidas tanto en cantidad de firmas como en horas de trabajo. El cierre de plantas emblemáticas, como el de una histórica fábrica de neumáticos que empleaba a cientos de trabajadores, simboliza la profundidad del impacto.
No se trata solo de firmas pequeñas: también se observaron cierres o reducciones de operaciones en rubros como electrodomésticos, alimentos y metalurgia que antes eran pilares de la actividad productiva bonaerense. En muchos de estos casos, la imposibilidad de competir con productos importados más baratos, junto con la caída del ritmo de ventas, terminó por forzar a las empresas a cesar su actividad.
El sector comercial, aunque más diversificado, no quedó al margen. Varias cadenas de venta al por menor y mayorista optaron por achicar su presencia o liquidar unidades de negocio ante la falta de demanda y los crecientes costos de operación, presionando aún más al empleo local.
El factor de la caída del mercado interno
Un denominador común en este proceso es la debilidad del mercado interno. La falta de una demanda sólida limita la posibilidad de que muchas empresas mantengan niveles de producción rentables, independientemente de su tamaño. Para las pymes, que suelen operar con márgenes más ajustados, esto se traduce en una presión extra que en muchos casos se vuelve insostenible.
Este contexto también afecta los incentivos para la creación de nuevas firmas o para la expansión de las ya existentes. La capilaridad del fenómeno hace que incluso emprendimientos que parecían prometedores enfrenten dificultades severas para consolidarse en un entorno donde el consumo no repunta con fuerza.
Empleo formal en retroceso
La desaparición de empresas está estrechamente vinculada con una caída del empleo registrado formal. Aunque los números globales pueden mostrar ciertas variaciones trimestrales, el saldo general indica una retracción que impacta tanto a trabajadores con larga trayectoria como a quienes recién ingresaban al mercado laboral.
Y aunque no siempre todos los empleos perdidos están directamente asociados a compañías cerradas, la correlación es evidente: menos empresas activas significa menos puestos formales disponibles, con las correspondientes consecuencias para la estabilidad económica de miles de familias.
Un panorama productivo desafiante
Además de la desaparición de firmas, muchas de las que siguen en funcionamiento operan con niveles de capacidad instalada por debajo de lo deseable, lo que limita su aporte a la economía provincial. Esta subutilización refleja no solo un exceso de capacidad ociosamente instalada, sino también problemas estructurales para reactivar la producción.
La retracción de la actividad productiva y la merma en la utilización de recursos disponibles constituyen un desafío para la recuperación económica. Para revertir esta tendencia, no alcanza con medidas puntuales: se requiere un estímulo que incentive tanto el consumo como la inversión productiva, atendiendo a las particularidades de los diversos sectores, desde la industria pesada hasta las pymes del interior.
Mirando hacia adelante
Frente a esta realidad, el futuro inmediato plantea desafíos urgentes. La necesidad de políticas que favorezcan la reactivación productiva y la generación de empleo formal aparece como una prioridad para los actores económicos y sociales de la Provincia de Buenos Aires.
Durante este período de ajuste, la búsqueda de soluciones que estimulen la competitividad de las empresas, fortalezcan la demanda interna y faciliten el acceso al crédito será clave para frenar la caída de firmas y revertir la destrucción de empleo. La articulación de esfuerzos entre distintos sectores productivos, el Estado y organismos de apoyo a la producción figura como una pieza central para encontrar un rumbo que permita recomponer el entramado productivo.
La provincia, epicentro de gran parte de la actividad industrial y comercial del país, enfrenta ahora la tarea de reconstruir su base empresarial en un contexto donde cada cierre representa no solo una pérdida económica, sino también una comunidad de trabajadoras y trabajadores que buscan sostener su futuro.