La histórica cadena de electrodomésticos Garbarino llegó oficialmente a su final. La Justicia nacional en lo comercial decretó la quiebra de la empresa y ordenó avanzar con el proceso de liquidación de los bienes, después de varios años marcados por deudas, intentos fallidos de rescate y una caída sostenida de la actividad.
La decisión fue tomada por el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, que dispuso el cierre definitivo de la compañía, que durante décadas fue una de las principales referencias del mercado argentino en la venta de electrodomésticos, tecnología y productos electrónicos.
La firma atravesaba una crisis profunda desde hace más de tres años, con un deterioro financiero que se agravó con el paso del tiempo. Los problemas económicos, la acumulación de deudas con proveedores y trabajadores, y la imposibilidad de atraer inversores terminaron por sellar el destino de la empresa.
Garbarino había ingresado en concurso de acreedores en noviembre de 2021, en un intento por reorganizar su situación financiera y evitar la quiebra. Sin embargo, el proceso no logró revertir el escenario adverso. A lo largo del tiempo se sucedieron negociaciones con potenciales interesados en aportar capital o adquirir la compañía, pero ninguna de esas gestiones se concretó.
Durante su época de mayor expansión, la empresa llegó a tener más de 200 sucursales distribuidas en todo el país y alrededor de 4.500 empleados. Su presencia era habitual en las principales ciudades argentinas y durante muchos años lideró el mercado de la venta de electrodomésticos junto a otras grandes cadenas del sector.
Pero ese escenario cambió drásticamente en los últimos años. El cierre de locales se multiplicó, el personal se redujo y la actividad comercial quedó prácticamente paralizada. Al momento de la decisión judicial, la empresa mantenía abiertos apenas tres locales: uno ubicado sobre la avenida Cabildo, en el barrio porteño de Belgrano; otro en la calle Uruguay, en pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires; y un outlet en el barrio de Almagro.
La retracción también alcanzó a la estructura logística. El histórico centro de distribución de La Tablada, que supo concentrar una importante operación de almacenamiento y despacho de mercadería, dejó de funcionar tiempo atrás. Allí trabajaban cerca de 200 empleados vinculados al transporte y la logística.
Con el paso del tiempo, la operación logística quedó reducida a un único depósito ubicado en Garín, de aproximadamente 2.500 metros cuadrados, lo que reflejaba el fuerte achicamiento de la empresa.
El proceso judicial estuvo marcado por diferentes instancias que intentaron evitar el cierre definitivo. En abril del año pasado, el juzgado había decretado la quiebra, pero la empresa logró revertir esa situación al depositar una parte de la deuda reclamada por los acreedores. Esa maniobra permitió suspender momentáneamente el proceso y abrir una nueva etapa para buscar alternativas de salvataje.
Sin embargo, el margen de maniobra fue cada vez más reducido. Ante la falta de avances concretos, la Justicia volvió a exigir que la empresa encontrara un comprador o un inversor que presentara una propuesta formal de reestructuración. Incluso se estableció un plazo breve para que apareciera alguna alternativa capaz de sostener la continuidad de la compañía.
En ese contexto se habilitó un registro de interesados en adquirir las acciones de la empresa o presentar propuestas de acuerdo preventivo con los acreedores. Pese a las expectativas generadas en su momento, solo una sociedad manifestó su interés inicial.
Se trató de la firma Vlinder, que se inscribió en el registro abierto por la Justicia. No obstante, la empresa nunca presentó un plan formal de reestructuración ni una propuesta concreta para hacerse cargo del negocio, por lo que el proceso quedó sin avances reales.
Ante la falta de propuestas firmes y el agravamiento de la situación económica, el juzgado finalmente resolvió decretar nuevamente la quiebra y avanzar con la liquidación definitiva de los activos.
La caída de Garbarino representa el final de una empresa que durante décadas tuvo un rol central en el comercio minorista argentino. La cadena fue fundada en 1951 por los hermanos Daniel y Omar Garbarino, quienes comenzaron con un pequeño local que con el tiempo se transformó en un gigante del sector.
Durante muchos años, la marca logró consolidarse como uno de los principales puntos de referencia para la compra de televisores, heladeras, lavarropas, computadoras y otros productos tecnológicos. La expansión se dio a lo largo de distintas etapas del país, con presencia en shoppings, centros comerciales y calles céntricas de numerosas ciudades.
El último gran cambio en la estructura de la compañía ocurrió en 2020, cuando fue adquirida por el empresario Carlos Rosales. En ese momento, el nuevo dueño también controlaba una aseguradora y tenía participación en el ámbito deportivo, además de sumar distintos negocios vinculados al grupo.
La operación incluyó también otras unidades que formaban parte del conglomerado, como la financiera Fiden y las plantas industriales Tecnosur y Digital Fueguina, ubicadas en Tierra del Fuego. Estas fábricas estaban dedicadas a la producción de equipos electrónicos y electrodomésticos.
Con el paso del tiempo, varias de esas unidades también quedaron paralizadas. La producción industrial se frenó y las instalaciones no pudieron reactivarse ni encontrar compradores en los intentos realizados para obtener financiamiento.
Dentro de ese proceso de desarme del grupo, otra de las compañías afectadas fue Garbarino Viajes, la unidad dedicada al turismo. Esa empresa también terminó en quiebra el año pasado, luego de no poder sostener su actividad ni resolver sus compromisos financieros.
La combinación de deudas, falta de liquidez, conflictos laborales y caída en las ventas terminó por deteriorar de manera irreversible la situación del grupo. A medida que la crisis se profundizaba, los intentos de rescate se fueron diluyendo.
Con la decisión judicial que ordena la quiebra y la liquidación, comienza ahora una etapa enfocada en la venta de los bienes y activos disponibles para afrontar parte de las obligaciones pendientes con acreedores.
El cierre de Garbarino marca el final de una de las marcas más reconocidas del comercio argentino en las últimas décadas. Su desaparición refleja también las profundas transformaciones que atravesó el sector minorista de electrodomésticos en el país, con cambios en el consumo, el avance del comercio electrónico y las dificultades económicas que afectaron a muchas empresas del rubro.