En el mundo de la política salteña, donde las lealtades duran poco o nada, la concejal capitalina Agustina Álvarez acaba de dar una masterclass de incoherencia.
Hace apenas unas semanas, ante una pregunta directa del periodista Daniel Murillo, sobre si planeaba convertirse en libertaria, la ahora nueva leona, respondió con convicción: "ella era del PRO, representaba a los votantes que la eligieron con esas ideas claras de cambio y no tenía ninguna intención de mudarse de vereda". Si uno mira la entrevista, hasta le cree.
Pero la realidad le duró poco. De un día para el otro, la misma edil que defendía con uñas y dientes su pertenencia al PRO y gritaba con fuerza sus valores, apareció confirmando ante la pregunta casi sarcástica si era una fake news, su salto sin garrocha a la Libertad Avanza: "ahora mi líder es Javier Milei y me defino mejor con Emilia Orozco". En Salta, donde la gente ya está cansada de estos movimientos de sillón, este pase genera más bronca que sorpresa.
Lo que más indigna a los salteños es la velocidad del giro. Una cosa es evolucionar en las ideas tras una profunda reflexión y otra muy distinta es desdecirse en cuestión de días como si nada. Los vecinos de Salta que confiaron en ella bajo el paraguas del PRO se sienten legítimamente traicionados. ¿Qué pasó con esa representación fiel de los valores que prometía defender?
Este tipo de acrobacias no fortalecen la democracia ni aportan seriedad a la política local. Por el contrario, alimentan el cinismo generalizado que tanto criticamos. En un país que necesita dirigentes con columna vertebral, ver a una concejal cambiar de camiseta con esta liviandad genera desconfianza y desilusión entre los salteños.
Desde ya, nadie le niega el derecho a cambiar de espacio si realmente cree que ahí puede aportar más. El problema es la forma: primero negar, después confirmar y pretender que todo sigue igual. La política salteña parece un mercado de pulgas donde las fichas se mueven según el viento que sopla y todo se define en la Casa Rosada.
Mientras tanto, La Libertad Avanza celebra la incorporación como un trofeo y una lavada de cara, ante tanto impresentable en sus filas. El PRO por su parte suma otra baja dolorosa en su ya complicado panorama provincial. Álvarez ahora tendrá que explicarles a sus votantes por qué lo que ayer era innegociable hoy es su nueva bandera.
Al final del día, estos saltos exprés terminan pasando factura en las urnas. Los salteños, cada vez más despiertos, ya no compran tan fácilmente estos cambios de discurso de la noche a la mañana. La coherencia, en política como en la vida, sigue siendo un valor escaso y muy preciado.
Por Luis Rodriguez