Lo que pintaba como una noche de gloria para los hinchas salteños terminó en un verdadero dolor de cabeza.
Alrededor del Martearena, durante el partido contra Gimnasia y Esgrima de Chivilcoy, los trapitos se adueñaron de las calles como si fueran dueños absolutos. Cobrando sumas ridículas por un "cuidado" que nadie pidió, transformaron el estacionamiento en una zona de ley propia, donde si no soltás la plata, corrés el riesgo de encontrar tu auto rayado o peor. Es el colmo en una ciudad como Salta, donde eventos masivos deberían ser sinónimo de diversión, no de extorsión.
Estos cuidacoches informales no son nuevos en el panorama local; operan con una impunidad que da bronca. Prohibidos sin autorización municipal, siguen apareciendo en cada recital o partido importante, imponiendo tarifas que parecen sacadas de un chiste malo. Diez mil pesos por unas horas de "vigilancia" es un robo a mano armada disfrazado de servicio. Familias enteras que ahorraron para ver a Boca se volvieron con el bolsillo vacío y el ánimo por el piso, preguntándose cómo es posible que esto siga pasando en pleno 2026.
Pero lo que más indigna es la aparente pasividad de la policía. En un estadio como el Martearena, con miles de personas circulando, uno esperaría patrulleros en cada esquina, disuadiendo estos abusos. Sin embargo, las denuncias se acumulan y los operativos brillan por su ausencia. ¿Será que las fuerzas de seguridad miran para otro lado? Es hora de que los salteños nos plantemos y exijamos respuestas claras.
El tema no es solo económico; va de seguridad y orden público. En Salta, donde el fútbol une a la gente, no podemos permitir que un puñado de vivos empañe la experiencia. Los conductores llegan ilusionados, pero se topan con presiones que rayan en la amenaza. "Pagá o atente a las consecuencias", parece ser el lema no escrito. Y mientras tanto, los controles municipales se limitan a promesas vacías, dejando que el problema se repita en cada evento deportivo.
Pensemos un momento: si la actividad de trapitos está regulada y prohibida en su forma ilegal, ¿por qué no hay sanciones efectivas? En otras provincias argentinas, como Buenos Aires o Córdoba, se han implementado medidas más estrictas contra estos cobros excesivos. Acá en el norte, pareciera que nos conformamos con quejarnos en las redes y nada más. Pero el silencio oficial alimenta las sospechas: ¿la policía está desbordada o simplemente no quiere meterse en este berenjenal?
Urge una acción concreta para erradicar este flagelo en Salta. Mayor presencia policial en zonas como el Martearena, multas reales a los infractores y campañas de concientización podrían marcar la diferencia. Los salteños merecemos disfrutar del fútbol sin miedos ni sorpresas desagradables. Si las autoridades siguen haciendo la vista gorda, el mensaje es claro: la impunidad gana, y nosotros perdemos.
Con información de QPS