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SALTA

Cayó la banda de "El Gordo" Aguirre y "La Payasa": millones en efectivo y amenazas mafiosas

Montaron una red de abigeato que sembró miedo en el Valle de Lerma. Se movían en las sombras, marcando fincas y robando animales.

Cayó la banda de "El Gordo" Aguirre y "La Payasa": millones en efectivo y amenazas mafiosas

Intimidaban a las víctimas con advertencias encubiertas, demostrando el nivel de impunidad y violencia con el que operaron durante años en el Valle de Lerma.

 

Se movían en las sombras, marcando fincas, robando animales y burlándose de productores que quedaban a merced de una organización aceitada y violenta. Hoy, esa estructura empieza a desmoronarse.

La banda liderada por el conocido "Gordo Aguirre" y una mujer apodada "La Payasa" fue sindicada como la principal responsable de esta red de abigeato que sembró miedo en el Valle de Lerma. No se trataba de improvisados: eran delincuentes con prontuario, con logística, inteligencia previa y una organización que, según los investigadores, llevaba al menos una década operando en la región.

El golpe llegó con un operativo que las propias autoridades calificaron como histórico. Bajo la conducción del fiscal penal Daniel Escalante y con la coordinación del Ministerio de Seguridad encabezado por el propio Gaspar Solá Usandivaras, más de 120 efectivos irrumpieron en 16 allanamientos simultáneos en la zona norte de la ciudad de Salta. El resultado fue contundente: nueve detenidos, varios prófugos cercados y a punto de caer, y el desmantelamiento de la estructura criminal más grande dedicada al robo de ganado en esta parte de la provincia.

Pero lo que se encontró expone la dimensión del negocio ilegal: cerca de 19 millones de pesos en efectivo, unos 20 mil dólares, maquinaria, documentación y carne de origen ilícito. Parte de ese circuito terminaba en carnicerías que funcionaban como pantalla para la comercialización del producto robado.

Industria del delito

La banda actuaba con precisión quirúrgica. Tenían roles definidos: quienes marcaban los objetivos, quienes ejecutaban el robo, quienes faenaban clandestinamente y quienes distribuían la carne. Antes de atacar, estudiaban a los propietarios, analizaban movimientos, horarios y rutinas. Elegían los animales y, en un gesto de cinismo absoluto, dejaban mensajes "amistosos" para advertir que podían volver cuando quisieran.

Un mecanismo de intimidación mafiosa que revela el nivel de impunidad con el que se manejaban. Los hechos se multiplicaron en Rosario de Lerma, Chicoana, El Carril, Cerrillos, La Silleta, Campo Quijano, San Agustín y San Lorenzo. Durante años, los productores denunciaron, resistieron y aportaron información clave hasta que la investigación tomó forma. "Fue un golpe clave a una estructura que venía afectando durante años a los productores", sostuvo el Ministro Solá, dejando en claro que no se trató de un procedimiento más.

Los detenidos no son desconocidos para la Justicia. Arrastran antecedentes por delitos contra la propiedad y abigeato agravado, lo que refuerza la hipótesis de una organización criminal consolidada, con vínculos y conexiones que podrían extenderse aún más. La causa sigue abierta. Hay prófugos, hay pistas que se siguen y hay una red que podría ser más amplia de lo que hoy se conoce. La balanza empezó a inclinarse del lado del bien, pero el daño está hecho: años de pérdidas, amenazas y un campo rehén de delincuentes que creyeron que nunca los iban a alcanzar.


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