La Justicia salteña condenó a un hombre de 53 años a la pena de ocho años y seis meses de prisión efectiva por abusar sexualmente de su hija adolescente. El hecho ocurrió cuando la víctima tenía 17 años y convivía con el acusado en la vivienda familiar, situación que fue considerada por el tribunal como un agravante clave en la causa.
La sentencia fue dictada por la Sala VI del Tribunal de Juicio del Distrito Centro, donde se desarrolló la audiencia de debate en la que se analizaron las pruebas reunidas durante la investigación. Tras evaluar los testimonios, informes periciales y demás elementos incorporados al expediente, el juez José Luis Riera resolvió declarar al acusado culpable del delito de abuso sexual gravemente ultrajante agravado por la guarda y la convivencia con una menor de 18 años.
El caso expuso una situación de extrema gravedad ocurrida en el ámbito familiar, donde el acusado, lejos de cumplir su rol de cuidado y protección, utilizó su posición de autoridad sobre la adolescente para vulnerarla.
Según se reconstruyó durante el proceso judicial, el abuso ocurrió dentro de la casa donde ambos residían. En ese momento, padre e hija compartían la misma cama, circunstancia que fue aprovechada por el hombre para cometer el delito.
La investigación permitió establecer que la adolescente atravesó un profundo proceso de angustia antes de poder hablar sobre lo sucedido. El caso comenzó a salir a la luz cuando su madre advirtió que la joven tenía un comportamiento inusual.
De acuerdo a lo expuesto en el juicio, la mujer comenzó a notar cambios en la actitud de su hija: se mostraba retraída, triste y con signos evidentes de angustia. Ante esa situación, decidió mantener una conversación con ella para intentar comprender qué estaba ocurriendo.
Durante ese diálogo, la adolescente se quebró emocionalmente. Entre lágrimas y con gran dificultad, expresó su sufrimiento, aunque en ese momento aún le resultaba muy difícil relatar lo ocurrido.
Posteriormente, la hermana mayor de la víctima confirmó la situación y le reveló a su madre que la joven había sido víctima de abuso por parte de su propio padre, lo que terminó de confirmar las sospechas y permitió avanzar hacia la denuncia.
Uno de los aspectos que también se abordó durante el juicio fue el temor que sentía la adolescente a la hora de denunciar. Según se explicó durante el debate, el propio acusado ejercía presión psicológica sobre la víctima para evitar que hablara.