El juicio por el femicidio de Mercedes Kvedaras transita sus jornadas finales en la ciudad de Salta y este viernes se recibirán los últimos testimonios previstos antes de avanzar hacia las etapas decisivas del proceso. La causa tiene como imputado a José Eduardo Figueroa, acusado por homicidio doblemente calificado por el vínculo, la relación de pareja preexistente y por mediar violencia de género en perjuicio de quien fuera su esposa.
El debate oral es seguido con fuerte atención en la provincia por la gravedad del hecho y por tratarse de una causa emblemática vinculada a violencia contra las mujeres en Salta.
Durante la jornada de este jueves declararon familiares del acusado, personas cercanas al entorno de la pareja, un empleado y dos profesionales de la salud mental que asistieron a Figueroa desde su detención.
La fiscal penal de la Unidad de Femicidios, María Luján Sodero Calvet, representa al Ministerio Público Fiscal y sostuvo durante la audiencia distintos cuestionamientos a varios de los testimonios expuestos, especialmente aquellos vinculados al estado emocional del imputado y a las interpretaciones sobre la dinámica familiar.
Uno de los primeros en declarar fue un tío materno del acusado, quien afirmó mantener una relación cercana con la pareja. Incluso señaló que su esposa es madrina de uno de los hijos de ambos.
Durante su exposición relató situaciones cotidianas de convivencia y generó repercusión cuando expresó que le había parecido mal que la víctima le pidiera a su esposo cambiar los pañales de uno de los niños.
La declaración dejó al descubierto visiones tradicionales sobre los roles familiares, un aspecto que no pasó inadvertido en el marco de un juicio por femicidio donde se analiza también el contexto de violencia de género.
Posteriormente declaró un trabajador rural vinculado laboralmente a la familia del imputado. Describió la relación con Figueroa como cercana y destacó un buen trato personal.
Sobre Mercedes Kvedaras, en tanto, sostuvo que el vínculo era formal y la calificó como “mandonita”, expresión que también generó atención dentro de la sala por el tono valorativo hacia la víctima.
Luego fue el turno de una amiga de la familia, relacionada con actividades deportivas de los hijos de la pareja. Señaló que compartían cumpleaños y encuentros sociales, y que desde afuera les parecían una “pareja perfecta”.
La mujer explicó que no conocía detalles de la intimidad del matrimonio y recordó que la noche previa al hecho fue al domicilio del imputado a buscar a su hijo.
Según indicó, encontró a Figueroa de buen ánimo, haciendo bromas y sin señales visibles de conflicto. Añadió que se enteró de lo ocurrido posteriormente a través de los medios de comunicación.
También declaró mediante videollamada una prima del acusado, quien afirmó tener trato frecuente con la pareja pese a vivir en otra provincia.
La testigo sostuvo que nunca advirtió conflictos importantes entre ambos y definió a la víctima como una excelente persona.
Uno de los momentos centrales de la audiencia llegó con las declaraciones de una médica psiquiatra y una psicóloga particulares que atendieron al imputado desde su ingreso a la Unidad Carcelaria 1.
Ambas profesionales coincidieron en describir un cuadro presuntivo de depresión, acompañado por síntomas compatibles con estrés postraumático, entre ellos desánimo, insomnio y fuerte carga emocional.
Además, indicaron que el acusado recuerda hasta una discusión previa que habría actuado como disparador de los hechos, pero que luego presenta lagunas mentales o ausencia de recuerdos sobre lo sucedido.
Según señalaron, Figueroa manifiesta sentimientos de culpa y responsabilidad por lo ocurrido, además de angustia por la situación general posterior al hecho.
La médica psiquiatra describió incluso un desborde emocional intenso, al que comparó con un “huracán”.
Sin embargo, la fiscal Sodero Calvet marcó un punto relevante durante el contrainterrogatorio: remarcó que en los informes profesionales aparecía preocupación del imputado por sus hijos, su familia y su futuro, pero no se mencionaban expresamente sentimientos vinculados a la muerte de Mercedes Kvedaras.
Ese aspecto fue reconocido por ambas especialistas y se convirtió en uno de los focos del debate dentro de la audiencia.
En el caso de la psicóloga, también hubo cuestionamientos por el uso de la expresión “emoción violenta” en uno de sus informes.
Desde la acusación se observó que se trata de un concepto propio del ámbito jurídico y no estrictamente psicológico, además de haberse apoyado en bibliografía de una criminalista ajena a su especialidad técnica.
La profesional también afirmó que la pareja tenía naturalizadas ciertas situaciones de violencia, aunque fue interpelada sobre el alcance de esa conclusión, dado que su abordaje se centró únicamente en el imputado y no conoció ni entrevistó a la víctima.
Otro punto debatido fue el uso del término “expresiones indecorosas” para describir la forma en que Mercedes se comunicaba con su marido. La psicóloga debió aclarar que se trató de una apreciación personal y no de una frase textual atribuida al acusado.
Con estos testimonios, el juicio entró en una fase decisiva. Este viernes desde las 8.30 se retomará la audiencia para escuchar a los últimos testigos previstos por el Tribunal integrado por Cecilia Flores Toranzos, Eduardo Sángari y Leonardo Feans.
Luego de esa instancia, se espera que el proceso avance hacia alegatos y posteriormente sentencia.
En Salta existe fuerte expectativa por el desenlace de una causa que conmocionó a la sociedad y volvió a poner en agenda la problemática de los femicidios, la prevención de la violencia de género y la respuesta judicial ante estos crímenes.
El cierre del debate oral será clave para determinar responsabilidades penales y ofrecer una resolución en uno de los casos más sensibles de los últimos años en la provincia.