La audiencia por el femicidio ocurrido en un barrio privado de Salta sumó este jueves una nueva jornada cargada de testimonios que aportaron detalles sensibles sobre la relación de la pareja y el contexto previo al hecho. En el banquillo de los acusados se encuentra José Eduardo Figueroa, imputado por el homicidio doblemente calificado de quien era su esposa, en un caso que mantiene fuerte repercusión en la provincia.
Durante la jornada declararon cinco personas, todas vinculadas de manera directa con la pareja. Los relatos coincidieron en describir una relación atravesada por conflictos, tensiones crecientes y un intento de separación que no lograba concretarse.
El debate se reanudó con la declaración de un amigo del acusado, quien aportó datos sobre el vínculo que mantenían y sobre lo que conocía de la relación. El testigo también relató haber recibido un mensaje de Figueroa el día del hecho, lo que lo llevó a salir a buscarlo, en una secuencia que forma parte de los momentos posteriores al crimen.
Luego fue el turno de una amiga de la víctima, que brindó un testimonio enfocado en la personalidad de la mujer y en las confidencias que le había compartido. Según su relato, la víctima atravesaba una etapa de definiciones personales, con intenciones claras de separarse y avanzar en proyectos propios, especialmente en el plano laboral.
Uno de los testimonios más relevantes fue el de una tía de la víctima, con quien mantenía un vínculo estrecho. La mujer relató que su sobrina le había confiado su decisión de separarse, su deseo de independencia y la preocupación constante por el bienestar de sus hijos. También señaló que percibía que la relación de pareja no era saludable y mencionó situaciones que le hicieron entender que la víctima atravesaba momentos de angustia.
En su declaración, la testigo sostuvo que el acusado no tenía un trato adecuado hacia su sobrina y que la imposibilidad de concretar la separación generaba un escenario de tensión permanente. Además, recordó el momento en que se enteró del fallecimiento y se refirió al vínculo que mantiene actualmente con los hijos de la mujer.
La ronda de testimoniales continuó con la declaración de otro allegado a la pareja y culminó con el testimonio de un hombre que había mantenido una relación sentimental con la víctima en los meses previos al hecho.
Este último relato fue uno de los más extensos y detallados de la jornada. El testigo explicó cómo se inició el vínculo y cómo, con el paso de las semanas, fue tomando conocimiento del conflicto que la mujer atravesaba con su esposo. Según indicó, la intención de separarse había sido planteada desde mediados de 2023, pero no había sido aceptada por el acusado.
El hombre sostuvo que, a partir de julio de ese año, comenzó a notar cambios en el comportamiento de la víctima. La describió como nerviosa, asustada y cada vez más afectada por la situación. También afirmó que ella le manifestó sentir miedo y que sufría episodios de violencia psicológica.
En su testimonio, señaló que el acusado se mostraba reacio a la separación y que incluso habría tenido conductas de control, como seguirla. Con el correr del tiempo, dijo haberla visto desbordada emocionalmente, al punto de evidenciar un fuerte deterioro en su estado anímico.
Uno de los momentos más conmovedores de su declaración fue cuando recordó la última vez que la vio, apenas un día antes de su muerte. Según relató, la mujer le expresó temor y le pidió quedarse en su domicilio. Sin embargo, ante insistentes llamados y mensajes del acusado, él le sugirió que regresara a su casa para asegurarse de que sus hijos estuvieran bien.
El último contacto entre ambos ocurrió a través de mensajes de WhatsApp en la mañana del 4 de agosto de 2023. De acuerdo a su relato, la mujer le escribió en un estado de angustia, solicitando ir a su domicilio. El testigo aseguró que puso su casa a disposición, pero la comunicación se interrumpió de manera repentina.
Antes de finalizar la audiencia, se produjo uno de los momentos más relevantes en términos procesales. La fiscal penal de la Unidad de Femicidios, María Luján Sodero Calvet, solicitó que dos de los hijos menores de la pareja pudieran ser escuchados durante el juicio, en calidad de víctimas directas.
El pedido fue acompañado por la querella y por la Asesora de Incapaces, quien fundamentó la solicitud en el derecho de los niños a ser oídos, el acceso a la justicia y el principio del interés superior del niño, en línea con tratados internacionales vigentes.
La defensa del acusado se opuso a esta solicitud, lo que dio lugar a una deliberación por parte del tribunal. Finalmente, los jueces resolvieron rechazar el planteo y dispusieron que, en lugar de una declaración en esta instancia, se reproduzcan los testimonios brindados por los menores durante la etapa investigativa a través de cámara Gesell.
La decisión generó la inmediata reacción de la fiscalía, que interpuso un recurso con el acompañamiento de la querella y la Asesora de Incapaces, dejando abierto un nuevo frente dentro del proceso judicial.
El juicio continúa avanzando en medio de un clima de fuerte expectativa, con testimonios que buscan reconstruir no solo lo ocurrido el día del hecho, sino también el contexto previo, marcado por una relación deteriorada, conflictos persistentes y un desenlace trágico.
En Salta, el caso volvió a poner en agenda la problemática de la violencia de género y los femicidios, así como la importancia de detectar señales tempranas y garantizar mecanismos efectivos de protección para las víctimas.
A medida que avanza el debate, cada testimonio suma piezas a un entramado complejo que la Justicia intenta desentrañar para determinar responsabilidades y esclarecer uno de los casos más impactantes de los últimos tiempos en la provincia.